Bienvenidos

Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




viernes 30 de septiembre de 2011

Otro puñado de haikus




Dame tu amor,
para que en ti mi vida
de verdad viva.

Dame tu pena,
y pondré en tu tristeza
una sonrisa.

Nace la espuma
en el rumor del agua.
¡Qué paz, qué calma!

En una tienda
de femeninas prendas
tuya es la luz.

Mira, si vivo
es porque eres mi vida,
lo que en mí vive.

Yo sólo sé
que sólo soy lo que amo.
Y te amo a ti.

Entro en mi casa.
Lo primero que veo
es su belleza.

El verdadero
glamour es el amor
de los sencillos.

Escribo versos
porque no sé qué hacer
con el silencio.

Sentir que estás
-aunque puedes no estar-
y ser feliz.

Nado y buceo,
y floto en la cadencia
de esta luz de agua.

De puro amor
vivo, y no moriré
porque tú me amas.

jueves 29 de septiembre de 2011

Cercanía




Mira, allí,
en el surtidor de aquella fuente,
o en la luz que se desliza
por las ventanas de ese edificio.

Mira, allí,
en los labios de esa mujer
que besa a su hijo.

Allí, allí, mira.

Esa cercanía de Dios
es lo que más me conmueve.
Esa cercanía es
lo único que merece la vida.

miércoles 28 de septiembre de 2011

Tengo una idea





Tengo una idea. Voy a pensar

que doy una vuelta en bicicleta.

Compruebo las ruedas y los frenos (y el horizonte).

Y doy el primer impulso...


Ya no estoy aquí. Pedaleo

entre un paisaje de álamos, creo.

La velocidad hace estragos en el tiempo.

El cielo es la meta, en su dosel de luz y deseo.


Corro encendido, bebo el aire,

tenso los músculos, levanto los brazos

de su viejo manillar de hierro.

Y cierro los ojos por momentos.


Sigo el camino de la idea: pienso

que cada pedalada me acerca

a aquello que más quiero.

¡Es siempre azul el anhelo que me consume!

Vuelo entre maizales y recuerdos.


Campos de hermosura, divino amor

que entre silencios escucho.

Me esfuerzo en mantener un ritmo alegre.

Peregrino de la belleza: hombre, al cabo.

Alma que recorre el paisaje de Dios en el tiempo.


Tierra de labranza donde crece la semilla,

piedras que construyen un hogar o un puente

que cruza la vida hacia otra orilla.


Debo respirar bien y mantenerme atento,

con la vista al frente,

sujetando firme la dirección de mi vida

(dados los frecuentes baches de humor o fantasía).


Pero no cejo en mi empeño, y me inclino

hacia delante para ofrecer menos resistencia a mi mismo,

tal es el viento. En este viaje cuyo destino atisbo

allá arriba, o aquí dentro.


Y me sorprendo hablando solo

o tarareando alguna vieja canción de los 80.

O incluso rezando una avemaría a pleno pulmón,

tal es el ímpetu, la necesidad o el gozo.


¿Qué puedo decir? Pedaleo sin pausa.

Pienso, observo, vivo. No me cansa la vida.


Admiro el enebro, el musgo, la espiga.

Admiro cada instante del tiempo: su brillo.

Y ese aroma de lirios y libros

que viajan conmigo haya donde vaya.

martes 27 de septiembre de 2011

Tiempo para Dios





Me preguntan por el tiempo y por Dios.

“¿Cómo puede haber tiempo para Dios en tu vida?”.

Es como si me preguntaran si tengo tiempo para el amor

o para respirar, o para contemplar la belleza.

Una opción, desde luego, es decirle a la cara: “mira Dios,

lo siento, pero no cabes en mi vida

(o quizá alguno diga:

eres sencillamente mentira)”.

Pero Dios habla, e insiste con pasión en nuestra alma.

Sin dejarse nada.


Escuchar a Dios: de eso se trata.

Y, en definitiva, eso es la literatura (y la música

y la peluquería y el baloncesto y la carpintería).

Si es que vamos a la entraña de lo que hacemos

(y pensamos y sufrimos y amamos).

Otra cosa es dedicarse a hacerle el vacío a tu vida

y que no quieras subir unas escaleras para verle

(o pedir perdón, o mejorar la sonrisa),

y prefieras imaginar inverosímiles fantasías.


