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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 20 de febrero de 2011

“Obra poética completa”, de Antonio Colinas





El poeta ha aliviado mis heridas.
El verso es la palabra que redime.

A.C.



Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946). Poeta. Y un buen amigo. No debo omitir este hecho. Porque es el que más me importa, y además quiero hacerlo. Llevo años, muchos años, tratando a Antonio Colinas. Y con él a su obra literaria, a su alma. Porque la característica que mejor le define -si es que es necesario definir nada- es el alma. Y una sensibilidad especial para captar el entramado espiritual de la cultura, de la naturaleza, del hombre y del mundo. Antonio Colinas. Poeta. Que indaga en el misterio del corazón humano, que busca esa “palabra nueva” que nos sugiera lo indecible: esa música que trema, ese idioma del alma, ese fundamento que nos sostiene en la existencia. Las palabras, su ritmo. Las palabras y el sentido que subyace. La luz que trasciende la vida, la luz que se adentra en lo oscuro, la luz que brilla y orienta y cruje en la nieve. Poeta: la biografía del alma, el canto, el conocimiento. “Misterio superior este de ver” dentro de la mirada. Y la pregunta que aparece en su libro La muerte de Armonía (1990), la pregunta… “¿Dónde está el mundo y dónde está su centro / y su afuera?”. ¿Dónde está el alma del hombre? ¿Por dónde respira? La poesía de Antonio Colinas: su vida, nuestras vidas. La búsqueda, el ardor, la sed, la paz, la umbría de los años. La vida, la intimidad de nuestro ser, ese anhelo de amor y de pureza. La poesía, esa ebriedad del alma, esa clarividencia, ese aroma de la tierra, esa certeza de lo divino.

¡Son tantos los años leyendo la poesía de Antonio Colinas! Es tanto el gozo que procura ese rumor de versos que mana del alma y fluye por el tiempo y se precipita en los ojos. “Un infinito gozo y una música…”. Poemas a los que siempre se vuelve. En mi caso, especialmente a los de Noche más allá de la noche o Libro de la mansedumbre. ¿Qué decir de todo ello? El hombre finito y el hombre infinito (en su unidad). “Salvad mi vida del vivir fugaz”, de lo superficial y anodino. El ansia de cobrar altura, de cobrar conciencia de la eternidad que somos. Esa eternidad que palpita en nuestra carne y en el temblor de los poemas y de la vida. Esa eternidad que se asoma a la belleza, al significado de las palabras (y a su bruma), a lo incandescente de los cuerpos, al murmullo de las estaciones, al silencio de una lágrima, o al último suspiro de la muerte. Con la poesía algo renace y se redime. El lector de la poesía de Colinas siente la llama y la llamada (ese fuego que arde en todo hombre, "combate del vivir para ser llama"), siente una revelación en la penumbra, siente que es verdad esa “luz interior” que atisba.

Y he aquí una nueva edición de la poesía de Antonio Colinas. Las venía publicando en la editorial Visor, con el título de El río de sombra (1994, 1999, y 2004), aunque ya antes había habido otras recopilaciones; y precisamente una de ellas recibió en 1982 el Premio Nacional de Literatura. Ahora, sin embargo, se ha omitido ese título y la editorial ha pasado a ser Siruela, en un volumen primoroso, muy cuidado, encuadernado en tapa dura y con la imagen de Simonetta Vespucci, de Sandro Boticelli, en portada. Los buenos lectores de Colinas ya conocen que “Simonetta Vespucci” es el primer poema del que para muchos es su mejor libro: Sepulcro en Tarquinia (Premio de la Crítica). Un poema que comienza así: “Simonetta: / por tu delicadeza / la tarde se hace lágrima, / funeral oración, / música detenida. / Simonetta Vespucci: / tienes el alma frágil / de virgen o de amante”.

