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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 21 de septiembre de 2008

La felicidad va en serio


Hay personas que no saben aprovechar la vida. Están tan embebidas en si mismas que se pierden lo mejor. ¡Qué obsesión la del yo! Venga a dar vueltas alrededor de su reflejo. Nada es más importante que lo que hacen o disponen o imaginan ellas. Se creen perfectas. O casi. ¿Cómo no nos podemos dar cuenta los demás? Pasean su soberbia con el vaivén obsceno de la megalomanía. Son el centro de una circunferencia que es la que abarca sus sentidos y mentiras. Viven de máscaras. Viven de lo que piense o deje de pensar sobre ellos el resto de la gente. Se miran al espejo con parsimonia y deleite. Ciegos de egoísmo ven sólo lo que les conviene, y ya se han acostumbrado a creer que la vida es de única perspectiva. Y poco más. Es una enfermedad. La más peligrosa de las pandemias. Cada uno a su bola. ¿Los demás? Depende para qué sirvan al interfecto. Siempre habrá ciertas personas aprovechables desde luego, “que bailen con mi yo, o me acompañen en algún viaje, o me alaben y mimen, o me hagan el amor a destajo”. Pero éste pancismo oculta un tremendo desencanto. Que lo reconozcan o no es otra historia. Lo cierto es que el ir de interesado y mezquino por la vida se acaba pagando. Lo que el egoísta piensa que es alegría no deja de ser un sucedáneo. Que dura lo que dura. Un instante, nada. Y desemboca en la más estricta soledad. La vida no se puede desperdiciar así, en ese esplín grotesco que se aferra a “ese burdo universo”, que diría el poeta Wallace Stevens. La vida es un murmullo sobrenatural, una apoteosis de claridad que cada día nos estremece con su don. Y ese don es para los demás. Sólo así se cumple nuestra absoluta vocación a la felicidad, a la dicha de una existencia invulnerable.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

"Mientras tememos conscientemente no ser amados, el temor real, aunque habitualmente inconsciente, es el de amar. Amar significa comprometerse sin garantías, entregarse totalmente con la esperanza de producir amor en la persona amada. El amor es un acto de fe y quien tenga poca fe también tiene poco amor."
Erich Fromm

Anónimo dijo...

Compañero
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que lo miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraña sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presuroso en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

Mario Benedetti

Anónimo dijo...

La felicidad es lo más serio de nuestra precaria vida. Tanto es así que nos empeñamos en lo contrario pensando que ese es el buen camino. Pensamos que ser feliz es una buena comida, un polvete, una Harley, un viaje a Disneylandia o al Nepal, una secretaria dócil, un sueldo de narices, jugar al golf... Y sin embargo se nos va quedando ese poso de tristeza, más denso según pasa el tiempo. Y el que no lo reconozca es que es idiota además de infeliz.
Va por ti bloguero.

Anónimo dijo...

Esta página de internet me parece que es de las páginas cristianas literariamente mejores. Con sus momentos más álgidos y otros no tanto, pero en general de quitarse el sombrero.
Un abrazo, Javier.

Anónimo dijo...

Hay personas que no saben aprovechar la vida, sienten cómo se les escapa entre los dedos y sólo ven sus manos vacías.
Esas personas no quieren que las sermonee alguien como tú,tan bueno,tan cabal,tan seguro,tan de Dios.Quieren que yo,que he vivido con la pena de vivir inútilmente por más cosas que hiciera,que era como ellos, que intentaba atrapar mi vida como el niño que intenta coger el agua con sus manos,y que corría tras la felicidad a la que siempre imaginaba unos metros por delante, les cuente qué he hecho,por qué se me ve tan feliz.
Y yo se lo he dicho:"yo anónimo,lo que quieras,lo que digas, pero anónimo"y me dice que soy un cobarde.

A.C.

Anónimo dijo...

Mejor no pensar,mejor no preguntarse,que qué hacemos aquyí,que por qué esto o lo otro,que si Dios es mi padre,que me quiere...luego te enamoras y ahí está diciéndote que quiere más,siempre un poco más,que te quiere enterita para Él.
Raquel Baena.

SolAR dijo...

Señor D.Guillermo Urbizu, esas personas que comentas en tu post no hacen otra cosa que ser felices, cada uno a su manera, unos corren detrás del -yo-, otros detrás de Dios, otros detrás de un amor imposible, en fin, el hombre sagaz hasta las entrañas no hace más que correr siempre detrás de algo, aunque esté sentado también esta corriendo porque sus pensamientos no le dejan en paz.

El -yo- es el punto sobre el que todos anidamos, si no lo tuviéramos no existiríamos porque no tendríamos conciencia de los hechos que hacemos en el mundo. -Yo- es en nombre del bautismo, sí, a cada uno el suyo pero al fin y al cabo es -mío-.

Saludos