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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 20 de abril de 2009

Postal a mi madre



De vez en cuando tengo la necesidad de escribirte. Porque vienen mal dadas o cunde en mí el desánimo. Me basta un cielo gris para quedarme serio y contestar con monosílabos a quien se me acerque. La vida es un collage de contratiempos. Y uno acaba más que harto. Por eso me refugio en los libros o pienso tontadas. Trasnocho viendo House o un partido de tenis. Y llego a la cama cansado de nada. Rezo, claro que rezo. Pero se me hace cuesta arriba lo divino. Como lo humano. Escribo dos palabras o leo dos frases. ¿Para qué? Y al día siguiente lo mismo… Me dicen, me escriben, me llaman. ¡Tantas palabras que suenan igual o que son ambiguas! Y yo sólo quiero hablar contigo. O ni siquiera eso. Estar contigo. Mientras paseamos los dos por mi cabeza o nos sentamos juntos en el último banco de una iglesia. O en el primero. ¿Recuerdas? Dame la mano, y con la mano tu mirada, y con la mirada esa sensación tan dulce que se llama como tú. Venga, ven, vamos. ¿Qué quieres hacer? De acuerdo, nos quedamos aquí. No te preocupes por mí. De sobras me conoces. Sabes que soy un tanto chusco y meditabundo. Que exagero. Pero a veces la vida me parece demasiado mortecina, como insulsa. Llevo mal la monotonía. Haga lo que haga. Por eso intento encontrar palabras que digan algo distinto de lo mismo de todos los días. No quiero planchar siempre las mismas camisas. Y veo con Ana El mentalista y pongo por segunda vez el lavavajillas. Abro la ventana de la cocina y miro un par de pequeños magnolios que están en una esquina. ¿Los ves? Y me gusta mirar el cielo. No como tú, que lo ves por dentro y al detalle, pero tampoco puedo quejarme. ¡Qué paciencia tiene Dios conmigo! Con todo lo que me da y sólo le vengo con nostalgias, tedio y melindres. Sólo hablo de mí o de libros. Madre, enséñame cosas distintas. O lo mismo de manera distinta. Muéstrame el encanto de la vida, su mejor afán, su alegría. Como cuando de niño me atabas los zapatos nuevos y me peinabas con colonia para salir a la calle. Aún estoy a tiempo. Sin tanta monserga inútil. Sin tanta palabrería.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

“Sin cruz no hay gloria ninguna
ni con cruz eterno llanto.
Santidad y cruz es una,
no hay cruz que no tenga santo
ni santo sin cruz alguna”.

Lope de Vega.Y tu madre.

Anónimo dijo...

Después de tantos ratos mal gastados,
tantas obscuras noches mal dormidas;
después de tantas quejas repetidas,
tantos suspiros tristes derramados;

Después de tantos gustos mal logrados
y tantas Justas penas merecidas;
después de tantas lágrimas perdidas
y tantos pasos sin concierto dados,

Sólo se queda entre las manos mías
de un engaño tan vil conocimiento,
acompañado de esperanzas frías.

Y vengo a conocer que en el contento
del mundo, compra el Alma en tales días,
con gran trabajo, su arrepentimiento.

Francisco de Quevedo y Villegas

Anónimo dijo...

Voy a llamar a mi madre para charlar un rato.
Los magnolios resistentes y bonitos,las flores espectaculares,pero tardan en crecer una eternidad.

Anónimo dijo...

Échale ganas a la vida, y corre sobre ella como si llevaras la fuerza en los estribos, la acción en las manos, la convicción en la frente y el fuego en el corazón.

Zenaida Bacardí

Anónimo dijo...

El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.

Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia
desgastados por el tiempo.

Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.

Miguel Hernández

Anónimo dijo...

E n un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.

A unque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

M H

Anónimo dijo...

Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.

Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.

Ave que sólo persigue,
para nido y aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos,
y el espacio de tu aliento.

Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

M H

Anónimo dijo...

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.

Teresa de Calcuta

Anónimo dijo...

Respira en mi oh Espíritu Santo
Para que mis pensamientos puedan ser todos santos.

Actúa en mí Oh Espíritu Santo
Para que mi trabajo, también Pueda ser santo.

Atrae mi corazón oh Espíritu Santo
Para que sólo ame lo que es santo.

Fortaléceme oh Espíritu Santo
Para que defienda todo lo que es Santo.

Guárdame pues oh Espíritu Santo
Para que yo siempre pueda ser santo.

San Agustín

Anónimo dijo...

¡Cómo envidio su franqueza, su forma de escribir las cosas! Pienso que lo que dices nos afecta un poco a todos los que lo leemos. Porque todos andamos hoy por hoy bastante cansados y con ganas de desahogarnos con alguien que nos quiera.

Anónimo dijo...

¿No querías ser santo?, pues agárrate a tu cruz .

Anónimo dijo...

Qué cruz puede tener un escritor tan talentoso con una hermosa familia?