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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




domingo 31 de julio de 2011

Mis libros para agosto (I)



Quiero releerme "Robinson Crusoe" en la traducción de Cortázar, editado por Mondadori. (¡Quisiera leer tanto!). Pensar en un tiempo de soledad -con libros por supuesto-, ser un poco náufrago y pasarme horas paseando la mirada por el horizonte, y tumbarme muy largo para desentrañar las olas. Revivir la aventura, surcar la luz y dormir en una cueva. Escribir un verso en la arena y observar como llega la espuma y lo borra. Ser niño otra vez. Y quiero terminar de leer "Apenas sensitivo" (Pre-textos) de Andrés Trapiello, esos diarios que en sus mejores momentos me llenan el alma de cosas sencillas: de la misma vida cotidiana, con todos esos libros, con los amigos y la familia, y esas manías y poemas que todos llevamos dentro. Y leer "La herencia", de Nicholas Shakespeare (Duomo), una novela que me cautivó sólo con leer la contraportada. Como me sucedió con "Castorp" , de Pawell Huelle (Alianza), pues todo lo que tenga que ver con la obra de Thomas Mann, y en especial con "La montaña mágica", suscita mi interés de inmediato. Y en la maleta no faltará el último volumen -el IV- de los "Relatos de Kolimá", de Shalámov, ni tampoco "Una habitación en Holanda", de Pierre Bergounioux (los dos editados por Minúscula, editorial tan querida por mí). Este último libro, en su brevedad, me parece una obra maestra. Por eso quiero releerlo otra vez.


Otra novela sobre la que me gustaría volver es "Los libros son tímidos", de Giulia Alberico (Periférica). Menuda gozada de libro. No hay que perdérselo por nada en el mundo. ¿Dará tiempo para tantas páginas en tan solo un mes? Pues la verdad es que no lo sé, pero de ilusiones se vive. Y más de libros, que esperarán su oportunidad entre excursiones, piscina y alborotos familiares. Libros como los "Cuentos completos", de Evelyn Waugh (RBA), de los que he catado sólo unos pocos. O "Buen amigo", de Guy de Maupassant (Alba), o la curiosidad que me suscita "La hija del clérigo", de George Orwell (Lumen). O "Ingenuidad aprendida", del gran pensador Javier Gomá (Galaxia Gutenberg). Y entre toda esta vorágine de textos y sueños que están por venir, conmigo siempre van los fijos, o algunos de ellos. Como las "Poesías completas" de Salinas (Lumen), y las de Borges (en Destino, Alianza o también en Lumen), o esa obra crucial del siglo XX que son los "Escolios a un texto implícito" de Nicolás Gómez Dávila (Atalanta). Y un reiterado consejo: lean el apunte biográfico o delicado retrato que es "Julián Marías, retrato de un filósofo enamorado", de mi buen y sabio amigo Rafael Hidalgo (Rialp).


Postdata: Relativo a Borges. No me canso de abrir por aquí y por allá el extenso diario que escribió Adolfo Bioy Casares en su relación con el autor de "La moneda de hierro". El libro de Bioy se titula sencillamente así: "Borges" (Destino).

sábado 30 de julio de 2011

Ya casi me voy a agosto




Preámbulo. Casi. Prolegómenos de dicha. Hay que arreglar las bicicletas. El pequeño jardín con su higuera y la hiedra que trepa por la memoria. El óxido de aquella pala del abuelo, y la azada. Y las rosas que ya no están, pero que todavía veo. El Corazón de Jesús en la entrada de la casa, presidiendo el verano y mis lecturas durante la siesta del resto de la familia. Agosto en el calendario de la cocina. Cada día en su santo. El tiempo que va descontando los días, lo que queda. La bicicleta en la puerta, el saludo de las abuelas que van al médico o vienen de comprar el pan recién hecho. "¿Qué tal todos?". "Bien, bien, hasta luego". Y esa búsqueda de recuerdos en el desván, entre cacharros. Eso somos. Y la espera del cartero, que llegaba puntual al mediodía, con el periódico y la caligrafía de mis amigos. Horas y más horas de lectura, y de sol, y de noche con las puertas del balcón abiertas a los ensueños que dejaban en mí las novelas y los poemas. Ya está, ya llega, ya me voy de nuevo a todo aquello.

viernes 29 de julio de 2011

Somos mucho más que tiempo




(Para N.G.)



