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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




lunes 30 de enero de 2012

Dejar el alma bien a las claras


De lo que realmente me apetece escribir ahora es de Dios. Porque toda mi vida se resume en El. Lo demás sólo tiene sentido y adquiere plenitud en y desde el amor de Dios. No puedo andarme con vaguedades, o disimular la verdad de lo que me sostiene. ¡Menudo estúpido sería! La dimensión exacta de la pasión que siento por mi mujer pasa por la ternura que Dios tiene con ella y conmigo. Y es en Dios donde cada caricia o cada beso se transforman en un delirio, en un éxtasis y en un gozo que llevo años intentando explicar. O puede que no sea necesario explicar nada. ¿Y qué decir del amor de los amigos? ¿Qué decir de esos confidentes del alma que viven pendientes de ti, que te escuchan como si tus alegrías o penas fueran las suyas propias? Los amigos: ese magnífico don de Dios, esa gracia bendita, esos nombres. También el amor a la literatura es, en mi caso, una de las maneras más eficientes de alabar a Dios. Y de pedirle esperanza (y quizá de encontrarla), o de gritarle a la cara ese dolor insoportable, esa impotencia que a veces nos depara la vida. Y en todo Dios, con su misericordia. Dios, en el que vivo, en el que amo, en el que leo o escribo. Me da absolutamente igual lo que crean algunos. El más alto designio de las palabras es dejar el alma bien a las claras. Para que se entienda, para que otras almas alcancen a entender el significado y la emoción de un hombre que se declara feliz porque ama a Dios. Un hombre que ve en la poesía, o en el amor de su mujer, o en el tacto de un libro, o en la transparencia de la luz, esa gloria, ese cielo, esa alegría.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias por esa carta tan hermosa guillermo y gracias a Dios por ese magnifico don que te concedio.