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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 22 de abril de 2009

Un lector curioso me pregunta



Un lector me envía un cuestionario con varias preguntas que no me importa responder. Lo reproduzco aquí porque me hace gracia la curiosidad de la gente. Y como yo también soy muy curioso, quiero que también ustedes curioseen un rato. Están en su derecho. No es nada del otro mundo. Por "yoyear", que diría Jaime Siles. O por entretenernos todos.


¿Qué libros tiene ahora mismo en su escritorio?

Una edición Los tres mosqueteros publicada por Sopena a principios del siglo XX; el Diario de Santa Faustina Kowalska; una Antología poética de Juan Ramón Jiménez (Cátedra); Los pintores más influyentes… y los artistas a los que inspiraron, de David Gariff (Electa); Viaje a la transparencia, obra poética completa, de la poeta berlinesa Nelly Sachs (Trotta); La dama de la furgoneta, de Alan Bennett (Anagrama); y Viva voz de vida, de Marina Tsvietáieva (Minúscula).

¿Qué libros tiene en la mesilla?

De entrada no tengo mesilla. Voy detrás de una, pero la quiero tan concreta y específica que no hay manera. Pero casi mejor, porque no estoy para demasiados gastos. De mesilla utilizo eventualmente el suelo. O la papelera. O un escondrijo en mi armario. Allí están ahora Todo Sherlock Holmes, de Conan Doyle (Biblioteca Aurea, Cátedra); España, una nueva historia, de José Enrique Ruiz-Doménec (Gredos), que me está gustando bastante; y Viaje al amor de William Carlos Williams (Lumen). Hice limpia hace dos días. Por eso han quedado pocos. Ah, se me olvidaba. Debajo de la cama -muy a mano- guardo un tomito encuadernado en piel de Las Confesiones de San Agustín.

¿Y qué libros lleva hoy en su cartera o maletín de trabajo?

Hay unos que los llevo siempre conmigo. Como las Cinco grandes odas, de Paul Claudel (Siglo XXI) o los Salmos bíblicos (Verbo divino). Desde hace unos días también va donde yo voy la breve pero muy sagaz novela El corrector, de Ricardo Menéndez Salmón (Seix-Barral); Pasajero de tránsito, del poeta Ernesto Cardenal (Trotta) y Amigos, de Enrique Rojas (Temas de hoy), un libro que me parece espléndido.

¿Cuál es el último libro que se ha comprado?

La tercera entrega de El ejército negro, de mi amigo Santiago Gª-Clairac (SM), que culmina así una trilogía que me parece lo mejor que se ha escrito en literatura juvenil por un autor español en mucho tiempo. La pena es que la historia no continúe. Aunque no me gustaría encasillar estos libros sólo en la categoría "juvenil". No me parece justo.

¿Cuál es el último libro que ha regalado?

Déjeme pensar… Mmmm, ah sí, ya recuerdo. El libro de la Pasión, del poeta chileno José Miguel Ibáñez Langlois (Rialp), que yo creo que es uno de los que más he regalado; y Verde agua, de Marisa Madieri (Minúscula), uno de esos pocos libros que impactan en tu vida y que deseas compartir con los demás. Forman ya parte de ti.

Dígame la verdad. ¿El mejor libro de poesía que ha leído? Y la mejor novela. Y el mejor ensayo.

Querido amigo, ésta ya es una pregunta para nota. Puedo optar por ser totalmente sincero o dejarme llevar por la pose intelectual. Es decir, mentir. Opto por lo primero. De todas formas debo aclarar que mañana podría decidirme por otras obras. Pero según me pilla hoy creo que los mejores libros de poesía para mi gusto -o con los que yo más disfruto- son las Elegías de Duino, de Rainer Mª Rilke (Galaxia Gutenberg o Cátedra o Lumen) y los Cantos de Giacomo Leopardi. En español me quedo con La casa encendida, de Luis Rosales (Trotta o Torremozas). Pero al acecho están Eliot o Cernuda, Borges o Lope, Hölderlin o Salinas. Y los místicos españoles, y Claudio Rodríguez. Y tantos más. Es cruel elegir sólo uno. Y es cierto que releo mucho a Borges, Salinas, Siles, Jane Kenyon, Colinas, Miguel d’Ors y John Donne.

