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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




viernes 28 de octubre de 2011

"Donde se guardan los libros", de Jesús Marchamalo





Todo llega, si se sabe esperar. Llevo media mañana en el gaudeamus que supone la lectura de "Donde se guardan los libros" (Siruela), lo último de mi querido amigo Jesús Marchamalo, después de "Cortázar y los libros". Ya la misma portada me ha llevado un buen rato de fascinación, disfrutando de ella desde diversas perspectivas, intentando adivinar detalles y títulos de libros. Después me he ido al índice, por aquello de situarme mejor, de saber de qué escritores son las bibliotecas visitadas.

Cierro y abro el libro varias veces, por distintas páginas. En esto -como en el sexo- los prolegómenos resultan tanto o más apetecibles que lo que está por venir. Lo abro y lo cierro, lo acaricio, lo toco, lo palpo, e introduzco mi nariz en su adentro, para inspirar ese aroma único del papel y de la tinta, del libro nuevo. ¡Qué gozo biblioamoroso tan espléndido! Leo la dedicatoria y la cita introductoria. La cita es del Capitán Sir Richard F. Burton, que asevera lo siguiente: "El hogar es donde se guardan los libros". Gran verdad.

Donde están nuestros libros está nuestra intimidad: esa confidencia cotidiana, esa consulta inesperada, ese consuelo, esa sed, esos sueños. O simplemente contemplarlos, que es tal vez la manera más genuina de amar algo (o a alguien). Y me he puesto a leer el prólogo del autor, al que ha llamado "Vivir con libros", donde en síntesis nos da noticia Jesús Marchamalo de la razón de ser del libro, de su origen (aquellos artículos en el diario ABC) y pasión. Ay, esa manía de fijarse en las bibliotecas ajenas, cómo me la conozco, cómo me la sé. Ese gusto que se siente, ese pulso que se acelera...

Y antes de empezar a leer en la página 19 la razón de amor de la primera biblioteca y de su dueño (Fernando Savater), no he podido resistir la tentación. El caso es que el libro está salpicado de ilustraciones, de fotografías de las diversas estanterías y lugares donde hay libros. Casi diría -perdóname Jesús- que es de entrada lo que más me atrae de "Donde se guardan los libros". Y me he puesto a escudriñar sin rebozo, poniendo el libro en distintas posiciones, deleitándome en pasillos, habitaciones y escritorios, nutridos de apretadas filas de volúmenes en los que intento descifrar su identidad; o diseminados por aquí y por allá, en ese desorden tan agradable.

El libro de Marchamalo pide con urgencia una edición más adecuada, más generosa, con abundantes fotografías en color, una edición que satisfaga todavía más a los biblioamantes. Y este libro no responde a otra cosa que a un enamoramiento. Se nota y se contagia. Gracias Jesús. Y ahora os dejo, que tengo que terminar de leerlo, cosa que estoy haciendo con fruición y embeleso.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta tu reseña, Guillermo. Cumple su función porque inmediatamente dan ganas de tener "Donde se guardan los libros" en las manos. Ya esa cita introductoria de Richard F. Burton, "El hogar es donde se guardan los libros", invita a empezar su lectura y su disfrute (pienso en las fotografías... ¡con lo que a mí me gustan las bibliotecas!).
El tema no me puede parecer más apetecible. Husmear, con permiso además, en estupendas bibliotecas ajenas resulta de lo más atractivo. Porque es una forma bastante directa de conocer a su propietario, sus gustos y en defnitiva, yo diría que incluso su alma. Y al tiempo, una forma segura de encontrar auténticos tesoros. Yo voy a ser una de las personas que dentro de poco tendrá ese libro en casa. En mi hogar :-).

María Guinea Llop.