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Presento este blog con gran ilusión. Y alegría. No sé si servirán para algo los apuntes que yo pueda escribir aquí cada cierto tiempo. Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo.


lunes 14 de abril de 2008

Carta a José Saramago



Hace un tiempo escribí esta carta con motivo de unas declaraciones del premio Nobel. Unas declaraciones que se me hicieron muy tristes, esa es la verdad. Yo ya no me acordaba de estas líneas, pero un amigo catedrático de literatura me pide por favor que suba dicho texto al blog. Según él porque tiene “un gran interés humano y literario (con un contenido muy inusual), sobre un novelista de los grandes”. Aquí queda. Ustedes juzgarán.


Querido amigo:


Leo en la prensa lo que piensas que va a suceder cuando llegue el momento de tu muerte. Algo que espero ocurra dentro de muchos años. Lo has dicho con ocasión de la presentación en sociedad de tu última novela, Las intermitencias de la muerte. La frase es: “Cuando llegue mi hora me disolveré en la nada”. La nada, el apagón total.

Reconocerás que leído así, en plena tarde sabatina, con la lluvia y su “música de agua” -que diría el poeta- descolgándose por el cristal de las ventanas, la locución tiene su estremecimiento. Imposible pasar página. Me quedo mirándote con fijeza, en la fotografía que acompaña al texto. Sigo leyendo: “Me disolveré en átomos y todo se habrá acabado”. Arranco la hoja y la doblo por la mitad, sin dejar de dar vueltas a lo que acabo de “escuchar”.

Querido amigo, pensaba escribir un sencillo artículo, pero como ves el artículo se me ha transformado en carta. Sin querer. Pero es que tus declaraciones -pese a ser públicas- tienen un tono de confidencia tal, que necesito escribirte así. Perdóname el atrevimiento y el tuteo. Y antes de nada decirte que espero leer pronto esta nueva novela tuya, esta nueva “intermitencia” literaria que te ha salido al paso. Supongo que con más trabajo que inspiración, con esa íntima necesidad que tiene todo escritor de sentirse escuchado. O mejor dicho, comprendido.

No sé lo que pensarás, pero a mí tu obra me parece sobre todo una constante brega espiritual, un brioso cuerpo a cuerpo con esa alma de la que dices descreer. Porque no me salen las cuentas. El ingenio, la agudeza o el retórico artificio no bastan para expresar la inquietud de tu vida interior; que la tienes, y muy rica. ¿Qué es la literatura si no la conciencia de un anhelo que nos trasciende? Espacio y tiempo son magnitudes esenciales y verificables en donde transcurren nuestras vidas, es cierto. Pero las coordenadas que rigen tu obra van más allá, enhebrando cada palabra al dolor, y a la posibilidad de una redención. Por remota que ésta sea.

Tus novelas son como el índice de tu alma, esa alma que cruje por el peso del dolor, de la injusticia, de la impunidad. Las palabras apenas pueden contener el ímpetu, el desasosiego ontológico de la trágica realidad que ves a tu alrededor. Una realidad que se prostituye a ojos vista y que tú intentas desenmascarar a toda costa. De ahí la característica tensión de tu prosa, su rabia contenida. La verdad es que tienes sobrados motivos para ser pesimista. Pero piensa que también la misericordia juega su papel, que hay personas en el mundo que obran el milagro de la alegría. Incluso puede que alguna de ellas esté muy cerca de ti.

Me pregunto: ¿Cómo es posible que se acabe del todo y se disuelva en la nada el aliento de alguien capaz de escribir magníficas parábolas sobre la ceguera espiritual del hombre? José Saramago, una persona como tú no puede morir del todo. Y puede que algo de ello atisbes. Tu inquietud antes de ser estética es ética, bien lo sabes. Y si escribes es porque tienes alma, porque amas y te preocupas de tus semejantes. Que a la postre es una forma de rezar. De esperar que todo esto -incluso la literatura- sirva para algo. Que servirá. No en vano en la vida de cada cual está el germen de su propia resurrección.

Un fuerte abrazo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues para mí es nueva esta carta. Muy buena, como las otras. De Saramago sólo he leído Ensayo de la ceguera, creo que era el título y me gustó mucho.

Anónimo dijo...

Siempre me ha caido bien Saramago. Siento que es un tipo sincero, y que escribe muy bien. Pero es cierto que sus personajes reflejan una tortura interior que causa escalofríos.
Joan.

Anónimo dijo...

Pues a mí me cae de pena. Y para leer sus amarguras prefiero Mafalda.

Anónimo dijo...

Igual es una tontería, pero si yo fuera Saramago me haría amigo tuyo. Sé de lo que hablo.