Sobre la mejor novela no tengo ninguna duda: El Quijote. Sobre todo si se lee en la madurez y no en el bachillerato y obligado. Puede sonar pretencioso, y quizá hace unos años ni se me hubiera ocurrido, pero en ese libro está todo. O casi. Y yo siempre lo recomiendo leer en la edición de la Biblioteca Castro. Con una impresión como Dios manda, en un magnífico papel, y sin notas. De entre las más cercanas en el tiempo me quedo con Crimen y castigo, de Dostoievski (Cátedra), La montaña mágica de Thomas Mann (Edhasa) y… unas cuantas decenas más.

Se me olvidaba el ensayo. Aquí soy rotundo. Las Confesiones de San Agustín y la Vida de Santa Teresa por una parte. Por otro las Memorias de ultratumba, de Chateubriand (Acantilado). En mis años de lector pocas veces un libro me ha deslumbrado tanto. Con mucha diferencia. ¿En el siglo XX? En español me quedo con Desde la última vuelta del camino, de Pío Baroja (Galaxia Gutenberg), esos volúmenes autobiográficos por los que tanto he transitado; y con El espectador, de su amigo Ortega y Gasset (Taurus). En otras lenguas no deja de impresionarme la obra de George Steiner y los ensayos de C. S. Lewis.

Dígame un libro que no debo comprar jamás.

Puede prescindir perfectamente de los pornográficos y de toda la ola vampírica que nos invade, así como de esa otra esotérica demencial. Yo también suelo evitar los libros escritos por políticos.

Editoriales preferidas.

Anagrama, Ciudadela, Acantilado, Pre-textos, Renacimiento, Minúscula, Atalanta y Lumen. Y Seix-Barral. Se me quedan otras en el tintero. Como Valdemar o Libroslibres o Siruela o Trotta o Encuentro o Tusquets o Cátedra o Salamandra... ¡Son tantas! ¡Y me estoy dejando tantas!

¿Qué posición prefiere para leer?

Jajajajaja. Ésta sí que es buena. Diré que tengo varias, pero la más usual se situa en el sillón orejero al lado de la ventana. Detrás de mí todo un cuerpo de estanterías. Y de vez en cuando un vistazo al cielo. Tampoco se está mal repantigado en el sofá, cuando no hay nadie en casa. O durante el verano en una hamaca, en la piscina, a media tarde, cuando todo parece más infinito.

¿Se atreverá a decirme si lee mucho en el cuarto de baño?

Me atrevo. Sí, leo mucho en el cuarto de baño. No creo que falte a la delicadeza si digo algo así. Sobre todo poesía. Supongo que es por aprovechar el tiempo y por el silencio y la intimidad del momento. Es un lugar de recogimiento, sin duda. A veces el único refugio que le queda en su casa al lector más empedernido.

¿Le gusta leer con música?

No. O una cosa o la otra.

¿Qué opina de su biblioteca?

Que no cabe un libro más y que me habré leído entre un 60 ó 70% de los libros que tengo, lo que no está nada mal, dado el número. De los pocos placeres que tengo en esta vida no es el menor el pasarme un buen rato contemplando los libros. No es por afán bibliófilo. Es porque cada libro me recuerda un determinado momento de mi vida. Mi biblioteca es mi memoria.

¿Qué es la novela histórica?

La novela histórica son los Episodios Nacionales de Galdós (Alianza) o Memorias de un hombre de acción de Pío Baroja (Galaxia Gutenberg). Eso es novela histórica.

¿Algún escritor por el que sienta una especial debilidad?

Uf. Menuda pregunta. Aquí es determinante el factor humano que diría Graham Greene. Me vienen a la cabeza María Zambrano (su Claros del bosque es obra indispensable para toda alma sensible), Thomas Merton, Luis Rosales, Louis de Wohl, Jane Kenyon, Mª Vallejo-Nágera, todos los Baroja, Giovani Papinni, Antonio Colinas, Mamen Sánchez, Teresa de Jesús, Ray Bradbury, Pablo García Baena, Gabriel Miró, Claudio Magris, C. S. Lewis, Enrique Vila-Matas, Flannery O`Connor... Como puede ver el asunto es de lo más variado.

Lo último. ¿Cree que merece la pena leer?

