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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


martes 15 de febrero de 2011

“Ante el silencio”, de Christophe Agou


Un conjunto de fotografías. La mirada, el objetivo. La memoria de una añoranza. La vuelta al origen, a la raíz. El silencio, la naturaleza, los pueblos de la provincia francesa de Forez. El tiempo en sus instantáneas de lluvia, nieve y la niebla que es siempre el vivir. Escenas cotidianas, gentes sencillas. Y las fotografías que nos adentran en el rastro y en las huellas del pasado, o de un misterio que no acierto a definir. La mirada, el testimonio. Objetos magullados por el tiempo, personas que tal vez conocieron la felicidad, viejos edificios, paredes sucias que sostienen aún un hogar. Una fotografía es una meditación de la condición humana y de la propia existencia del que la contempla. Restos de tiempo, silencio. Restos de vida. Cachivaches diversos, una mirada de gato, y esa luz que se abre paso por el alma de las cosas y del cotidiano existir.

Ante estas fotografías de Christophe Agou (1969), agrupadas en el volumen Ante el silencio (editorial Lunwerg) y que le han valido el "European Publishers Award for Photography 2010", uno siente una emoción muy parecida a la piedad. No sé, uno contempla las miradas de esos hombres y mujeres, contempla los marcados rasgos de sus caras y esas manos que trabajan o descansan o muestran la nostalgia de unas fotografías. Personas en medio de la naturaleza, junto a sus animales, en su tierra. La sencillez, la sobriedad de gestos y de vida. Imágenes donde la luz grafía el misterio humano, donde se sugiere el cansancio y hasta la tristeza. El pensamiento de esas miradas perdidas, la vejez, la pobreza. El hombre que lucha, que se abre paso entre la vida y contra esa cronología que llena de niebla la vista.

Ante el silencio. Entre el silencio. La santidad del trabajo y de esos campos verdes y de ese cielo tan nutrido de densas nubes grises. Hay una patina de nostalgia en todas estas imágenes, de sueños quizá ya perdidos para siempre. Familias que ya se fueron y las ruinas que van dejando los días. Signos de la existencia del hombre… Esas miradas son lo que más llaman la atención de estas instantáneas, y cómo el objetivo enfoca los detalles que podrían parecer anodinos, y que no lo son, ni mucho menos. Un hombre tumbado, con la mirada en el techo, o en los escombros que le ha dejado el tiempo. El desorden de las cosas, la cocina sucia, el café, y el arco iris en el cielo. Las luces y las sombras, el peso y el paso de la vida. Imágenes de unas biografías. El tiempo que difumina lo que somos, poco a poco.

Christophe Agou se fija en algo más que la superficie de lo que mira. Enfoca el objetivo del alma y nos la ofrece nítida. Lo que es, lo que son y lo que somos. Los fantasmas y los recuerdos, la pena, la sonrisa, la desidia, la soledad a veces y el silencio donde viven unos cuantos sueños.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

La fotografía nos permite ver lo que es, recordar lo que somos. Saludos. Sandra Cortés.

Anónimo dijo...

Si me permite la curiosidad, ¿por qué le gusta tanto el silencio?

Tina.

Jota Mate dijo...

"...la niebla que es siempre el vivir" ¿por qué? "...el silencio donde viven unos cuantos sueños" ¿Por qué? ...¿dónde habita Dios en esos pueblos?

Guillermo Urbizu dijo...

Me gusta el silencio, ami- ga Tina, porque me da paz y puedo escuchar con más nitidez a Dios.
Pero para nada soy radical. No me descompone el ajetreo cotidiano. En él vivo y convivo con los demás.
Pero me molesta el ruido por el ruido, el grito, el chirrido... Y eso que llaman música electrónica y que sólo es eso: ruido.
La música es sonido con alma, y es el silencio que deja.
Saludos querida tina y gracias por pasarte por aquí.

Anónimo dijo...

Trate el tema que trate da gusto.

Anónimo dijo...

El silencio es vital porque permite escuchar a Dios. Y el silencio de Dios, siempre causado por nuestra incapacidad, es insoportable.