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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




jueves, 14 de junio de 2012

Vete tú a saber




No sé lo que me deparará el presente,
y ya no digamos el futuro.
(El pasado es un caso perdido).
Lo dicho, no sé la sorpresa
de este nuevo -¿nuevo?- día.
La verdad es que no espero nada
del otro mundo.
Será lo normal, la típica desgana,
el cansancio de los viernes
o la falta de dinero.

Y, por supuesto, el mismo poema
de siempre, visto en otra calle
o desde otra ventana.



(Cuadro del pintor canadiense Rob Gonsalves).

3 comentarios:

Anónimo dijo...

manomano
Así caminamos. Así avanzamos. Así salimos adelante. En tiempos ligeros, y en horas de crisis. En días luminosos y en noches sombrías. Cuando nos sentimos poderosos, y cuando nos sabemos impotentes. Con las manos desnudas. Con tanta fragilidad que a veces parece que nos vamos a romper. Pero no nos rompemos, porque la fuerza que nos sostiene es diferente: es el amor que no posee; es la fe que nada entre preguntas; es el servicio que a veces no sirve para nada; es la riqueza que no atesora cifras, sino historias...

Anónimo dijo...

...Nada poseemos para siempre. Y, sin embargo, somos ricos. Porque cada día es una novela que podemos escribir. Y en ella, hay nombres, y hay gestos, y hay emociones. Las emociones son importantes. El tiempo se lleva unas cosas y trae otras. Pero vamos dejando una huella detrás. Una huella en la memoria de aquellos que nos conocen, en las palabras imborrables, en los gestos sin vuelta atrás. Y nos llevamos, con nosotros, los rostros, los recuerdos, y el cariño que dejamos sembrado. Pero hay que seguir adelante. Hacia un mundo que nos grita y nos llama, y nos pide: «VEN» , «AYÚDAME», «VACÍATE AQUÍ»...

Anónimo dijo...

...Y luego, cada día, toca aceptar que hay luces y sombras. Que hay porciones de acierto, y otros momentos sombríos. Pero, ¿quién querría vivir únicamente en la cresta de la ola? ¿Quién querría gustar solo las mieles del éxito, sin probar alguna vez el sabor de la derrota? ¿Quién puede comprender el amor sin haber sentido la inseguridad y el rechazo? ¿Quién abraza la fe que no tiene su porción de incertidumbre? SOLO LA COMPLEJIDAD, LA SUTILEZA, LA POSIBILIDAD DE EQUIVOCARSE HACE QUE UNO PONGA, CADA DÍA, TANTA VIDA EN JUEGO.