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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


jueves 27 de enero de 2011

“La casa encendida”, “Rimas”, “El contenido del corazón”, de Luis Rosales


"El hombre es tan mendigo que ni siquiera puede saber con claridad
lo que precisa para vivir".
LUIS ROSALES


Hay escritores que, por lo que sea, significan mucho en la vida de uno. Habitualmente porque se les ha leído, que es lo que procede. También puede ser que sean familiares o que sean guapos o que, para su desgracia, se hayan metido en política o que aparezcan asiduamente en televisión, o que sean de tu cuerda o de tu propia religión. Entonces no hace falta leerlos en exceso, basta con lo que significan. Va por barrios y gustos. Alguno de ellos (o de ellas) te puede caer estupendamente por su dicción o por la caída de sus ojos o por el movimiento endecasílabo de su cadera. Y ya está. Es posible que haya quien se compre sus libros por cariño o por aparentar una familiaridad inexistente o para que sirva de soporte a unas líneas manuscritas del ínclito vate o novelista o gacetillero.

Hay escritores, es cierto, que escriben justo lo que habíamos pensado, o pensamos. O hasta puede que piensen por nosotros. Y eso nos satisface. O satisface a muchos. Pues, entre otras cosas, nos quita un montón de preocupaciones de encima. Pensar en condiciones cuesta. Escritores hay que escriben lo que sufrimos habitualmente. Otros los sentimos tan cercanos que parece que nos respiran, que los tenemos dentro. ¡Ay, los misterios del hombre! ¡Ay, los enigmas de la literatura! Los lectores asiduos gozamos todos de esos cuantos escritores que releemos y que nos hacen sentir bien, o un poco mejor, tampoco exageremos. Les damos vueltas por placer, o porque además nos han salvado el alma de algún importante destrozo. Y con los años vamos reescribiendo esa novela o esos cuantos poemas. Los vemos como nuestros. Hasta corregimos alguna frase o escribimos al margen una glosa o nos sabemos de memoria tiradas de versos o párrafos enteros.

De esos títulos preferidos, o hasta terapéuticos, nos agrada tener varias ediciones. En tamaños distintos, en impresiones distintas, con notas o sin notas. Cada edición tiene una serie de recuerdos entrelineados. Sólo su tacto nos hace cerrar los ojos y retroceder en el tiempo. Y nos sale al paso un calendario de 1980 o un recorte de prensa del ABC de Anson. O vemos nuestra firma de adolescente (con aquellos garabatos), o una fecha que lanza un suspiro. Y piensas… Dejémoslo estar. En fin, eso, que hay autores más cercanos. En mi caso uno de ellos se llama Luis Rosales (Granada, 1910-Madrid, 1992). Hace poco recuperé el ejemplar de la primera edición de la por entonces su Poesía completa, en Seix-Barral. ¡Los kilómetros que recorrí con ese libro! La de paisajes y conversaciones con el libro en las manos o en bandolera. Horas y horas de lectura. Y, cuando terminaba, vuelta a empezar. O me entretenía en recitarlos en voz alta en medio de algún rincón de Segovia, de Madrid o de Teruel. Con Rosales me enteré que un atardecer es el cinemascope de los pobres. Y con Rosales supe que la poesía nos pone el alma en su sitio (esto ya no sé si lo dice él o lo digo yo, tanto da).

La editorial Trotta hizo una edición magnífica de su obra completa publicada. Y hay libros suyos en Torremozas (“La casa encendida” en tinta roja) o en Visor o en Denes… Y ahora algo de lo que iba siendo hora: una edición crítica en la editorial Cátedra, dentro de la arraigada colección Letras Hispánicas. Los títulos elegidos han sido el poema-libro “La casa encendida”, “Rimas” y “El contenido del corazón”, que es mi preferido. La edición -ejemplar a todas luces, pues sólo el prólogo vale un Potosí- ha corrido a cargo de Noemí Montetes-Mairal y Laburta. Son los títulos fundamentales en la obra poética de Rosales, a falta de “Diario de una resurrección”, y de su gran anhelo final (que por lo visto va a publicar muy pronto, en su unidad, la editorial Pre-textos): “La carta entera” (con La almadraba; Un rostro en cada ola; y Oigo el silencio universal del miedo). Remacho: este libro de Cátedra era un libro necesario, y es un acontecimiento poético y filológico de primer orden.

Yo crecí junto a Luis Rosales. Mi vida ha madurado junto a su poesía, mientras por la calle la belleza me sorprendía siempre la mirada, o cuando contemplaba por la ventanilla del coche el resplandor de la luz en su densidad de gozo, o cuando no sabía qué hacer con lo que veía. He aprendido de él a no sacar demasiadas conclusiones de la vida. Más bien a disfrutarla milagrosamente cada día. Y habitar las palabras poco a poco, a base de pequeñas cosas. Les aseguro que Luis Rosales no me ha dejado nunca solo. Y yo nunca le dejaré a él.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Divino, de tan humano. No se puede escribir tan bien sobre un libro, sobre un poeta.
Saludos. María F.

Anónimo dijo...

Luis Rosales era un hombre bueno.
Esto hay que decirlo. Federico García Lorca lo sabía. Y hasta una persona tan particular como Pablo Neruda también lo sabía.

Pero Luis Rosales, además, es uno de los más grandes poetas españoles.

Le doy mi enhorabuena por su magnífico Blog. José Luis Medrano.

Anónimo dijo...

Cuando salga a comer lo compraré. Me apetece leer un poco de poesía, pues hace tiempo que la tengo abandonada. Pobre.
Un saludo. Lina.

Anónimo dijo...

Perdón, soy Lina de nuevo. Se me ha olvidado felicitarle por esta página. Estoy suscrita.

Anónimo dijo...

Guillermo, el último párrafo. Esas líneas me llevan a querer tener en mi mesa de trabajo o en mi mesilla toda la poesía de Rosales.
A pasarlo bien. David Gracia.

Anónimo dijo...

Yo leí hace años La casa encendida. Más por casualidad y aburrimiento que por otras cosa. Me tropecé con el libro y era un verano apático. Me gustó. Desde entonces ya no he vuelto a leer nada de Rosales. Me llama la atención, por el título, El contenido del corazón.
Igual me animo y todo. Patricia.

Anónimo dijo...

Tiene toda la razón en cuanto a los escritores en los que uno descansa.

Mi poeta es Antonio Machado.
Mi novelista es Miguel Delibes.
Mi hombre para pensar y darle vueltas a mi vida y buscar soluciones es el rey David y sus Salmos.
Mi bestsellero favorito es Pérez Reverte.
Mi superhéroe de toda l avida es el Capitán América.
Mi cómic Tintín.

Y así voy tirando y soy decorosamente feliz.

Saludos de Tomás.

Anónimo dijo...

La casa encendida es un milagro de poema.
Todavía recuerdo cuando leí esto:
"Yo reuní todas las palabras,y abrazándote entonces,te puse para siempre,te puse, para siempre, sobre los labios el nombre de María"
Todavía se me eriza el alma de la emoción.

Anónimo dijo...

Nunca leo poesía, pero lo he comprado por su artículo. No era muy caro. Igual hasta leo algo. La vida es así de disparatada.
Jorge.

Anónimo dijo...

Me lo compré ayer este libro siguiendo su recomendación.

Saludos de Rebeca Mendoza.