Obra poética completa, tal cual, ese es el título del libro que tengo encima de la mesa. Con los añadidos de su libro La Viña salvaje (a caballo entre Sepulcro en Tarquinia y Astrolabio, a su vez muy ampliado, y que yo conocí publicado en Córdoba por Antorcha de Paja en 1985), y “El laberinto invisible” (poemas inéditos que conforman un tercer movimiento de su hasta ahora último libro: Desiertos de la luz, que apareció en Tusquets, en 2008). Otra característica de lo más enjundiosa de esta edición en Siruela es el breve ensayo, a manera de prólogo, que escribe el poeta. Antonio Colinas siempre se ha distinguido por una gran perspicacia a la hora de valorar su propia obra poética y la magnitud y el sentido de la Poesía (recomiendo con fervor la lectura de su libro El sentido primero de la palabra poética, también en Siruela). En ese prólogo, titulado significativamente “Un círculo que se cierra, un círculo que se abre”, el autor reflexiona sobre las distintas fases de su obra, aunque remarcará (recuerdo que siempre me lo ha subrayado personalmente) que “la obra de una vida posee una unidad que es la que, ante todo, cuenta”. Y es verdad. Porque si algo percibe el lector atento es la coherencia de toda la obra de Colinas. En su evolución estética y espiritual hay una evocación lírica y trascendente del hombre y del mundo, y una vocación clarísima por la poesía como responsabilidad y discernimiento.

Su poesía, desde luego, ha conocido fases distintas: neorromanticismo, culturalismo vitalista, ahondamiento órfico y metafísico, y lo que yo llamo realismo trascendente (esa búsqueda del amor divino, esa voz que se alza en un mundo desacralizado). De todo esto habla Colinas mucho mejor que cualquiera en su prólogo al volumen, donde “el poeta da razón de su palabra”. Hace unos siete años escribí: “Su escritura se caracteriza por una coherencia interna indudable, que deviene sobre todo de una exigencia existencial (y por lo tanto literaria), de una urgente necesidad por expresar el misterio que expresa cada uno de nuestros actos. En su poesía nada está dejado al albur. Cada palabra es signo que identifica la armonía de una intuición, cada poema la consumación de un profundo enamoramiento. La memoria, el inconsciente (con sus lecturas de C.G. Jung), su familia y amigos, la cultura y la naturaleza, van hilvanando un radical apasionamiento y una nítida identidad, una hermenéutica redentora en y desde la poesía, donde el hombre encuentra ‘la corriente infinita’ que lo salva”.

Y, para terminar, creo que este libro estaría incompleto si dejáramos aparte los Tres tratados de armonía (Tusquets), libros que son claves en la poética y en la poesía de Colinas. Es decir, en su alma. Libros de gran calado espiritual, donde la prosa poética alcanza una calidad literaria incuestionable. Libros que en realidad deberían estar en este libro, en esta Obra poética completa.

Postdata
: Siempre que escribo sobre un libro de poesía me pregunto si hacía falta, si acaso alguna de mis palabras era necesaria.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Quien tiene de amigo a Antonio Colinas no necesita más tesoros.

Anónimo dijo...

Magistral. Una reseña crítica que dice la poesía con poesía.

G.J.T.

Anónimo dijo...

Con usted gasto más en libros. También es verdad que dejado de fumar y ese dinero lo invierto en novelas y poemas. Por la ansiedad supongo.

Saludos en este espléndido domingo. Andrés Jiménez.

Anónimo dijo...

A Colinas lo conocí gracias a ti. A su poesía, ya me entiendes. Nunca te lo podré agradecer bastante.

Un abrazo. Ricardo.

Anónimo dijo...

Que alguien de confianza ( y que además entiende), te recomiende un buen libro de buenos poemas es una bendició;, no me explico de dónde le viene esa duda de que comentar y recomendar los libros puede no hacer falta.

Anónimo dijo...

Es un poeta imprescindible. Me ha parecido su comentario muy oportuno.
Intentaré comprármelo esta semana.
Javier S.

Anónimo dijo...

Gracias a usted leo a unos cuantos escritores. Uno de ellos es Antonio Colinas.

Paul.

Anónimo dijo...

No creo que lo lea, no soy asidua de la poesía, pero dan ganas.

Le saluda Diana, una incondicional.

Anónimo dijo...

Los poetas son una parte muy importante de la esperanza delmundo.

Anónimo dijo...

Hace años leí un libro suyo, no recuerdo el título. Era una novela. Espere, voy a mirar en mis estanterías...
Perdone, he tardado un poco. Aquí lo tengo. Se titula "Larga carta a Francesca", en Seix Barral. Se va a reír pero recuerdo que lo compré porque me encantó la portada.
Desde entonces no he vuelto a leer nada suyo. Voy a buscar por internet y si me convence este libro de poemas completos será mío.

Agradecidos y entrañables saludos.
Luis Moreno.