Vivir la vida… ¿Es sólo cuestión de tiempo?
Una persona me ha dicho
que no tiene tiempo para vivir su vida.
Por eso me lo pregunto. ¿Es cuestión de tiempo?
¿Es sólo cuestión de tiempo?
Dejo mis brazos sobre la mesa. Agacho la cabeza.
¿A qué llamamos vivir la vida, qué significa?
¿Y qué ocurre con el tiempo que tanto escasea?
Escucho
el compás de femeninos tacones sobre la acera,
mientras se alejan. Y ya no están.
Otros se acercan… y también se van.
Con el acompañamiento de unas voces.
¿Es éste fluir el tiempo?
¿Y la percepción que yo tengo
de su sonido no es la vida?
Pero hay algo más. Porque imagino
esas piernas que caminan; esos cuerpos,
y sus pensamientos, preocupaciones y fantasías.
¿Estaré yo perdiendo el tiempo cavilando otras vidas?
¿Desvarío? Pudiera ser. Tal vez. Aunque no lo creo.
Vivir la vida no es sólo sentirse vivo,
encorsetado en una cronología
o en el desmedido afán de hacer cosas.
Como tampoco es desvivirnos
en una incesante búsqueda del placer más inaudito.
¡Qué obsesión con el tiempo y su monólogo egoísta!
¡Qué agonía correr hacia no se sabe dónde!
Con esa ufanía y su lenguaje basilisco.
Vivir la vida es… ir más allá de los días,
y trascender el dolor y la queja y el síncope,
y demorarse en el adagio donde está la alegría.
Sin ni siquiera esconderse
tras el camuflaje del trabajo o de los libros.
Vivir la vida es aprender a poner cada beso en su sitio.

jueves 28 de julio de 2011

¿Qué es para mí amar a alguien?



Amar a alguien significa para mí, de entrada, ver su alma. Y además estar atento a su mirada para cuando me necesite. Es sentirme mejor, más completo, más en plenitud de mí mismo. Amar a alguien significa para mí estar atento a sus detalles, al mínimo gesto de sus palabras. O a esos silencios que conmueven. Amar: darme. Dar, tener ganas de estar juntos para hablar largo y tendido sobre la vida y aledaños, sobre los sueños que tengo (o tiene) o las preocupaciones que siempre llegan. O escucharnos sin decir nada. Amar a alguien para mí es no olvidarme de su alma, es la confianza y la confidencia, es como un cambio de vida: la vida, mi vida, desde otra perspectiva. Amar, ser amado. Suprema delicia, verdadero y vivo poema. Amar a alguien es encontrarte por fin más a tus anchas en la vida. En tu vida, y en la suya. Sobre todo en la suya. Y comprender mejor lo que te pasa o le pasa, o simplemente ocurre, o maravilla. Es ese alivio, esa naturalidad para decirle que le quieres o que te ayude. Amar a alguien es comprender lo que significa de verdad nuestra existencia, el destino y el afán de cada día y de cada sueño.

miércoles 27 de julio de 2011

Hoy necesito enamorarme





Hoy. Un excelente día. Esa luz
que se posa y se adentra.
La gente. Confianza.
Calor. Unos poemas de Machado
y otros de Cernuda. El alma
que se asoma entre las palabras.
Pujanza de la vida. Y siempre nostalgia
de Dios. Relecturas. La mañana y la tarde.
Todo tan escaso, tan breve.
Poesía que se queda suspensa
en esa luz, en ese rostro.
Se estremece la sangre
en el pulso del hombre.
Constatación de fe y de belleza.
Unos ojos que te miran. Y los aceptas.
Oscura visión, sombras y tibios ensueños.
La vida a veces es sólo una instantánea:
ese momento concreto de aurora,
de comienzo. Vida: morada
de constelaciones. Raciocinios, iluminaciones.
Vida: un enjambre de tristezas.
La divina tragedia en el centro de la historia.
¡Tanto por amar! Esos labios son el quicio
o quizá la entrada.
Labios, llaga. Herida
que sangra esta luz nívea.
Un gran día en el que nace
una nueva impresión de la vida.
Mi vida es hoy, con un poco de memoria
de ayer, que me recuerda.
Soy lo que hoy miro,
soy este laberinto por el que voy.
Estas calles llenas de pensamientos,
de árboles, de signos. El mundo en el que vivo
y la vida que me habita.
Caricias de luz, de tiempo, de piel.
Y Dios, su Cuerpo. Confianza.
El alma que se aferra a la belleza.
Miradas ensimismadas o arrebatadas
por los colores de esas faldas.
Hoy, en este punto,
con mis costillas y vértebras,
con los músculos y nervios,
con todas mis benditas potencias.
No necesito hablar con claridad,
necesito sentir con claridad. Enamorarme,
desnudarme de apetitos ambiguos o sílabas enjoyadas.
Vivir hoy, no mañana, hoy;
y vivir enamorado,
pendiente de los sagrados ritos de la mañana
y del temblor de sus pestañas.
Desnudo, muy desnudo,
hasta alcanzar la pureza de lo sencillo.

