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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


viernes 6 de febrero de 2009

"Los silencios del Papa Luna", de Jesús Caudevilla



Ya está. 442 páginas de novela. Una más. Pero cada novela tiene su afán, el empeño de una persona por transmitir una historia a los demás. Con una perspectiva única, con sus virtudes y defectos, con su pasión por la literatura y por la vida. Al menos así debería de ser. Dejando a un lado propósitos geniales y estúpidas vanidades que acaban en la cuneta del olvido. Aunque esto de las letras es lo que tiene: que inflama la tontería de la mayoría de los contemporáneos (los muertos ya han pasado por su cura de humildad). Y si de vez en cuando te encuentras con escritores o poetas cuyo credo es la modestia, no sales de tu asombro. Será una fantasmagoría, o una vil estratagema, o la más retorcida de las soberbias. De entrada no cuela. Pero cuando vas conociendo a esa persona y percibes que sí, que su vocación literaria está limpia de polvos y magias, y que es un tipo que va de frente (eso de que el autor y la obra, vida y arte, vayan cada uno por su lado me parece una de esas paridas solemnes con las que se trafica) y que además afronta con dignidad las palabras, pues qué quieren que les diga, aunque no sea Eurípides, fray Luis de Granada o Federico García Lorca, tiene mi respeto como lector.

Uno de esos hombres es Jesús Caudevilla (Sabadell, 1953). Lo de siempre. Niño inquieto por los libros y por las aventuras. Se acaba ganando la vida como puede, como todo quisqui. Y de pronto comienza a atisbar el sueño de dedicarse sólo a eso: escribir y leer libros. Una felicidad que algunos mortales tienen, y que yo envidio como no se pueden imaginar. Y fueron apareciendo sus libros -Amanecer en el Pacífico, El castigo de un dios llamado Adis, etc.- y los conspicuos borrones, y esas ilusiones (ya saben: el aroma de tu primera tinta), y con ello también la desazón de no acabar de verlo claro… Pero les aseguro que con la novela Yo, Vicente Ferrer “El ángel del Apocalipsis” (Styria) dio en el clavo. Él lo notó. Ya lo creo que lo notó. Y fue realmente cuando le conocimos la mayoría de sus lectores. Es ese libro de madurez a los que otros no llegaremos nunca (o quizá sí, no voy a ser yo quien me ponga pegas). Y decidió aprovechar el impulso.

Es así como nació la novela Los silencios del Papa Luna (editada también en Styria) que llega ahora a las librerías. La historia de Benedicto XIII tiene su tradición literaria -recuerdo la novela de Vicente Blasco Ibáñez, El papa del mar. La historia de ese tozudo Papa aragonés de la saga de los Luna es impresionante. Pedro Martínez de Luna (1328-1423), nacido en Illueca (Zaragoza) sostuvo contra viento y marea su razón y derecho en medio del Cisma de Occidente de la Iglesia (un despiste descomunal y un buen argumento para la existencia de Dios entre tanto humano trapicheo), en el que llegó a haber tres papas al mismo tiempo. Noble, universitario, estudioso, y hombre de una pieza. Habilidoso y buen político. Hombre de fuerte carácter y más bien reflexivo, pero que no hizo ascos a la acción. Dudó mucho, sufrió más y le hubiera resultado más cómodo abdicar y dedicarse a la contemplación y a la lectura desde el primer momento. Pero su conciencia se lo impidió siempre, y su opinión de que tenían que abdicar todos a la vez para acabar con el Cisma. Se consideró siempre “el dulce Cristo en la tierra”, con expresión de Catalina de Siena -esa santa jovencita que tanto bregó por la unidad de la Iglesia y a la que conoció-, y esa responsabilidad le pudo. No veía claro los tejemanejes de reyes y cardenales. Y resistió en Aviñón y en Peñíscola, entre otros lugares, 29 años. En la Historia de la Iglesia es considerado Antipapa (luego nunca fue papa). Las cosas no estaban muy claras por entonces y el apoyo de San Vicente Ferrer a su causa (hasta el Concilio de Constanza que lo destituyó) es un buen signo de ello.

Pues con todos estos mimbres ha construido Jesús Caudevilla su novela. Añadiendo a los hechos históricos la amistad de ficción de Poñín de Mallén y descendencia y sobre todo la incidencia de San Vicente Ferrer en su persona y en sus decisiones. De alguna manera Los silencios del Papa Luna se pueden considerar como una solapada continuación de Yo, Vicente Ferrer. De hecho hay capítulos y párrafos que insisten en los mismos hechos. Caudevilla pienso que durante la escritura de su novela sobre Ferrer se fue dando cuenta de las posibilidades narrativas de Pedro Martínez de Luna. Y dicho y hecho. El resultado según mi criterio no tiene la fuerza de la anterior novela, pero sin embargo es un complemento ideal. No me extrañaría nada que el autor terminara por escribir el tercer movimiento de una trilogía, basada en algún personaje que hubiera convivido con Vicente Ferrer y el Papa Luna.

En ocasiones pienso que al discurrir narrativo de Jesús Caudevilla le pesa en exceso el rigor histórico, los datos. Lo que no quiere decir que pase a inventarse la historia como hacen otros. Pero sí que no acaba de soltarse del todo el pelo de su imaginación, y con ella la fruición del lector. Veo su escritura demasiado encorsetada por los hechos y el lector se queda con las ganas de saber más de sus personajes de ficción. Tanta historia (novelada) está muy bien, pero debe adquirir más cuerpo la novela en sí, como nos enseña el maestro Galdós. Ello conlleva más soltura en la prosa y una mayor emoción en su trama. Pero Jesús Caudevilla no dudo que luchará por ello. Los silencios del Papa Luna es una novela coherente y escrita con pericia, amena y propicia para aprender y pasar unos buenos ratos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

De sus reseñas de libros lo mejor de todo son los comienzos.

Anónimo dijo...

Yo siempre lo he tenido por verdadero papa de la Iglesia. Leeré el libro.

Anónimo dijo...

Tiene muy buena pinta el libro en cuestión. Agradecida.

Anónimo dijo...

Graacias siempre por sus consejos,llevo algunos leídos y me ha demostrado que puedo fiarme de su criterio.

BOIRA_A dijo...

Magnifico libro, muy buena la presentacion por parte de ambos, bueno el coloquio de después y sobre todo el libro, por el personaje, que hasta el presente me esta gustando bastante
Buen titulo, aunque es pronto para saber si el titulo acompañ, pero es importante que se siga hablando, escribiendo y debatiendo sobre esta figura, tan irrepetible en sus muchisimas luces y en alguna de sus sombras que ha dado ARAGON a la iglesia

Siempre fiel a su con ciencia sin caer en la simonia tan cercana y tentadora para muchos papas incluso de nuestro siglo

Fue una gozada ir a la presentacion

Gracias un saludo

Francha Menayo