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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


viernes 30 de julio de 2010

Que si unos libros para vacaciones



Puede que luego no haya ocasión, o al menos no tanta como soñábamos en los prolegómenos del verano. Puede que las excursiones y la familia y la prensa y esas pequeñas obras y el deporte y la televisión y las partidas de dominó no nos dejen apenas tiempo para unas páginas muy de cuando en cuando. Y puede que nos venza la contemplación o el sueño en el momento preciso de abrir el libro en cuestión. Las distracciones son muchas. Estemos en la playa, en la montaña o en esa piscina tan azul. Igual a las dos líneas se nos acerca una persona imprevista, o un chapuzón nos salpica las letras. ¡Hay tantas cosas! Y la luz, y la postura (nunca acabamos de acomodarnos del todo bien). Y con el rabillo del ojo el horizonte de esos niños que saltan sobre las olas. Y la memoria, y la arena del tiempo y de la nostalgia que se mete por todas partes.

Preparamos los libros con ilusión. Luego ya se verá. Pero el lector sueña con esas horas de silencio. No hay muchas cosas que superen en felicidad a esos capítulos o poemas. Bueno, veamos, qué complicado se hace elegir bien. Uno quisiera leer mucho, leer todos esos libros que durante el curso se han ido apilando sobre la mesa o entre las estanterías. Ay, la vida es un cúmulo de buenos deseos, de títulos y prólogos. ¿Qué leo durante estas vacaciones? ¿Podré leer todo lo que sueño y quiero? ¿Me dejarán entre todos un poco? Lo intentaré al menor descuido. Y saldré al jardín o a la calle o a la terraza. O me iré lejos, con la bicicleta. Por intentarlo que no quede. O en esa roca sobre el mar, o a la orilla de ese diminuto río, o en ese banco del paseo, o declamando en voz alta en medio de unos girasoles o en aquella misma arboleda de la adolescencia. Con mi libro. No sé, puede que con los Cuentos completos de Thomas Mann (Edhasa) o con El coro mágico, una historia de la cultura rusa de Tolstói a Solzhenitsyn, de Volkov (Ariel).

¿Poesía? Madre mía. Seguir con Blas de Otero y sus Hojas de Madrid con la galerna (Galaxia Gutenberg), que llevo paladeando desde hace un mes. Releer a Miguel Hernández (Alianza) y Cántico, de Jorge Guillén (Seix Barral, y la poesía completa en Tusquets), y atreverme con el Isidro, de Lope de Vega (Cátedra), y llevarme a todos los sitios ese tomo de la Biblioteca Aurea titulado Renacimiento español, con la poesía de Boscán, Garcilaso, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz y Fernando de Herrera. Y seguramente haré un sitio para el Cancionero, de Unamuno (Biblioteca Castro). Ay, poesía. Palabras y alma. La plenitud que buscas, el misterio que no entiendes, la vida misma. Poesía… Cualquier detalle si lo miras con un poco más de atención, como si estuvieras en medio de una plegaria.

Y vas llenando la maleta de libros. Alborozado, inquieto. Todo es una promesa y una esperanza. Tomas en las manos Los amores de Sylvia, de Elizabeth Gaskell (Mondadori) o El caso Kurílov, de Irene Némirovsky (Salamandra) o Tomás Becket, de Frank Barlow (Edhasa) o En el corazón de la zona gris, de Paz Moreno (Trotta); e imaginas el cielo, los juncos, la espuma, las gaviotas, los chopos… Imaginas el espacio con su aire, con su brillo, con los cuerpos que cruzan por delante de ti. Las hojas que lees embebido, sin cansancio. Imaginas un tiempo que parece no tener fin, buscando la sombra si el calor es excesivo. ¡Qué felicidad!, o se trata de algo muy parecido. Memorizar frases y miradas, personajes, visiones y paisajes. Quieres volver sobre esa reedición de unas conversaciones con Delibes que leíste hace muchos años y que para en algún lugar de tu biblioteca, en aquella colección de Novelas y Cuentos de la editorial Magisterio Español. Ahora se ha puesto al día por el autor, por César Alonso de los Ríos, y se titula Soy un hombre de fidelidades (La Esfera). Y quisieras -lo ves tan difícil- volver a leer Memorias de ultratumba, de Chateaubriand, en la recién aparecida edición de la Biblioteca Aurea, con traducción de José Antonio Millán Alba. Éste es uno de esos libros imprescindibles. Pocos me han maravillado tanto, muy pocos me han parecido tan lúcidos, entretenidos y bien escritos. La naturaleza humana en su trabazón de historia y espíritu, de biografía y alma, de sinceridad e inteligencia.

¿Cuántos días son las vacaciones? No quieres ni pensarlo. Volver es un mal trago. Tal vez la lectura de algunos libros sea una de las maneras de prolongar el tiempo y la dicha. La maleta siempre tiene dentro un aroma de melancolía y de recuerdos, de provisionalidad e incertidumbres. La maleta contiene nuestra propia vida.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Denos más libros, más ideas de libros para leer en agosto por favor.
Saludos. Berta.

Ars Vitae dijo...

Muy buenas recomendaciones. Me ha sorprendido ver el libro de Tomás Becket, porque me lo compré esta mañana, y estoy deseando empezar a leerlo. ¡Tiene una pintaza...!
¡Gracias por los consejos bibliográficos!

Anónimo dijo...

Me he comprado la novela da Gaskell. He visto varias en la librería. Si me gusta me daré un atracón veraniego. Gracias por su blog.
Su lectora Julia.

Anónimo dijo...

Me he comprado dos libros que comenta. Los he estado mirando un rato y he decidido lllevármelos como lectura de agosto.
Los amores de Sylvia y las memorias de ultratumba de Chateaubriand, me han convencido. ¿Qué le parece? Puede que me quede a la mitad y no me lea ni uno, pero ya están en la maleta.

Buen verano de su lectora Victoria. Espero seguir leyéndole en agosto.

Anónimo dijo...

¿Qué le parece la obra de Salinger?
¿Qué libro de Toltói me recomendaría? ¿Y de Zweig?