martes 26 de julio de 2011

Limpieza






Huele muy bien el limpiacristales.
Y también el alcohol de limpieza, el perfumado.
La cocina está quedando como nueva. Menuda faena.
Hay que poner la leche en su sitio (semidesnatada),
y recoger la fruta y el aceite y el zumo de naranja.
Vaya, un huevo sale roto. Con afán froto los muebles
y las embaldosadas paredes en azul y blanco.
Recuerdo el verso de la poeta griega Kikí Dimulá.
“El polvo no se quita, no se agota”.
Con una pera en la boca ordeno los platos y los vasos,
y pienso en los que nos han dejado,
añicos de la vida que se resbala,
que se despista, y cae a veces, y muere.
Sí, el reloj ya está como una patena. Limpio
a fondo las fotografías del pasillo. Froto el tiempo,
y le saco brillo a la nostalgia.
¡Cómo me miran todos! Con cuidado
limpio los marcos. Quisiera volver a esos sitios
donde la felicidad fue posible (o eso creo ahora).
El paño se ensucia con los años.
Cada vez hay que limpiar más a fondo las cosas.
No te puedes fiar de nada. La vida se nos mancha
sin querer, o puede que sea queriendo, con plena conciencia.
Y vuelta a fregar, a barrer y a pasar la mopa,
con esa cadencia que da el amor y su paciencia.
Hay que estar atento a las esquinas y recovecos.
Es como el alma, o como el corazón de cualquiera.
No puedes dejar pasar una semana sin lustrar la casa,
y abrir de par en par las ventanas,
y desinfectar y mirar por debajo de las camas
y de lo que haces con tu vida.
Que todo quede pulcro.
Y respirar esa fragancia que se desprende de la madera,
o de la memoria, en aquella infancia enjabonada.
De estos asuntos voy discurriendo,
mientras me aplico al enorme armario de mi dormitorio
y a mi mesa de trabajo, donde escribo
estos versos que supongo no importarán a nadie.

lunes 25 de julio de 2011

En una libreta




Yo leo para vivir absolutamente, radicalmente. Leo para sentirme hombre en plenitud. Para no quedarme atrás, en una insensata modorra espiritual. Y leo también para amar con más finura a los demás. Para aprender a escuchar y comprender que mi vida es un prolongado descubrimiento de la verdad.

Son muchas las ocasiones en las que cuando me preguntan por un buen libro respondo que todos deberíamos leer una y otra vez "Mortal y rosa" de Francisco Umbral. Y cuando me insisten en qué libro me hubiera gustado escribir sin dudarlo ni un segundo digo que "Historia de la lectura" de Alberto Manguel.

El deseo de tener libros y más libros, y encima leerlos, tiene mucho que ver con mi innata tendencia a la curiosidad, y sobre todo a la confidencia.

En casa todos se afanan, van y vienen, y no dejan de hablar. Mientras que yo ando pendiente de dos nubes muy blancas.

En mi regazo la "Ilíada", de Homero, "un ciego que habita en la escarpada Quíos", y que narra la épica de los guerreros, de la lucha, del valor y vigor que se requieren para solventar, entre otras cosas, el paso de los días o la tormenta del dolor que en tantas ocasiones nos desbarata los planes.

Abres el libro en plena noche. Lees su silencio, y a las pocas palabras te quedas quieto en medio de la página, del silencio y de la noche. La mirada no sigue, su lectura es otra, justo en ese punto del yo, o quizá de un mundo que no conoces. En la luz de esta noche.

Se acerca agosto. Y agosto es el olor de las plantas recién regadas, es el frontón, es el pozo, es la bicicleta que pedalea hasta el atardecer, es el jardín encalado de un resplandor blanco, son los poemas de Luis Rosales o Leopoldo Panero ("vivir desde siempre a siempre"), es la torre donde las palomas dibujan el misterio de tu felicidad, que quizá comienza a volar un poco.

