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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 31 de enero de 2011

“Fragmentos (poemas, notas personales, cartas)”, de Marilyn Monroe



Tras la lectura, y de madrugada, me quedo en la portada durante un buen rato. Observo el estante de libros al fondo y la rubia melena que enmarca su rostro de niña-mariposa. Está en su casa, y es mayo de 1953. El centro de la fotografía yo diría que está en lo que Marilyn mira, en lo que Norma Jeane Mortenson piensa. Esa mirada ingenua está a la expectativa, a la espera de algo mejor de lo que hasta entonces le ofrece la vida. Hace un descanso en su escritura. Porque hasta hace un momento estaba escribiendo. Quizá un apunte, o un poema. Contempla la luz, lo que está más allá de esa ventana, de ese gesto del alma que se le asoma a los ojos con melancolía. Esa luz que le ilumina la cara (es imposible no enamorarse de una belleza así), que ilumina cada pliegue del pantalón blanco que ciñe sus piernas. Una fotografía que es una mirada. Una mirada que es un alma. ¿Qué pensaría Marilyn en esos momentos?

La Marilyn Monroe de verdad está muy lejos del estereotipo, del mito fácil, de esa repetición prefabricada a lo Warhol. Esa mujer que sólo parece tener cuerpo (un cuerpo glorioso desde luego), inmersa en un mundo frívolo y mordaz. Marilyn se siente sola en medio de toda esa algarabía de farándula, inmersa en una vida que muy pronto la dejó huérfana. Marilyn es una muchacha muy especial, de alma frágil y delicada, que busca desesperadamente la paz, y el amor de un hombre bueno. Así de claro. Parece expresarlo continuamente. Ser amada. “Creo que lo mejor es amar con valentía y aceptar-todo lo que uno pueda aguantar”. Pero su sentimiento de soledad es un hecho. Lo dice: “¡¡¡Sola!!! / Estoy sola –siempre estoy / sola /sea como sea”. Y unos años después lo volverá a escribir: “Creo que estoy muy sola”. ¿Qué es lo que busca Marilyn Monroe? ¿Cuáles son sus sueños? Las fotografías muestran a una mujer desencantada con la verborrea del mundo, con ese ruido que deja entumecida la existencia del más pintado. Una mujer que procura interiorizar las cosas. Su gusto por la lectura, por la literatura, por la poesía (“me encantan la poesía y los poetas”), sugiere a una persona nada vulgar, a una persona de aguda sensibilidad. Y en Fragmentos: poemas, notas personales, cartas; traducido por Ramón Buenaventura, prologado por Antonio Tabucchi y editado por Seix Barral, lo podemos constatar.

Este libro procura al lector fundamentalmente dos cosas: asombro y fascinación. En la retina tenemos los papeles de algunas de sus películas: un bombón de chica (era la sex symbol por antonomasia), de vida un tanto alocada. Y ahí es cuando llega el pasmo de encontrarnos a una mujer que cultivaba la inteligencia y la poesía, que leía sin parar, que estudiaba. En el breve pero sustancioso capítulo final, “Suplementos”, aparecen algunas portadas de títulos de su biblioteca personal: Steinbeck, Conrad, Flaubert, Beckett o Camus, entre otros. La verdad es que sorprende la cantidad de fotografías de M.M. en que aparece rodeada de libros o con un libro en las manos, absorta en su lectura. Necesitaba adentrarse en el sentido de su vida, de la vida. Necesitaba conocer, soñar, y hasta huir de lo que veía. Escribe en un poema: “Busco la alegría pero está vestida / de dolor”. Y yo creo que ésta es la divisa y el gran secreto de la vida de Marilyn Monroe: esta búsqueda de alegría, de una pizca de felicidad. Busca -como ya he dicho antes- la paz: “ah paz te necesito”. Y el amor del que acaba descreyendo: “pues sé por la vida / que no se puede amar a otra persona, / nunca, realmente”. Pero son continuas las pesadillas y el sufrimiento. ¡Qué familiar le resulta la obra de Goya! Esos monstruos de la razón, esas tinieblas. Y la fascinación crece. Y también la admiración hacia una persona tan extraordinaria. Con este libro conoces mejor a Norma Jeane, no a la leyenda. Valoras sobre todo la belleza de su alma, de sus sentimientos, de su mundo interior. Lee Strasberg, en su “Elogio fúnebre” dijo, que “poseía una cualidad luminosa” que la hacia diferente a las demás. Y yo vuelvo a contemplar la portada del libro, esta fotografía. Y paseo mi vista por su rostro, por su pelo... Embelesado, sin saber muy bien qué decir de todo esto.

7 comentarios:

Oceanida dijo...

Que interesante. Voy a intentar hacerme con el libro.

Te dejo un fuerte abrazo!

Anónimo dijo...

Me ha pasado lo que a ti, me he quedado embelesado en ese rostro. Podría ser el rostro de la poesía.
Saludos. Lourdes.

Anónimo dijo...

Lo que hubiera dado por estar con ella.
Pasar un día con Marilyn.

Miguel.

Anónimo dijo...

Fascinante. Lo que ha escrito usted, pero sobre todo esa portada del libro, ese "pedazo" de mujer.
Me atrae su mirada entre ingenua y perspicaz.
Lo compraré aunque sólo sea para no dejar de mirar el libro, su fotografía de Marilyn.
Rafa.

Anónimo dijo...

Esta chica sí que era poesía. Tiene razón Lourdes.
Ducati.

Anónimo dijo...

Me he comprado el libro. Para poder besarla.

Jim

Anónimo dijo...

Esta portada bien vale los euros del libro. Ya es mio.
Rafa.