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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 27 de febrero de 2011

“Star Ship, motín”, de Mike Resnick



Hay cosas que no controlas en la vida. La mayoría. Y de la mayoría no sabrías decir una causa mínimamente aceptable. Desde pequeño aborreces el puré de patata de sobre o las multitudes. Y ahí sigues, en las mismas. Hasta donde te alcanza la memoria o los recuerdos te produce pavor la violencia o el vértigo o los bailes regionales o los dibujos animados japoneses (excepción hecha de Heidi, con el magnífico locus amoenus que regentaba el abuelo). Así mil cosas. Y entre todas ellas ya me dirán ustedes la razón de mi gusto por las películas submarinas y los libros de ciencia-ficción. Puede que sea por el inconsciente que me lleva a escapar de lo mismo, o puede que sea por la querencia que tengo por el silencio. El caso es que me gusta leer de cuando en cuando un libro de ciencia-ficción, y zambullirme en el hiperespacio a la velocidad de la belleza (esa luz, esas miríadas de estrellas), y conocer nuevas constelaciones y razas. La épica espacial tiene un especial encanto, en ese constante descubrimiento de nuevos asombros estelares.

Pues sí, es una costumbre que tengo. Leer ciencia-ficción, digo. No sé si es buena o regular. Es mía, y con eso me basta. La hay de gran calidad literaria. ¡Cómo se disfruta! ¿Manías? Puede ser. Recuerdo a un tipo que conocí -un tipo muy erudito y muy lector y muy doctor de varias ramas del saber- que cuando quería desengancharse del hastío que cunde a veces por las almas, se ponía a leer novelas del oeste de Estefanía. No digo que sea lo mismo, pero cada uno resuelve su vida como buenamente puede o le dejan. ¿A que sí? Mi amor por la ciencia-ficción y su literatura me procura muy buenos ratos. Y de eso, de los buenos ratos, no andamos muy sobrados precisamente.

Julio Verne, H.G. Wells fueron los primeros que leí. Luego vinieron Asimov, Phillip K. Dick, C.S. Lewis, Arthur C. Clarke y Ray Bradbury. A los que se fueron uniendo descubrimientos como Úrsula K. Le Guin, Stapledon, McDevitt, Iain Banks o Robert A. Heinlein. Estos son los que más recuerdo. No soy un entendido o un erudito de la cuestión: soy un lector apasionado. Y todos estos autores me han hecho disfrutar con su prosa y con la poética -que la tiene- de su fulgurante imaginación. Y el último autor que he descubierto ha sido Mike Resnick (Chicago, 1942). Muy galardonado por sus obras (los premios más prestigiosos son el Hugo, el Nebula y el Locus) y con gran predicamento dentro del sector. Pero el sector no es otro que la literatura. Con más o menos fantasía, realidad, filosofía, historia, psicología, espiritualidad, poesía o costumbrismo. Literatura: una narración bien escrita, un texto que emociona más o menos, unos personajes bien trazados, unas páginas que nos transportan al alma de las cosas, a nuevos sueños y aventuras.

Ship, Star Motín (Timunmas) es la novela de Resnick que acabo de leer. La historia -dentro de unos 3000 años- de una nave, la Theodore Roosevelt , más conocida entre la tripulación como Teddy R. (para el autor el gran personaje de los Estados Unidos de América es Roosevelt, de ahí el homenaje). La historia de una vieja nave, prácticamente obsoleta, destinada en el último confín galáctico, cuya tripulación es un desastre, una tripulación compuesta de varias razas cuyo denominador común ha sido algún tipo de desavenencia con la disciplina y la conveniencia de la Armada de la República. Es decir, un soterrado confinamiento. La República está en guerra con la Federación Teroni. Pero esa desidia, caos e inacción de la Rossevelt se va acabar con la entrada en escena del comandante Wilson Cole como segundo oficial, un tipo muy curtido en mil batallas, un héroe para muchos, condecorado a pesar de que no goza del favor de la cúpula militar. Nunca resulta cómoda la gente con criterio propio y con iniciativa. Nunca. Ni en la ficción ni en ningún tipo de realidad.

La narración es fluida y amena, donde el diálogo entre los personajes es el hilo conductor de la acción y de la reflexión, de los sentimientos y fantasías. El hombre sigue siendo hombre. La injusticia compite con la lealtad. Y el mundo (todos esos miles de mundos), siguen necesitando referencias, héroes, historias que contar. Un buen libro.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay libros de ciencia ficción extraordinarios. Para mi gusto los de Clarke los mejores.
Abrazos éstelares. Luis.

Anónimo dijo...

Sorprende su amor a la literatura. Contagia. Lo compraré. Dios sea loado, un crítico diferente. Congratulations!

Michel.

Anónimo dijo...

Es un género espectacular y maravilloso. Le alabo el gusto. Yo llevo toda mi vida leyendo ciencia ficción.

Tom.

Anónimo dijo...

Nada como viajar por las estrellas.

Xavier M.