¡Ya lo creo! Ya dedicamos demasiadas horas a escuchar gansadas. Es la mejor manera que conozco de crecer hacia adentro, de apreciar la vida con más convencimiento. Y conocimiento. Leyendo adquirimos conciencia de lo que somos, de lo que pensamos y sentimos. No sé los demás, yo aprendo a ser un pelín más humilde y a no quedarme en la superficie del dolor o de las cosas. Y cuando por lo que sea ya no puedo más, me alivia el silencio de la lectura. Es terapéutico, como un bálsamo. Me sobrecoge el tacto del libro y el alma de lo que leo. No me acostumbro. Unas pocas palabras pueden bastar para tomar impulso hacia un gozo o emoción que creíamos perdidos. O quizá hacia Dios. Leer no es sólo un acto intelectual, ni mucho menos. Leer es tomarnos muy en serio la vida. Y su sentido. Leer es una búsqueda y es una acción de gracias.

33 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Te has comprado el de Ernesto Cardenal? Soy otro lector curioso pero no contestes si no quieres, igual que puedo pasar sin ese libro y sin tantas otras cosas, podré pasar sin tu respuesta.

Anónimo dijo...

Un lector curioso se pregunta si le dejan sacar tantos libros a la vez de la biblioteca, si se los prestan o regalan los amigos, o si ha recibido una herencia de un tío de América y ha decidido invertirla en papel.

Anónimo dijo...

¿Y la Biblia señor Urbizu?
¿Donde la tiene?
Se olvido de ella.

Anónimo dijo...

Yo le preguntaría, además, cuántas horas pasa al día leyendo correos, comentarios del blog,prensa y libros; cuántas hablando con su mujer, sus hijos, el resto de sus familiares y sus amigos; cuántas de aquí para allá; cuántas sin hacer nada; cuántas durmiendo; cuántas comiendo y cuántas a solas con Dios.

Anónimo dijo...

Joder, es espléndido todo lo que dices. Hay muchos libros de autores de lo más variado, en efecto, pero sobre todo lo que yo veo detrás de todo ello es tu autobiografía. Como tu blog vamos.
Joan.

Anónimo dijo...

Menudo entretenimiento el de algunos.

Anónimo dijo...

Usted me preguntó qué es lo bueno de leer El Evangelio en Griego.
Yo respondo que eso es propio de nosotros mover nuestro dedo
A lo largo de las letras que perduran más que esas grabadas en la piedra,
Y que, despaciosamente pronunciando cada sílaba,
Descubrimos la verdadera dignidad de la palabra.
Compelido a ser obsequioso pensaremos esa época
No es más distante que ayer, aunque las cabezas de los Césares
En monedas sean diferentes hoy. Aún hasta esto es la misma eternidad.
Miedo y deseo son lo mismo, aceite y vino
Y pan significan lo mismo. Por tanto la misma veleidad de la multitud
Ávida de milagros como en el pasado. Todavía costumbres,
Fiestas de bodas, drogas, lamentaciones por la muerte
Solamente parecen diferir. Por consiguiente, también, por ejemplo,
Hubo muchos a quienes el texto llama
Daimonizomenoi, esto es, los endemoniados
O, si usted prefiere, lo diabólico (Lo de “los posesos” es el capricho
de un diccionario).
Convulsiones, espumarajos, rechinar de dientes
No se consideraron signos de talento.
lo diabólico no tuvo acceso a la impresión y a las pantallas,
escasamente comprometidas en artes y literatura.
Pero la Parábola Evangélica permanece con fuerza:
que el espíritu dominándolos puede entrar en puercos,
El cual, exasperado por semejante repentino choque
Entre dos naturalezas, la de ellos y la de Lucifer,
Salta dentro del agua y se ahoga (ocurre repetidamente).
Y, así, en cada página, un persistente lector
Va veinte centurias como veinte días
En un mundo que un día vendrá a su fin.

cm

Anónimo dijo...

Discreto amigo es un libro:
¡qué a propósito habla
siempre en lo que quiero yo,
siempre en lo que yo no quiero…!

Calderón de la Barca

Anónimo dijo...

Dios ponga en mi alcance libros
aunque viva prisionero;
asomado a estas ventanas
no me acobardan encierros.

Eduardo Marquina

Anónimo dijo...

Si la conozco bien: si sé que es ella
frívola y desdeñosa y casquivana;
llena de gracia y como pocas bella,
pero de alma insensible, fría y vana.

Si sé que nunca del amor la estrella
en su camino ha de brillar ufana
porque es su pecho de granito y huela
dejar no puede la presión humana.