Escucho el rumor de sus pasos

y sé que es real su presencia.

Veo como extiende sus manos sobre mi escritorio…

¡Qué luz tan repentina! Uno lo sabe: es Él.

Y su voz inspira un lenguaje de paz inconfundible.


Dice Dios: “Un momento,

deja de acumular palabras para ti,

mírame. Deja de escribir un rato". Y

ocurre que sigues a lo tuyo y no haces caso.

Dejas a Dios

con la palabra en la boca.


¡Es tan importante lo que haces! Luego, luego.

"Es que se me irá la trabazón de la idea,

bajo un segundo a la farmacia

y a comprar dos coca colas y una lechuga;

voy, voy, quizá

en cuanto planche esta camisa".

Pero te quedas chateando con la inopia.


Dios tendrá que esperar de nuevo.


Prometido, esta noche rezo.

Y llega la noche, y con la noche

ese cúmulo de caricias, esos indiscriminados besos,

y por fin el ansiado sueño.


Y a Dios ni una palabra.


(Aunque ahora que lo pienso,

quizá mi oración

sea precisamente este poema).

lunes 26 de septiembre de 2011

Está claro




Bueno, está claro que es lo único que necesito: quererte.

Cada vez está más y más claro, como esta mañana

del día trece de septiembre (tu cumpleaños)

del año veinte de nuestra historia.

Una historia que sólo consiste en verte

hasta enamorarme cada día un poco más allá de mí,

en ti, exclusivamente.


De eso se trata, de quererte,

de ir descubriendo en tu vida todo

lo que yo soy, por ti.

Y besarte minuciosamente el alma

en esos labios.


Está claro: es tu amor

lo que amanece en mí por las mañanas.

Y es así como comienzo a ver

la realidad de todas las cosas.


domingo 25 de septiembre de 2011

Así lo cuento





¿Qué otra cosa puedo hacer?
Enumero lo que veo
o lo que me pasa.

Tumbado en la tarde leo
muy despacio algunos versos
de Andrés Fernández de Andrada.
Y hago compañía a Juan
mientras hace sus deberes.

¿Qué más? Los sueños
en los que estoy
como en mi casa.
Y poner en la mesa
el pan y los cubiertos.

sábado 24 de septiembre de 2011

Almas puras




Almas puras. Individuos

que trabajan en oficios quizá de poco fuste.

Gente que puede que no tenga estudios. Almas

puras. Personas

sin doblez, humildes, buenas.

Existen, conoces algunas.

Hablan contigo por la calle,

o durante un viaje, o en el campo.

Se interesan por lo que haces,

por lo que lees o escribes. Y se admiran.

Y tú les admiras más a ellos. Y les escuchas.

Almas puras. Como aquel pastor

que te hablaba de las estrellas.

Como aquel hombre

que te dio a oler un puñado de tierra.

Como aquel chaval que en un autobús,

camino de alguna parte, te confesó

que en el amor de su novia estaba Dios

(y te dejó de piedra).

Almas puras. Sabiduría innata,

espontánea, sencilla.

viernes 23 de septiembre de 2011

Unas citas que vienen a cuento



“Lo que estás esperando viene cuando realmente no lo esperas”. (La montaña de los siete círculos, de Thomas Merton).

"El verdadero talento consiste en no independizarse de Dios". (Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila).

"La fe en la cultura se basa sólo en esto:
en que hay algo que queda
después del humo que trae consigo cada generación".

(Del poema 'Antonio Espina en el Café Lyon a mediados de los años sesenta', de Jaime Siles).

"Soy cristiano católico, y no de aquéllos que andan mendigando la fe verdadera entre opiniones". (Miguel de Cervantes, en su obra Los trabajos de Persiles y Segismunda).

"Amar es igual que ser". (La verdad Scarlata, de Eva María Ruíz).

"Orar es el único acto en cuya eficacia confío". (Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila).

"(...) lo opuesto de la muerte no era la vida, como la lógica pudiera señalar, sino el amor". (Mariposas en la nieve, de Lola Beccaria).

"Algunos no tienen otra cosa que hacer más que hablar. Es su vocación". (Oblómov, de Iván A. Goncharov).

"Todo se podía decir en silencio y todo se resolvía en contemplación". (Verano en el lago, de Alberto Vigevani).

