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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 2 de marzo de 2011

¿Qué busco en Google?



Busco paisajes en Google. Busco atardeceres donde ponerme y el significado de palabras que se cruzan en mi camino. Busco rincones del mundo en los que pasar el día y pasear de noche por sus playas. ¡Qué delicia de colores, cómo me embriagan en su efusión de vida! Encuentro un pequeño lago, con un banco debajo de un árbol (¿qué árbol será?). No hay nadie. Sólo yo, que contemplo el agua y la hierba y el cielo. Pienso que es un buen sitio para leer o para ver crecer a mis hijos viviendo en una casa no muy lejana (con mucha hiedra y una piscina donde observar a mi amor por dentro). Busco mañanas, bosques en pleno otoño, acantilados y ríos en los que pueda ver pasar más de cerca los días. Busco libros que me digan algunos olvidos. Tecleo “paraíso” y aparece un sueño que tuve no hace mucho. Un sueño que es real por lo que veo. Un sueño muy naranja, con flores de pétalos amarillos. Hay cascadas de brillos y besos y ojos que me esperan. Voy. Pero me entretengo en un colibrí y en unos corales. Decido sumergirme, olvidarme del invierno de la vida. Bucear en el interior del mundo, en toda esa belleza que se me ofrece. Me deleito en una hoja, me demoro junto a Marylin (no la molesto, está leyendo), me entretengo en la luz de un cuadro de Corot que se derrama por el aire. Sigo. Mi curiosidad es insaciable. En el capítulo “belleza” todo son cosméticos y afeites, y algún desnudo de mujer, y un poco de rocío. Y en un aparte distingo a Isabel Guerra, esa monja amiga, que retrata a Dios en lo que pinta. Tengo una idea. Y pongo el alma a contemplar sus cuadros. No sé el título. Es una niña que sujeta con sus dos manos un vaso de luz o de agua. Sonríe. Sonrío yo también, y me acerco a ella, a su pelo… El arte: la visión del amor que desvela lo que en realidad somos. Esa luz, ese candor, ese anhelo. Tecleo “luz”y sólo encuentro sombras. No doy con nada que me interese. Hasta que en “mirada” me doy de bruces con la pureza roja de unas amapolas, entre brillos de decenas de ojos. Busco paisajes en Google. Y viajo en primera clase de nostalgia (que no tiene por qué ser triste o estar en la luna). Clase preferente: la del alma. Y desde ella todo lo demás, el destino de la vida que ahora miro. Y vivo.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto es genial de verdad, que manera de escribir, muchas felicidades.

Cuidado con lo que busca en Google, he tecleado alguna de las palabras y más bien son desnudos y porno.

Anónimo dijo...

Escribe genial!

Anónimo dijo...

Supremo. Ángel te lee con una gran envidia.

Anónimo dijo...

Supremo. Ángel te lee con una gran envidia.

Anónimo dijo...

Supremo. Ángel te lee con una gran envidia.

Anónimo dijo...

Yo en Google no busco nada, utilizo Buigle que me lo encuentra todo igual de bien y ayuda a la Iglesia Católica.

Anónimo dijo...

Creo que buscamos un entretenimiento, se ha convertido en una forma de pasar la vida y -como diría Delibes- de pegar la hebra, para no estar tan solos.

Gran blog el suyo. Le felicito.
Francisco Javier Domínguez.

Anónimo dijo...

Cuando el diablo no tiene nada que hacer...

Anónimo dijo...

Yo encuentro de todo. Hasta lo más inaudito. Soy adicto.
Nacho.

Anónimo dijo...

Yo también busco paisajes bellos y me traslado virtualmente.
A veces encuentro majestuosos acantilados y siento el viento fresco con sabor a mar, otras regreso a lugares que he visitado realmente y a los que me gustaría volver.
Unas veces es una flor, otras una casita o un lago. Ah, también me encantan los cuadros de Isabel Guerra y los artículos de Guillermo Urbizu.

Anónimo dijo...

Buigle, hay que buscar en buigle, el buscador de la Iglesia Católica.