Bienvenidos

Presento este blog con gran ilusión. Y alegría. No sé si servirán para algo los apuntes que yo pueda escribir aquí cada cierto tiempo. Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo.


miércoles 9 de abril de 2008

A un poeta nihilista



Nihilismo. m. *Fil. Negación de toda creencia.
(Diccionario ideológico de Julio Casares)



Nada hay de cierto en la nada.
Es sólo una palabra
vacía.

Aunque rime con tu mirada
ciega.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Habla de Borges? Me lo parece. No sólo por la ceguera física. Igual me equivoco.
José M.

Anónimo dijo...

La verdad es que nunca he sido un habitual lector de poesía. Pero desde que llegué a este blog la leo con más detenimiento. Lo que no he hecho casi nunca. Ni en poesía ni en nada, lo reconozco. Los nervios, el trabajo y todo lo demás no me dejan. Y ya uno pierde la costumbre hasta de los sentimientos que merecen la pena. Por eso me fuerzo a parar, a leer estos poemas para levantar la vista considerando la posibilidad de que puede que no sea tarde.

Anónimo dijo...

¡Si sólo hubiera una palabra vacía! Lo que ocurre es que hay poetas, o escritores, que no las llenan, y suenan huecas. Sin vida.

Anónimo dijo...

Me parece a mí que hay muchos ciegos. Y no todos son poetas, ni nihilistas.

Anónimo dijo...

La palabra nace de la necesidad, del deseo, rompemos el silencio en demanda de algo de lo que nos creemos faltados, la voz que se alza es también el grito del desesperado buscando cómo hacerse presente, visible. A menudo olvidamos que nadie está obligado a atendernos, a darnos respuesta, ni siquiera resulta recomendable ni reconfortante en todos los casos.

El silencio esconde una respuesta, obligándonos a rehacer las preguntas, hasta agotar las capacidades de nuestro saber. Nadie descubre sin escuchar, sin sentir, sin recogerse en el hueco creado por el silencio. Es la propuesta abstencionista ante la duda, en la siempre cambiante naturaleza, por las nuevas variables que a cada instante alteran el valor de las coordenadas, por los errores propios siempre al acecho, los filtros del deseo, de los prejuicios, o las ligaduras de una mente poco dúctil. La suspensión del juicio, constantemente aplazado por la carencia de pruebas concluyentes, perpetúa los enigmas.

Enola