"Es la chica de todos mis guiones" (escuchado en la película 'The Holiday').

"Lo que le sucede al hombre de la ciudad moderna es que no sabe las causas de las cosas: y por eso, como dice el poeta, puede dejarse dominar demasiado por déspotas y demagogos". (Los límites de la cordura, de G. K. Chesterton).

"Creo que es perfectamente posible hacer la carrera de Filología y conseguir un respetable título de doctor, y seguir sin saber leer una obra literaria". (La enseñanza de la literatura, de Flannery O'Connor).

"(...) No quiero pensar más … no puedo más:
Sólo inclinar mis rodillas quiero
No pensar nada - apenas rezar".

(De un poema de Stefan George).

"Tú cuenta las olas, y mientras las cuentas, ellas te contarán a ti historias que nadie conoce todavía". (De mi madre).

“Si tuviera que escribir mi autobiografía en una sola frase, diría que mi vida literaria transcurrió entre una época en que los hombres habían empezado a abandonar la felicidad por desesperación y otra en que corren el riesgo de perderla por presunción”. (¿Por qué soy católico?, de Chesterton).

”(...) sufrimiento que asumo,
amor que intento”.

(Del poeta Ángel González).

El hombre superior piensa siempre en la virtud; el hombre vulgar tan solo se preocupa de la comodidad.
Lao Tsé.

“El alma es la tarea del hombre”. (Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila).

“Hay cosas que me aburren:
los espárragos y las fábricas, las reuniones y la política,
aquello donde el hombre aparece y no se encuentra”.

(José Antonio Muñoz Rojas).

jueves 22 de septiembre de 2011

Disquisiciones más o menos serias



En los momentos de felicidad siempre hay un atisbo de miedo... a perderla. Algo que, en mayor o menor grado, inevitablemente ocurre. Hasta que volvemos a encontrarnos de nuevo con ella. Y así transcurre la vida: en ese intento de ser feliz.

En la vida de todo hombre hay épocas más o menos épicas, góticas, líricas, dramáticas, floridas, románticas, insípidas o epidérmicas. Pero sea cual sea la racha la insatisfacción es siempre un clamor.

Hablan de literatura aquellos que no saben apreciar la filigrana de la espuma de las olas. O que no se quedan extasiados ante los amarillos, ocres y naranjas del otoño. O que no se preguntan si esa luz -que a mí me encandilaba de improviso en plena clase de matemáticas o de filosofía- no será una señal de otro mundo.

No deja de sorprenderme, pero muchos días me despierto y se me hace raro no ver el mar por la mañana.

Dios y teológicas vicisitudes. Dios y catedrales y vidrieras imponentes. Dios y la historia. Dios y el no Dios, ese constante debate, o incluso odio. Dios y los profetas y los Salmos. Dios, Dios, Dios. Dios es sobre todo algo propio, esa necesidad constante de Dios.

Lo natural en el hombre es amar, y espiritualizar la materia y el tiempo. Lo natural en el hombre es ir derecho a la verdad e indagar en la belleza, sin tapujos. Lo natural en el hombre es desgranar con emoción el silencio del alma.

Otros presumen de matemáticas, inglés o física. Pues a mí lo que me llena es que mi hija Cristina sepa que en España, de 1916 a 1979, hubo un poeta llamado Blas de Otero, que escribió 'Ancia', y que sus versos están llenos de solidaridad y angustia por los prójimos. Una poesía que nace de un amor superlativo por el hombre, y que se enfrenta a Dios cara a cara, con descaro de hijo que sufre, que no entiende, que se encorajina, que escribe para prolongar la esperanza.

El que vive de amor muere amando. Y ese mismo amor le resucitará de entre los muertos. El que ama no deja de vivir nunca.

Ay, esta inevitable sensación de lunes que tienen los domingos. Esa incertidumbre del corazón, esa nostalgia de todo.

Esa desgana o ese malestar. Esa inquietud o esa ansiedad... Es porque amo poco, porque me distraigo del amor de Dios. Tengo esa certeza.

Será lo que sea, pero en ocasiones apetece más pasear por una novela de George Eliot, que por la realidad de este asfalto urbano.

Siempre me ha gustado la poesía de Novalis. Pero no es 'gustado' la palabra más apropiada. Se trata de una gran cercanía espiritual, de una sintonía que no deja nunca de sorprenderme. Por eso, cuando me enteré que habíamos nacido el mismo día del mismo mes -el 2 de mayo-, me pareció algo completamente natural.

