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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 14 de septiembre de 2008

Amor de madre


Mi madre me llevaba a las iglesias. Durante los paseos festivos, o gestiones y recados entre semana, o sencillamente cuando hacia la compra, que llevaba anotada en un papel muy pequeño. Caminaba muy deprisa y recuerdo que me llevaba de la mano en volandas. Pero yo no protestaba, era feliz con ella, yendo de aquí para allá, entrando en mercadillos, tiendas multicolores o entidades financieras. Precisamente de una de ellas salimos una vez con una bicicleta. Era roja, y plegable. Fue cosa de un sorteo. Nos tocó. Aunque lo mejor era cuando compraba el pan recién hecho y una bolsa de olivas negras. Recuerdo el sabor y el amor de sus manos partiendo un trozo de pan en plena calle. Otras veces -como algo extraordinario- me regalaba una vinagreta, con aquellos vestigios de pepinillos, cebolletas, col en flor y zanahorias… El caso es que durante esas caminatas me decía con frecuencia: -“Vamos a ver a Jesús”. Y yo no renegaba. Porque quería al fin poder descansar un poco de tanto trajín. Estaba reventado. Me sentaba y miraba con la boca abierta los santos de los retablos (esos pliegues de sobrepellices, sotanas y casullas, o los elementos de tortura utilizados en su martirio), y miraba extasiado la oscuridad de los confesionarios, y las velas… Enseguida mi madre me hacía poner de rodillas, o si me veía muy agobiado me dejaba estar de pie a su lado, mientras ella se llevaba la cabeza a las manos durante un buen rato. Siempre -para mi vergüenza (“mamá no, mamá no”)- se ponía en el primer banco, lo más cerca posible de la imagen de la Virgen que hubiera. Así fue como mi fui enamorando de la Madre de Dios, sin querer casi. Yo lo único que hacía era mirarlas. Era evidente que eran muy buenas amigas. Mis ojos iban de mi madre a la Virgen y de la Virgen a mi madre (no he perdido la costumbre). Algo pasaba allí, por supuesto. Algo tramaban las dos. De reojo miraba también una diminuta llama roja que oscilaba nerviosa allá arriba. Y esa llama me llevaba a… -“Guillermo, ve a saludar a Jesús”. Y yo iba o no iba dependiendo de la gente que hubiera. Si estábamos solos en la iglesia era fenomenal. Me levantaba y me acercaba a las gradas del altar y tocaba el sagrario. -“En el sagrario está Dios hijo mío, dile algo”. ¿Qué iba a decirle? -“Hola Dios”. Y volvía corriendo con mi madre. Se estaba bien allí… Esta mañana he vuelto a una de esas iglesias. Y me he arrodillado en el mismo banco, el primero, delante de la imagen de la Virgen. Y, como entonces, me he vuelto a distraer con los cristales de colores de las vidrieras, y con las velas…

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Sin saber porqué la quería.Y ahora sé por qué la quiero.

Anónimo dijo...

De que Dios me quiere no tengo la menor duda pero,por si la tuviera,tengo una lista de todas las veces que me ha mandado un salvavidas(así es como yo llamo a las personas que,sin saber cómo, han aparecido cuando creía que irremediablemente me hundía).
No quiero olvidar que te debo la vida y ahora sé que,de algún modo,también se la debo a tu madre,bueno,y a todos esos amigos que también son tus salvavidas.

Anónimo dijo...

Tengo la tremenda suerte de vivir rodeada de iglesias y conventos,y la suerte todavía mayor de que casi a cualquier hora puedo entrar a hacer una visita al sagrario.Me gusta arrodillarme lo más cerca que puedo de Él,a los niños les digo que le cuenten algo y yo,mientras,le hablo de mis cosas.Y de ellos.Creo que no hay mejor lugar para hablar con Él que allí,sin ruídos ni distracciones pero,como tengo uno protestón que siempre se queja de que qué hacemos allí tanto tiempo si Dios está en todas partes,procuro no demorarme demasiado y siempre me voy con la pena de no poder estar un ratito más.

Este es mi tesoro,mi secreto ,la herencia que recibí de mi madre y la única que quiero dejar a mis hijos.

Anónimo dijo...

muy bueno

Marta dijo...

¡Qué gozada leer esto después de un día enredada entre la basura de otros!. Esto ayuda a sacudirse el alma y a volver a la perspectiva.
Yo también te quiero Madre y quiero que los míos también lo hagan.

Anónimo dijo...

Acuérdate,oh piadosísima Virgen María,que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección ,implorado tu asistencia,y reclamado tu socorro haya sido abandonado por ti.
Animado con esa confianza,a ti acudo,Madre,la más excelsa de las vírgenes;a ti vengo,a ti me acerco,yo pecador contrito.
Madre del Verbo,no desprecies mis palabras,antes bien escúchalas y acógelas benignamente.Amén.

Anónimo dijo...

Guillermo, canalla me has hecho llorar. Yo voy a las iglesias pero quizá lo mio sea solo beateria ó tibieza porque luego me paso el dia vagueando. Con todo lo que podria hacer...... Desde aqui le pido a tu madre en el cielo que tire un poco del manto de la virgen y me ayuden a reaccionar.

Anónimo dijo...

GUILLERMO, CREO QUE TÚ Y YO TUVIMOS (TENEMOS) LA MISMA MADRE...... O ES QUE, QUIZÁS SOMOS MUCHOS LOS QUE GRACIAS A DIOS HEMOS TENIDO MADRES TAN MARAVILLOSAS.QUE DIGO YO QUE LA VIRGEN MARÍA HABRÁ TENIDO ALGO QUE VER EN ESO. JUAN SALVAT.

Anónimo dijo...

¿Qué sería de mí?,no quiero ni pensarlo,¿qué sería de mí sin ti,Madre?
Algo tramas,es evidente,no sé cómo te las apañas pero siempre estás,más cuando más te necesito,como ahora. Estoy convencido(y eso que no lo entiendo muy bien), que en mi debilidad está mi fortaleza,y ésta no es otra sino Tú.

Anónimo dijo...

Volvíamos a casa y ,al pasar por la iglesia he querido entrar a decirle hola a la Virgen,venía con mis hijos y tres sobrinillos más,la más protestona ha dicho:Hola y adiós,tito,que luego nos quedamos la misa entera.
Pero al llegar estaban cantando: ...en mi rezo diario
quiero llevar tu escapulario
porque tu gracia pura
me llenará de tu hermosura,
Virgen,Virgen del Carmen
no dejes nunca de llamarme...
Y nos hemos quedado.