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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




lunes 21 de noviembre de 2011

Fragmentos de vida I



Ya me puedo dar por satisfecho se salgo bien librado de esta algarabía que es Guillermo Urbizu.


Este no saber qué decir, es admirar, sin más, las cosas; es adentrarse en el resol de la belleza, en el deseo que tenemos de acariciar el alma de una mirada.

La vida es el trasfondo de la Vida. Y en el alma hay un Alma que nos llama. Ese anhelo, esa llama que oscila dentro de nosotros, esa lengua sin palabras. La vida es un deseo, el alma es un deseo, la poesía es un deseo, el amor es un deseo. Deseo de significado y de plenitud: de llama. Esa llama que es fuego y que es luz.

Lo mejor de la vida está sudiendo ahora, aquí, mientras desayuno con mi hijo, y veo que la ventana poco a poco se ilumina de ese don que es la luz. Es lo mejor de todo, esta conciencia de ser, de existir, de percibir la felicidad que somos. La vida, nuestras vidas, esta posibilidad de gozo, de amar, de ser mejores.

El secreto no está en las palabras (con ser importantes), el secreto está en la fuerza de la emoción que nos cautiva. La poesía trata de esta emoción que se produce en lo que vemos y sentimos.

El amor mejora a las personas cuando se vive con respeto, con detalles, con imaginación e iniciativa y cierto romanticismo. Ya nada es inútil. Y no dejamos de comunicarnos los sueños y de cuando en cuando decimos: TE AMO. Y nos apresuramos hacia un beso.

Una persona enamorada es capaz de milagros.

El trino de un pájaro, o lo infinita que resulta una sencilla brizna de hierba, o esa hoja que se desprende del árbol. O su mirada en la mía, o el transparente sonido del agua. ¿Qué necesidad tengo de meterlo todo en unos versos? Esta vez lo dejo así.

La naturaleza humana en su trabazón de historia y espíritu, de biografía y alma, de sinceridad e inteligencia. Y sus manos que pasan su vida por mi cabeza. Esas caricias...

Esta insistencia en buscar las palabras, entre las palabras, desde las palabras. Esta manera de querer conquistar el amor, la belleza o la esperanza. Esa remota posibilidad de darnos a entender, de explicar lo que nos pasa. Palabras y más palabras, soñar en su interior lo que de verdad queremos. Palabras, esa necesidad de no estar solos.

La esperanza del amor redivivo. El alma que suspira, y cada sentido que resucita. No importan los obstáculos. Sabes que vives de amor, que la belleza del mundo se resume en una caricia, o tal vez en una sola palabra que te invoca. Hay algo dentro de ti, no sé, hay algo que es como un aroma indecible, como un silencio que se adentra en tu vida. Y tú escuchas y miras, asistes expectante, lo necesitas. Y piensas que no puede ser, que sueñas. Pero es verdad lo que amas, nada es más cierto que esa verdad que sientes.

Cuando contemplo la belleza todo se abre, se enciende, se transforma; y cuando más adentro estoy de ella, en ese punto de comunión, siento que mi vida renace a una más nítida visión, y que ya casi nada sé de mí, de lo que era.

¡Y yo que sigo pensando que la crisis económica tiene en buena parte su caldo de cultivo en el apogeo del mal, en esa desfachatez de la usura, de la inmoralidad y de la mentira!