Comer en familia (con la cristalería de siempre) en medio de la biblioteca. De primero esa sonrisa suya, de segundo carne (de guarnición unos besos), y de postre sus ojos y unas ciruelas verdes.

Después del último verso de un poema está el comienzo y está la mirada que se recoge hacia dentro. Es la culminación inspirada y es cuando el lector toma el relevo y la iniciativa. El último verso es el nexo entre la revelación del misterio y la escucha del alma. Ahí, en esas pocas palabras, está el clímax de una vida, o la expectativa, o el desahogo, o la esperanza. Está la idea con la que se queda el lector, la síntesis del dolor, el eco de una pasión o un trazo de belleza.

Sin alma no hay caridad, no hay manera de vivir con cierta alegría y orden de prioridades. Ya nos podemos poner como queramos. Ya podemos acudir a las más doctas ciencias y hacer fortuna de cara a la galería. E incluso escribir metódicos versos (¿puede haber poesía sin alma?). Todo queda en nada. En nada de nada. ¡Si cada uno reconociéramos de verdad nuestro meollo! Y es que no se puede vivir sin alma. ¿Cómo podemos dejar que nos expolien de esta manera?

¿Qué escribo? Acabo de llegar a casa siguiendo a unas palomas. Esto queda estupendo, ¿verdad? Y si le añado un incendio de luz en el pelo de aquella chica que cruzaba la calle en bicicleta, pues ya es la leche. Pero no me apetece seguir con esta historia.

Llega un momento en la vida en que sólo sirve lo Simple, lo Sencillo. Lo demás es basura.

Hay poetas de amplio vocabulario. Deslumbrante (un amigo me decía con sorna que hay poetas a los que hay que leer con gafas de sol, tal es su brillo). Un vocabulario rico en matices de significado y ritmo. Y yo apenas utilizo unas pocas palabras de familia en las que insisto (ventana, felicidad, alma, helado, luz, Dios, brisa...). Supongo que por necesidad, y que uno tiene sus limitaciones, y porque al final -ya lo dicen los maestros- sólo escribes múltiples variaciones sobre un mismo tema.

Sucede no pocas veces que la poesía, de madrugada, se pone especialmente terca, y no quiere decir nada. Tendrá sueños.

El amor es siempre una absoluta novedad. O debería. Y un renacimiento. Como estrenar cada día nuestra vida.

Una cosa es decir 'te amo' -expresión muy generalizada- y otra muy distinta amar de hecho.

El ansia de conocer, de leer, de llegar a saber más, ¡de vivir!, ¿es en realidad una cuestión de amor?

Algo pasa por dentro. Algo nos pasa cuando rechazamos con premeditación la verdad y el bien.

miércoles 21 de septiembre de 2011

Por la mañana



Ese silencio que no acaba
de callarse del todo,
esa forma que tiene la brisa
de acariciar la memoria y la cortina,
esos papeles por el suelo,
la cama recién hecha (¡cuántos sueños
habré soñado en ella!), los pasos
que se acercan por el pasillo,
los besos de despedida...

Y no mucho más
es mi vida esta mañana.

martes 20 de septiembre de 2011

Y esta paz de estar con ella



Mi felicidad no es un sueño,
aunque esté dormida.
¿Qué podría escribirle? ¿Qué decir
de la alegría
cuando su respiración es mi vida?
Mejor callarme, porque sé
que todos los poemas la envidian.

lunes 19 de septiembre de 2011

Contemplando un libro de arte




Sí, el asombro de una rosa, o de la lluvia.
El asombro de un buen libro, o poema.
El asombro -siempre nuevo- de los besos
de mi mujer o de esa mirada
que nos desnuda del yo el alma.
El asombro de la belleza
de un cuadro de Sorolla,
y de esa pincelada de luz
que incide en el agua.

domingo 18 de septiembre de 2011

De literatura, poetas, libros y poesía



El ansia de conocer, de leer, de llegar a saber más, ¡de vivir!, ¿es en realidad una cuestión de amor?

