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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


jueves 7 de mayo de 2009

A propósito del día de la madre y de lo que me aconteció en dicha jornada (resumen)



El llamado día de la madre aproveché para decirle a mi mujer que va en serio, que la quiero, aunque a veces parezca que estoy lejos o que soy frío. Lo cual es probable porque nadie es perfecto. Que me enfado es un hecho y que le debería hacer más caso, es cierto, pero que pelillos a la mar, que la quiero. ¿Qué haría yo sin sus llamadas de atención y sus besos? No hace falta mucha imaginación para verlo. Mi mujer me quiere, menos mal, y me acerca al planeta Tierra. Y una vez aterrizado en el suelo pienso: “¡Qué mujer tengo Dios mío, qué mujer tengo!”. Y aproveché también el momento lúcido para decirle a mis hijos: “Ahí está vuestra madre, nunca nadie os querrá como ella”. Así, una cosa breve. Y sencilla. Porque si te extiendes más en palabrería ya no suena igual de bien y se distrae el mensaje. Les miré. Me miraron. “Vale papá”, dijo el mayor. Y siguieron a lo suyo. Y yo me retiré a mi cuarto. ¡No puede ser! Y me levanté de inmediato. Otra vez a las andadas. Mal. Fui a la cocina, que es donde estaba mi mujer, en medio de una soledad bien ganada. Al menos un rato. Entré. Y sin decir nada le planté un beso. Ni muy largo ni muy corto: tierno. Y luego otro. Me senté con ella, que cosía una falda como si fuera un poema. Lo digo porque esa falda hará lo que las palabras: ceñir y sugerir con gracia el encanto de la belleza, y dejar en su vuelo alguna fisura para verla. Esposa y madre. Artista por partida doble. Y mucho más si tengo en cuenta los cuadros que pinta o el bizcocho de limón que hornea o cómo viste (ay, ese pañuelo al cuello me embelesa y el cómo cuida los detalles). “Ya está hecha, sólo faltan los botones, ¿te gusta?, mira”. Y miré. Y toqué el tacto de su piel y luego el de la tela. Y me quedé con ella para siempre.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Los niños cuando estan en el vientre de su madre,antes de nacer, dan patadas.
Es para que la madre se haga una idea de lo que le espera en los próximos treinta años.

HH

Anónimo dijo...

Precioso de verdad.

Anónimo dijo...

Genial. Lo he colocado en la nevera. Y estoy pensando si plastificarlo para marcapáginas de lectura, como recordatorio de un amor que es posible.

Tu lector Pablo G.

Anónimo dijo...

Ante algo así, supongo que una mujer se derrite por completo ¿no?
Tú sí que sabes Urbizu.

Anónimo dijo...

Un beso a tu mujer Guillermo, es fantástica

Anónimo dijo...

Las mujeres necesitamos que nuestros maridos estén con nosotras. Pasen a nuestro lado unos buenos ratos escuchando nuestra cantinela. Sentirnos acompañadas y comprendidas. Queridas.


BJ

Jara dijo...

Qué bonito. Madre mía, ya querríamos algunas

Anónimo dijo...

Déjame acariciarte lentamente
déjame lentamente comprobarte,
ver que eres de verdad, un continuarte
de ti misma a ti misma extensamente.

Onda tras onda irradian de tu frente
y mansamente, apenas sin rizarte,
rompen sus diez espumas al besarte
de tus pies en la playa adolescente.

Así te quiero, fluida y sucesiva,
manantial de tú de ti, agua furtiva,
música para el tacto perezosa.

Así te quiero, en límites pequeños,
aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa,
y tu unidad después, luz de mis sueños.

Anónimo dijo...

Besas como si fuese a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,

me declaro vendido, sin vencerme
es ver en ti mis manos maniatadas.
Besas besos de Dios. A bocanadas
bebes mi vida. Sorbes, sin dolerme,

tiras de mi raíz, subes mi muerte
a flor de labio, Y luego, mimadora,
la brizas y las rozas con tu beso.

Oh Dios, oh Dios, si para verte
bastará un beso, un beso que se llora
después, porque ¡oh, por qué! no basta eso.

Anónimo dijo...

Te lo he dicho con el viento,
Jugueteando tal un animalito en la arena
O iracundo como órgano tempestuoso;

Te lo he dicho con el sol,
Que dora desnudos cuerpos juveniles
Y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
Frentes melancólicas que sostienen el cielo,
Tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
Leves criaturas transparentes
Que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
Vida luminosa que vela un fondo de sombra;

Te lo he dicho con el miedo,
Te lo he dicho con la alegría,
Con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
Más allá de la vida
Quiero decírtelo con la muerte;
Más allá del amor
Quiero decírtelo con el olvido.

Anónimo dijo...

Dame, dame la noche del desnudo
para hundir mi mejilla en ese valle,
para que el corazón no salte, y calle:
hazme entregado, reposado y mudo.

Dame, dame la aurora, rompe el nudo
con que ligué mis rosas a tu talle,
para que el corazón salte y estalle:
hazme violento, bullidor y rudo.

Dame, dame la siesta de tu boca,
dame la tarde de tu piel, tu pelo:
sé lecho, sé volcán, sé desvarío.

Que toda plenitud me sepa a poca,
como a la estrella es poco todo el cielo,
como la mar es poca para el río.

Anónimo dijo...

Por esto que a escrito si por mí fuera le daría el Nobel.