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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


martes 8 de marzo de 2011

Henry David Thoreau




“Con un poco más de deliberación en la elección de sus objetivos puede que todos los hombres se volvieran en esencia estudiosos y observadores”, dirá Thoreau (1817-1862) en su obra capital Walden or life in the woods (1854), que tiene mucho de diario, con una indiscutible cadencia poética que marcará toda su obra (no en vano algunos de sus pasajes proceden de sus anotaciones cotidianas, que al comienzo fueron una especie de cajón de sastre para sus libros). Pero para apreciar correctamente la obra de Hanry David Thoreau es preciso aprender a demorarse en las cosas, valorar lo cotidiano como lo realmente extraordinario de nuestras vidas, sin afectaciones inútiles, sin toda esa esterilizante y agónica retórica del ruido que nos rodea. Escribió: “Transmitiría de buen grado la riqueza de mi vida a los hombres, les daría realmente lo más precioso que poseo”.

Para él la literatura era el cauce expresivo de su contemplación de la naturaleza, de preocupaciones, opiniones y rebeldía ante los prejuicios y lugares comunes de una sociedad mortecina y, en no pocos aspectos, tan parecida a la nuestra. Su libertad de espíritu es realmente admirable. “Deseo saber algo -dice en sus Diarios-; deseo perfeccionarme; deseo olvidar durante buena parte de todos los días a todos los hombres triviales, intolerantes y mezquinos. (...) El hombre que encuentro -prosigue- no suele ser tan instructivo como el silencio que rompe”.

El autor es, sin duda, uno de los grandes clásicos de la literatura norteamericana, junto con Faulkner, Pound, Henry James, Melville, E.A. Poe, Emily Dickinson, Whitman y Emerson. (De éste último fue amigo personal, habiendo conocido también al autor de Hojas de hierba y al padre de James). Sin embargo tal vez sea el más desconocido de todos, pese a que alguien recuerde todavía su eco en la película “El club de los poetas muertos”. Y este olvido es injusto. Su influencia en la historia de la cultura es enorme y, por ejemplo, sus ideas sobre la “resistencia pasiva” -ver su obra Sobre la desobediencia civil (1849)-, ejercieron un magisterio evidente en hombres de la talla de Gandhi o Luther King. Como, atinadamente señaló Henry Miller: “abriendo los ojos descubrió que la vida proporciona todo lo necesario para la paz y la felicidad del hombre”, y así ver un poquito más allá de lo caduco y aparente. Pero para mostrarnos esa vida tuvo que servirse de las palabras, de la literatura.

En Henry David Thoreau hay un poco de filósofo -se definía como “filósofo natural”-, un poco de novelista y un mucho de poeta. Un hombre que defiende el valor del espíritu frente al empirismo -que interioriza lo que ve-, un hombre que busca en la comunión con la naturaleza su verdadera razón de ser y la evidencia de la esencia religiosa del hombre (del 4 de julio de 1845 al 6 de septiembre de 1847 vivió solo en una choza perdida en el bosque, a orillas de la laguna Walden); un hombre para el que prima el individuo sobre la manipulación del estado, un hombre que piensa así, a contracorriente, y que además tiene el coraje de escribirlo, y lo hace en un estilo sencillo y bello, es merecedor de tenerse en cuenta, de que entre a formar parte no sólo de nuestra biblioteca sino sobre todo de nuestra intimidad. Porque paladeamos en él ese regusto que tiene lo auténtico, lo vertebral.

Posdata bibliográfica: Pero al igual que el amor se demuestra amando, la literatura se demuestra y se nos muestra leyendo. Por eso señalo las ediciones de Thoreau en español que me parecen imprescindibles:

- Walden (Cátedra, Letras universales).
- Desobediencia civil y otros escritos (Tecnos).
- Escribir -una antología- (Pre textos).
- Diarios (Olañeta).
- Pasear (Olañeta).
- Y como complemento: Thoreau: biografía esencial, de Antonio Casado da Rocha (Acuarela editorial).

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hoy en día Walden es una utopía como otra cualquiera. Nadie puede vivir así, necesita ir al Corte Inglés como mínimo.

Lucía F.

Anónimo dijo...

Un gran autor que pocos leen.
Walt.

Anónimo dijo...

Me apunto leer el Walden. Paco.

Anónimo dijo...

ya toca poema