Si sé que es tan glacial como la nieve…!
Más, a pesar todo, cierto día
la vi leyendo y prorrumpir en llanto.

Duda extraña de entonces me conmueve:
¿Por qué si esa mujer es tan vacía
pudo ante un libro impresionarse tanto?

J A D

Anónimo dijo...

Todos los libros del mundo
no te dan felicidad
pero te conducen en secreto
hacia ti mismo.
Allí encuentras todo lo que necesitas,
el sol, las estrellas y la luna
pues la luz que tú buscas
habita en ti mismo.
La sabiduría que buscaste
en las librerías
reluce en cada página…
Y ahora es tuya.

Herman Hesse

Anónimo dijo...

Nadie rebaje a lágrima o reproche
Esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
A unos ojos sin luz, que sólo pueden
Leer en las bibliotecas de los sueños
Los insensatos párrafos que ceden

Las albas a su afán. En vano el día
Les prodiga sus libros infinitos,
Arduos como los arduos manuscritos
Que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
Muere un rey entre fuentes y jardines;
Yo fatigo sin rumbo los confines
De esa alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
Y el Occidente, siglos, dinastías,
Símbolos, cosmos y cosmogonías
Brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
Exploro con el báculo indeciso,
Yo, que me figuraba el Paraíso
Bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
Con la palabra azar, rige estas cosas;
Otro ya recibió en otras borrosas
Tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
Suelo sentir con vago horror sagrado
Que soy el otro, el muerto, que habrá dado
Los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
De un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
Mundo que se deforma y que se apaga
En una pálida ceniza vaga
Que se parece al sueño y al olvido.

J L B

Anónimo dijo...

Qué pena de los libros… Poemas por los libros (y 6)
Publicado por: El ¡Qué pena de los libros
que nos llenan las manos
de rosas y de estrellas
y lentamente pasan!

F G L

Anónimo dijo...

Sorprendente entrevista. Por lo buena que es. Merecería aparecer en algún diario. He apuntado el libro Amigos, de Rojas. Y lo de Chateaubriand.
La respuesta final es genial.

Anónimo dijo...

Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
participamos
en la lucha terrestre.
¿Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
sin soledad,
con hombres y herramientas,
es la victoria.

P N

Anónimo dijo...

El libro es fuerza, es valor
es poder, es alimento;
antorcha del pensamiento
y manantial del amor.

R D

Anónimo dijo...

Sobre la falda tenía
el libro abierto,
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros,
no veíamos las letras
ninguno, creo,
mas guardábamos ambos
hondo silencio.
¿Cuánto duró? Ni aun entonces
pude saberlo.
Sólo sé que no se oía
más que el aliento
que apresurado escapaba
del labio seco.
Sólo sé que nos volvimos
los dos a un tiempo,
y nuestros ojos se hallaron
y sonó un beso.
…………………….
……………………..
Creación de Dante era el libro,
era su Infierno.
Cuando a él bajamos los ojos,
yo dije trémulo:
¿Comprendes ya que un poema
cabe en un verso?
Y ella respondió encendida:
-¡Ya lo comprendo!

G A B

Anónimo dijo...

Creo que merece leerse este blog. Sin dejarse nada.

Anónimo dijo...

Es cualquier libro discreto
(que si se cansa de hablar deja)
un amigo que aconseja
y que reprende en secreto.
L de V

¿Cómo compones? Leyendo,
y lo que leo imitando,
y lo que imito escribiendo,
y lo que escribo borrando,
y en lo que borro escogiendo.
L de V

Anónimo dijo...

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
F de Q

Anónimo dijo...

A ti, hermoso libro
de mis noches compañero,
y de muchos un amigo,
a tí, que abres deseos
para un mundo escondido
que entre tus páginas, como un sueño,
nace con el ritmo
de quien nuevos senderos
abre con su ilusión y cariño.
A tí, que siembras en los niños
semillas de esperanza
para abrir nuevos caminos
que todas las fronteras traspasan
y llevan a buen destino
todo lo que tus páginas cantan.
A ti, libro sencillo
que abres tu ventana
a los ojos de quien siente muy vivo
todo lo que tus hojas plasman:
tesoros escondidos,
amores y desamores eternos,
estrellasy planetas perdidos,
personajes y sueños
que nos tienen en vilo.
No lo dudes, hazte compañero
de tu amigo el libro.
J P

Anónimo dijo...

