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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




domingo, 24 de junio de 2012

Entre viejos libros



¡Cómo me encanta husmear entre viejos libros! ¡Cómo me gusta imaginar esas vidas, a esos desconocidos lectores que han dejado sus bibliotecas y afanes ahí, a disposición de cualquiera! Mirarlos con afán y no poca pena, hojearlos, descubrir de pronto esa pequeña joya bibliográfica, o entre sus páginas sellos de la II República o mil estampas o entradas de teatro o billetes de tren de los ferrocarriles ingleses o un boleto de lotería de 1916. Y muchas postales, y misivas familiares. Libros encuadernados en piel o de bolsillo, muchos del siglo XIX, aunque la mayoría son del XX. Y las manos se van ensuciando por tanto tiempo, y soplas el polvo acumulado por la desidia, o por la vejez de unas vidas que ya habían leído suficiente, o que se vieron sorprendidas por la muerte en plena novela. Libros y más libros. Casi todos de editoriales desaparecidas. Viejos libros, con ese característico olor añejo, y la elegante tipografía de antes. ¡Cuánta literatura tiene la vida! ¡Cuántas estanterías repletas de curiosidad, de estudio, de años, de melancolía! Y en un rincón saboreo como nuevos versos de "Marinero en tierra", de Alberti, en su primera edición de Losada, en Buenos Aires. "-Descálzate, amante mía, / deja tus piernas al viento (...)". O unos relatos de Tomasi de Lampedusa, editados por Noguer en 1961. Y así paso la mañana: entre viejos y amados libros, entre todos estos pecios que va dejando a su paso la vida.