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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 22 de febrero de 2009

Marina Tsvietáieva. "Confesiones.Vivir en el fuego"



Una niña de buena familia. Una niña que juega y ríe y crece hasta la luna (“una niñez como un cuento de hadas”). Una niña que sueña y lee y estudia idiomas. Una niña que un buen día se mira al espejo y se ve el alma. Una mujer ya: que siente el dolor de la felicidad, que ama… Comienza a escribir y a vivir en el fuego. Palabras incandescentes de vida. Versos cada vez más esenciales. La vida le quema el alma. Ama, ama, ama. La música de las palabras interpreta la sinfonía del dolor de los hombres, de la soledad, del mal. ¿Es esto la vida? ¿Es sólo esto? Quiere más. Quiere lo absoluto. Quiere la eternidad de las cosas. Y se casa con el amor de Serguéi Efrón. Un amor precoz, escribirá más tarde. Nacen palabras y dos niñas (Alia e Irina). Nacen poemas mientras barre la casa y pasan hambre. La revolución bolchevique. En su regazo muere la pequeña Irina. “¡Dos manos tiernamente puestas / en la cabeza de una niña!”. Está sola. Su marido lucha con el Ejército Blanco. ¡Cómo se callan a veces las palabras! Dos meses sin escribir poesía. Pero pasado ese tiempo necesita respirar de nuevo, y escribe a conciencia, poniendo en las palabras toda su existencia. Se va a Praga. Reencuentro con su marido. Escribe y vive. Vive, ama. “Idilios cerebrales”. Otros amores. Necesidad de ser comprendida, de soñar caricias con almas afines. Konstantín Rodzévich. Poema del fin, su obra cumbre. “¡Por primera vez amo a un hombre feliz, y quizá por primera vez busco la felicidad y no la pérdida, quiero tomar y no dar, ser y no desaparecer!”. Es su máximo anhelo: ser amada. Y escribirlo. Y llegar a Dios, al incendio, al sentido del dolor. Y la pasión terrestre: Konstantín. “Usted es el único que me ha pedido toda entera, que me ha dicho: el amor – existe. Así llega Dios a la vida de las mujeres”. Además, amigos como Borís Pasternak (al que ama - él le dedica su poema 1905) y amigas confidentes. Y un nuevo hijo: Mur - apodo de Gueorgui Efrón. Y llegará París (1925-1939). Llegará a escribir y a vivir en francés. Escribe a Gide. Como escribirá en alemán a Rilke. Se entusiasma con la vida, aunque le duela tantas veces y se deprima. “¿Qué amo? La vida. Todo”. Ama. Y siente esa nostalgia de lo absoluto. Del amor absoluto. Y tras mucha angustia y dudas implacables vuelve a Rusia donde le esperan su marido y su hija Alia (son colaboradores del horror soviético). Ese mismo horror que, sin misericordia ni componendas, se cebará en la familia. Su marido es arrestado (sería fusilado), Alia es enviada al Gulag y a ella se le prohíbe publicar nada. Esas palabras suyas se quedan a solas, exhaustas… “Ya es hora. Para este fuego / ya soy vieja”. 1941. La envían junto con su hijo Murliga a Elábuga, una remota aldea tártara. Apura el cáliz. Pero no puede más. La tristeza la consume y está enferma de desolación. Su alma está rota. Y se ahorca. ¿Qué pensar? Nadie puede juzgarla. Sólo Dios. A nosotros nos dejó su obra (no se apaga su rescoldo), el testimonio de su amor, todos estos apuntes autobiográficos y cartas que aparecen sabiamente escogidos en el libro Confesiones. Vivir en el fuego (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores). Es Marina Tsvietáieva. Y dentro de estos apuntes, en el interior de su vida, está su poesía. Su alma. Y vive.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Tu forma de escribir sobre libros me encanta.

Anónimo dijo...

No me atrae nada este libro,qué se le va a hacer,recomiéndeme algo para la cuaresma si quiere qu le haga caso.

Anónimo dijo...

Hoy mismo lo compro, me hago con él. Colecciono Autobiografías, memorias y diarios.

Anónimo dijo...

Ya lo he comprado y he comenzado a leerlo. Agradecido.

Anónimo dijo...

La poesía corre por sus venas, no hay duda.

Anónimo dijo...

Me voy a comprar este libro sólo porque usted lo dice.

Anónimo dijo...

¡Qué dramas son las vidas y muchas de sus obras de los autores rusos! Y creo que siguen igual. Tal vez sin tanta carnicería estalinista y de paraíso soviético, pero en el fondo con el mismo desencanto y a la vez esa fuerza tan espiritual que les distingue. Ojearé este libro y los de poemas de esta escritora hasta ahora desconocida para mí.

Anónimo dijo...

Estoy convencido de que a la gente le sobra el dinero y vive en palacios,de otra manera no me explico que se compren la última bobada que se le ocurra recomendar a usted,para leer y olvidar están las bibliotecas.