Hay libros que se escriben sobre la carne misma.
Son esas cicatrices que nos hablan
y sangran
cuando el tiempo se rinde a su derrota
un puñado de signos que apenas
comprendemos

y eran el beso intacto de la vida.



A S

Anónimo dijo...

En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
y el aroma de la noche
le henchía ?sedienta boca?
el paladar del espíritu,
que adurmiendo su congoja
se abría al cielo nocturno
de Dios y su Madre toda...
Toda cabellos tranquilos,
la Luna, tranquila y sola,
acariciaba a la Tierra
con sus cabellos de rosa
silvestre, blanca, escondida...
La Tierra, desde sus rocas,
exhalaba sus entrañas
fundidas de amor, su aroma...
Entre las zarzas, su nido,
era otra luna la rosa,
toda cabellos cuajados
en la cuna, su corola;
las cabelleras mejidas
de la Luna y de la rosa
y en el crisol de la noche
fundidas en una sola...
En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
mientras la rosa se daba
a la Luna, quieta y sola.



M de U

Anónimo dijo...

Todas las rosas son la misma rosa,
amor, la única rosa.
y todo queda contenido en ella,
breve imagen del mundo,
¡amor!, la única rosa.

Rosa, la rosa… Pero aquella rosa…
La primavera vuelve
con la rosa
grana, rosa amarilla, blanca, grana;
y todos se embriagan con la rosa,
la rosa igual a la otra rosa.
¿Igual es una rosa que otra rosa?
¿Todas las rosas son la misma rosa?
Sí. Pero aquella rosa…

La rosa que se aísla en una mano,
que se huele hasta el fondo de ella y uno,
la rosa para el seno del amor,
para la boca del amor y el alma,
…Y para el alma era aquella rosa
que se escondía, dulce entre las rosas,
y que una tarde ya no se vio más.
¿De qué amarillo aquella fresca rosa?

Todo, de rosa en rosa, loco vive,
la luz, el ala, el aire,
la honda y la mujer,
y el hombre, y la mujer y el hombre.
La rosa pende, bella
y delicada, para todos,
su cuerpo sin penumbra y sin secreto,
a un tiempo lleno y suave,
íntimo y evidente, ardiente y dulce.
Esta rosa, esa rosa, la otra rosa…
Sí. Pero aquella rosa…

J R J

Anónimo dijo...

Hay entre los comentarios varias preguntas de lectores no menos curiosos que me gustaría que repondiera.

Anónimo dijo...

Ya tengo lecturas para un largo tiempo. A propósito, no sé si será usted quien pone los poemas pero me parece fenómeno.
Yo recomiendo leer a Hemingway.

Anónimo dijo...

Todavía recuerdo la primera vez que leí a Gabriel Miró. Era "El humo dormido". Más tarde me hice con "Figuras de la Pasión". Es uno de los grandes desconocidos de las letras españolas. Voy a escribirlo en mayúsculas y en negrita:

GABRIEL MIRÓ ES UNO DE LOS GRANDES DESCONOCIDOS DE LAS LETRAS ESPAÑOLAS.

Anónimo dijo...

Este blog es la leche. Hay cosas que no me gustan nada, pero otras ya digo, la leche.

Anónimo dijo...

Ayer en el día del libro estuve viendo los libros del Ejército negro que tanto ensalzas. Fíjate lo que son las cosas, no me llamó la atención a simple vista, y compré al final una novela sobre el Marqués de Santillana.

Anónimo dijo...

¿Y yo que no le encuentro la gracia a la literatura del señor Vila-Matas? Será que soy muy ignorante.

Un saludo de su lectora Teresa.

Anónimo dijo...

De todos los autores que has nombrado en esta entrevista me quedo con Lope de Vega. Y todos los demás de repuesto.

Anónimo dijo...

Un lector curioso se pregunta si le dejan sacar tantos libros a la vez de la biblioteca, si se los prestan o regalan los amigos, o si ha recibido una herencia de un tío de América y ha decidido invertirla en papel.

Este lector curioso sigue con los mismos interrogantes de hace unos días.Una pena.

Anónimo dijo...

Recomiendo a todo el mundo leer el libro de C. S. Lewis Una pena en observación. Está editado en Anagrama. A mí me cambió la vida. No exagero nada.