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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


viernes 4 de marzo de 2011

España



España. Paisaje, inspiración, enigma. No corren buenos tiempos para ella cuando son tantos los que la denigran, agravian y zahieren, los que la utilizan para sus espurios intereses, los que escupen la palabra “español” como el peor de los oprobios. Los eufemismos son algo todavía muy común en el lenguaje impreciso de nuestros políticos. Advertida o inadvertidamente se trata de una muy sutil manipulación. ¿Acaso España puede dejar de ser España a fuerza de no querer nombrarla, de avergonzarnos de ella? Decir “este país”, “el país”, “nuestro país” o, como mucho, “la nación española” es hablar entre gaseosas brumas, en un digo que no digo, en un cursi difumino que es signo -seguro- de un mal peor, de una incoherencia no menor que tiene ya sus consecuencias. La repetida obstinación ha conseguido generalizar un discurso donde las cosas parecen dejar de ser lo que son, en un espejismo que abochorna al más pintado y que no deja de ser una mala digestión ideológica trufada de ignorancias y prejuicios (el temor al qué dirán es proverbial), y de una rancia y progre pose esteticista.

España. Es decir, mi patria, nuestra patria. Ni más ni menos. Patria subsistente donde razón y corazón convergen en una geografía y en una historia, en el espacio y en el tiempo de una realidad que es tradición y punto de partida. Atávica memoria desde donde se contempla la ceniza y el ensueño y la esperanza que es siempre el futuro, nuestro futuro. Y ahí, precisamente ahí, en ese vórtice fulgurante es donde uno encuentra su origen, el abismo de una identidad, de una manera específica de ver la vida y de interpretar las cosas. Por eso es necesario conocerla: leer, viajar, hablar con sus gentes. Para amarla. España, donde las almas han sido tantas veces ceñidas por la sinrazón de mil amargos avatares, por la cerrazón del odio y de la envidia, por... ¡Ya basta! Nunca más esa “España desmembrada, del hacha, del llanto y de la discordia”, que cantó León Felipe. Hora es de cauterizar del todo las heridas, de izar su nombre con legítimo orgullo, de no hacer más banderías a su costa. A nuestra costa.

6 comentarios:

Jota Mate dijo...

El problema de España está en los políticos y en los autodenominados intelectuales que con tal de sacar tajada les importa un bledo descuartizarla. El ciudadano de a pie tiene muy claro lo que es España (salvo a los que les tienen comido el coco, que algún beneficio también se llevarán). Los mayores ejemplos fueron las grandes banderoladas sobre terrazas, ventanas y balcones cuando ganamos en el deporte rey en Europa y en el mundo entero. Todos nos sentimos orgullosos de ser españoles. Con la excusa del fútbol. Y todavía quedan muchas banderas a pesar de las lluvias y "lluvias".

Anónimo dijo...

Sublime. No se puede decir mejor.
Le saluda su español amigo, Andrés.

¡Viva España!

Anónimo dijo...

Estoy cada vez más orgulloso de ser español.
Un estudiante de Clásicas.

Rafael dijo...

Bueno, decir "la nación española" tampoco está tan mal, máxime cuando hoy en día está tan cuestionada la consistencia nacional de la que fue primera nación allá por el tránsilto del siglo XV al XVI.

Anónimo dijo...

Desengáñese, hay españoles que son profesionales de la anti-España.

Sigo su página con frecuencia. Me gusta como escribe. Saludos de Paula.

Anónimo dijo...

España es amor. Decir España es amar.

Y.D.G.