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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 5 de julio de 2009

Un solo amor




Un buen amigo me dice nada más verme: “Un hombre y una mujer, enamorados, ¿son dos amores o un solo amor?”. La cuestión no es baladí, ni es un mero juego de palabras. Pienso que se trata de una misma realidad amorosa que se inspira y concibe en la comunión de dos personas distintas. Unidad en la diversidad. Un mismo don que brota del encuentro de dos miradas. Dos enamorados en la unión de un solo amor. Un amor que no puede darse sin la complementariedad de ambas personalidades y ambos sexos en mutua donación. No son dos amores. Son dos vocaciones individuales que se entregan a un solo destino de perfección. El amor es un camino que se recorre en común y en la misma dirección, cada uno embebido en el otro, puliendo poco a poco la ternura en las diferencias de carácter o cambiante perspectiva de las cosas, y salvando las consabidas distancias con el perdón. La imagen del beso viene pintiparada para ilustrar todo esto que digo. El beso es único -como el amor-, pero son dos los que se besan. Dos almas que se entregan la una a la otra para fundirse en una misma carne impregnada de alegría y de pureza. Sólo así puede el amor ser debidamente amor: amando. Sin egoísmo o cualquier otro turbio disfraz de pega. Un hombre y una mujer. Una mujer y un hombre. Las manos se buscan y las caricias van cincelando la figura de ese único amor que transforma la materia en luz, en un incendio de sed y cielo. Ya sé, ya sé que se me desvía el discurso y que me voy por las nubes poéticas. ¡Qué le vamos a hacer! Cada uno es como es. Pero el que experimenta un amor así sabe que a partir de un determinado momento su vida ha dejado de ser suya, que ya no se pertenece. Y es así como se alcanza la felicidad, la plenitud de un amor que no es tuyo ni mío, de un amor que enhebra y resume el corazón de los dos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo opino similar. Desde ese primer momento, cuando conoces a la persona de tu vida, todo cambia, nace un amor en cinemascope, algo tan distinto y tan hermoso que desde el principio sabes que debes cuidarlo como nada en el mundo y que tu felicidad es tu fidelidad a tu novia-mujer o novio-marido.
Se es una sola cosa con ella o con él, un solo amor que dos personas distintas intentan acrecentar y ,como usted dice, perfeccionar.

Su manera de escribir tiene una gran virtud: es precisa y breve. En pocas líneas logra dar en la diana y hace pensar. En este caso en algo tan crucial como el amor matrimonial.

Buen verano.

Guerrera de la LUZ dijo...

Qué maravilla. Precioso y sí, muy poético. Y muy cierto.

Anónimo dijo...

Opino lo mismo que la guerrera de la luz. Soberbia la música y muy buena la letra.

El amor de los enamorados es uno. Sino se cuida y se resquebraja, se acabó.

Anónimo dijo...

Tenerte cerca. Hablarte.
Y besarte en silencio.
Y sentir el contacto
caliente de tu cuerpo.
Sentir que vives, trémula,
aquí, contra mi pecho.
Que mis brazos abarcan
tus límites perfectos.
Que tu piel electriza
las yemas de mis dedos.
Que la vida se ahoga
en el hilo de un beso.
Que así, en la sombra, a tientas,
bajo la noche, ciegos,
topándonos a oscuras
mientras todo es silencio,
nos amamos y somos
casi dioses, rugiendo.

Vuelvo a palpar tu carne,
vuelvo a besarte, vuelvo
a estrecharte en la sombra
ciega contra mi pecho.
Vuelvo a sentir la vida
trémulamente. Siento
que el desamparo pone
su soledad, su cerco,
en torno de nosotros.
El mundo está desierto.

El mundo está desierto.
Mudo. Tú y yo arrojados
a un destino violento,
aquí, sobre la tierra,
abrazándonos ciegos.

Y entonces te recojo,
te amparo, te sujeto,
pequeña, débil, mía,
cobijada en mi aliento,
sostenida en mis brazos,
cubierta con mis besos.

Pero mi pequeñez
en seguida comprendo.
Mi inútil protección,
castillo sin cimientos,
rueda deshecha frente
al enorme Universo.

¡Qué poco puede el hombre!
Y me refugio en medio
de tanta soledad
en tu caliente cuerpo,
para que entre tus brazos
me mezas con tu tierno
amor. Niño asustado,
busco tu amor materno.

Los dos en la tiniebla
abrazados, pequeños,
frente a la eternidad,
lloramos en silencio.
La noche continúa
mudamente cubriéndonos.

Leopoldo de Luis

Anónimo dijo...

"No puedes tener una idea del placer que experimento con la compañía de mis criaturas. Ando buscando corazones que me amen y, como no los encuentro, derramo sobre el reducido número de los que me aman la plenitud de mis gracias. ¡Amo tánto a las almas que me son fieles!, que me dejan obrar en ellas a mi gusto lo que me place, que me apresuro a colmar todos sus deseos, como si tuvieran para mí fuerza de ley. "

Anónimo dijo...

Todo un libro así sería un éxito completo. Anímese.

Anónimo dijo...

Precioso y verdadero.