Suma de libros. Gozo lector. Pocas cosas como sentarse a leer y abrir por esa página. Un regusto de alma, una constante alusión, e ilusión. Curiosidad impenitente. Ansia de libros, de conocer, de saber; de salir de mí mismo o de adentrarme un poco más en mí. Ahí están mis libros, aquí están: mis confidentes.

Poetas, poetas. La casa encendida, de Luis Rosales. Y Eliot o Cernuda, Rilke y Juan Ramón, Borges o Lope, Hölderlin o Salinas. Y los místicos españoles, y Claudio Rodríguez (que también era místico a su manera) y el mejicano Xavier Villaurrutia. Y tantos más. Y es cierto que releo mucho a Salinas, Siles, Jane Kenyon, Colinas, Miguel d’Ors, Unamuno, Ángel González y Antonio Machado. Y a José Jiménez Lozano, y a esa alma extraordinaria -aunque atormentada- que fue Giacomo Leopardi.

¿Es poeta sólo el que escribe poemas?
¿Quién es poeta?

A mí los buenos libros me inspiran, y los colores (soy fauvista convencido), y las mujeres guapas (soy católico, ya lo saben, pero católico de muy buen gusto), y el trigo a merced del viento (con unas cuantas amapolas rojas ribeteando la vista).

Lo leído -esa actividad intelectual y por lo tanto espiritual- se manifiesta también en un amor físico. De ahí ese gusto por los libros, por tenerlos cerca, por olerlos y acariciarlos, por subrayar en ellos nuestro propio existir. Son signo de una felicidad posible, son memoria y profecía, canto y aventura. Son vida y son literatura. Y sin querer casi, vas haciendo acopio de esa forma de felicidad que son su presencia.

Los libros siempre van conmigo. Haga frío o calor, trabajando o de vacaciones, alegre o menos alegre. Son medicina, catarsis, oración, compañía, consuelo, fortaleza, humor, brisa y defensa tantas veces ante lo más sórdido del mundo.

La poesía:
ese remanso.

Por Dios, que la literatura se entienda, y que la literatura trascienda.

Ese tipo de literatura empeñada en ser tan literaria, tan esencial y demás metafísicas librescas (allá cada uno con sus esencias y demás onanismos léxicos), va perdiendo rápidamente mi interés. Voy decantándome más y más por esos poetas y escritores que me cuentan sobre todo con naturalidad su alma. A las claras, y con ese prodigioso arte que es saber plasmar la emoción y su aventura, con diáfana luz.

La poesía es un intento de mirar la mirada de Dios; la poesía es quedarse embelesado delante de una fotografía y sentir cómo se nos van -o se nos vienen- los días; la poesía es rozar su piel en plena noche; la poesía es la sabiduría del alma (esa larga paciencia de amor); la poesía es esa belleza y esa conciencia; la poesía es esa razón última por la que se nos hace tan corta la vida.

sábado 17 de septiembre de 2011

Díptico de mediados de agosto


I

Algún día te encontraré del todo,
y veré con mis propios ojos
tu verdadero rostro.


II

¿Lo mejor? Lo que no se ve,
o lo que imagino,
y esa luz
que dibuja conjeturas en las paredes.


viernes 16 de septiembre de 2011

Ya iba siendo hora





Hoy es el día.
¿De qué?
No lo sé todavía.
Pero es algo bueno.
Presiento su maravilla.
Hoy es el día.

Y que se haga el cielo
en estas manos de tierra.
¿Qué será? ¿Qué misterio
desvelará mi vida?
Pronto sabré la sorpresa.
Hoy es el día.

Venga, vamos, hoy
es el día.
Hoy, sin ir más lejos.
Y se hará la luz
y el amor
y el fundamento.

Hoy. Así sea.

jueves 15 de septiembre de 2011

Nostalgia marina





El mar. Su profundidad. La mirada

que se extasía

y la memoria que lo navega.


No saber decir nada que diga

lo que sueña de verdad el mar.


Soñar su son y amar su don de maravilla.


(Caracolas de espuma

en el fragor de su música).


Lo recuerdas salpicando de luz

los cuerpos tendidos en la arena.

Lo recuerdas con el alma sumergida

en Dios

al contemplar su horizonte en ascuas

o vestido de bruma.


¡Qué dicha sentir el viento

cuando se hace ola!

O la espuma repentina,

o la huella que se borra, o la estela

de su belleza cuando nada.


El mar.

Mirar

siempre el mar.

Y amar

más todavía.