La alegría nunca llega sola, viene siempre con alguien.

domingo 24 de julio de 2011

Saber leer


(Apunte escrito a pie de una de las páginas de "Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea", de Annabel Pitcher)



Y yo me pregunto: ¿Qué se requiere para saber leer en profundidad una obra literaria? Y no un libro cualquiera de andar por casa o de autoayuda o novela sin un mínimo de nada. ¿Qué ciencia lectora es esa que cala en la entraña de la prosa o del poema? No se trata de erudición, eso lo tengo claro, o de una mera acumulación de lecturas; es algo muy diferente, es algo que tiene más que ver con el misterio del alma, con esa forma de contemplar los días y las cosas. Leer es ir enamorándose de ese lenguaje elaborado por la vida, o de esa vida descifrada por el arte. Leer es ir transformando la realidad en la claridad de nuestros sueños. ¿Qué otro asunto puede ser? Y en algún momento dejas de ver las palabras, y la literatura puede que te vuelva del revés la vida, dejando a la vista el alma.

sábado 23 de julio de 2011

Al hilo de lo que vivo (y II)





Respirar, pasear. Contemplar el cielo a tus anchas. Pensar. Mirar como se abrazan las nubes y las plantas. Familia. Palabras. Silencios. Imaginaciones. Un viaje largo quizá. Sueños que son verdad. Amigos. Quisieras saber pintar los detalles que nadie ve. Amor. La comida, estos hijos. Mi infancia que corre hasta donde estoy ahora. Inspirar el perfume del campo. Plantas cuyo nombre desconozco. Azul, verde y esta luz.

Basta un color, un simple sello, mirar la hora, el difuso dibujo de la alfombra… Y ya te encuentras lejos de aquí.

Fijaros lo que es la felicidad en un momento dado. Un poco de brisa, el piar de unos pájaros (creo que gorriones) y un poema en donde me reconozco. En este momento no envidio a nadie.

Comienzo a leer "Nada hay donde la palabra quiebra", antología de poesía y prosa de Stefan George, traducido por Carmen Gómez (Trotta). Con permiso dejo para más tarde la introducción, prefiero ir directo al grano de la Poesía. Y me entretengo largo rato en su poema 'Paz', que concluye así:
"(...) No quiero pensar más .. no puedo más:
Sólo inclinar mis rodillas quiero
No pensar nada - apenas rezar".

En esto del amor uno siempre se queda tan corto, tan escaso, tan cicatero, tan egoísta, que no tienes más remedio que abrazarte a él con más fuerza, con más confianza, con más abandono.

Los carretes del tendedor chirrían por el tiempo. Y como sin querer te quedas mirando el desconchón de esa fachada vecina. Está húmeda la camisa y en una nube cualquiera está toda la historia universal de la literatura. ¡Qué cosas!

Sucedidos y avatares. Espuma de la luz. Colores, caricias. Cosas menudas que me hacen feliz, como si nada.

¿Qué hago con las palabras, qué digo? Si lo mío es callar y estar contigo.

¡Qué tiempos! Contra-Dios cualquier aserto es digno de mención y prestigio.

Tantos años y todavía no he aprendido a mirarte.

La poesía -como la vida- es un largo desprendimiento. Un ir puliendo el alma y el idioma, hasta llegar al meollo de todo sin excesivo atavío.

De por vida esa sensación de no estar nunca en el momento y lugar que quisieras.

¿Quién es el guapo que piensa que ya tiene bastantes libros en su biblioteca?

La posición más usual que tengo para leer se situa en el sillón orejero al lado de la ventana. Detrás de mí todo un cuerpo de estanterías. Y de vez en cuando un vistazo al cielo. Tampoco se está mal repantigado en el sofá cuando no hay nadie en casa. O durante el verano en una hamaca o sobre la hierba, en la piscina, a media tarde, cuando todo parece más infinito.

Primero el libro de la vida, que está a nuestro alrededor. Y el de esa otra que está en nuestro interior. Aprendiendo a contemplar sin prisas los juegos de nuestros hijos, los labios de nuestra mujer o el color de los geranios. Pero un buen libro de poemas ayuda a descifrar el estremecimiento de la realidad, a mantener erguida la voluntad, a calibrar la cadencia de Dios.

La poesía está en el mes de julio, entre las sábanas del amor conyugal, en la filigrana de la espuma de las olas, al abrir una ventana, en la caricia del agua, en la femenina cintura, entre las ramas de unos chopos, en esos ojos que nos miran…

El bullicio de la calle es como un cuadro futurista de Gino Severino, tal es el caos de líneas y colores. La realidad se nos escapa o se difumina en indiscriminados deseos. Quisiera vivir dentro de un paisaje de Corot y respirar allí dalias, calas y retamas. Y la luz duda en su reflejo y hace que la materia se desmorone en pinceladas concisas que yo miro como si fueran todas de Monet.

O somos amantes o no somos nada.

¿Qué podemos esperar de la vida? ¿Qué ideas, qué metas, qué magia?

viernes 22 de julio de 2011

Al hilo de lo que vivo (I)





En realidad escribo para que alguien se acuerde mí. Suponiendo que ese 'alguien' no tenga otra cosa mejor que hacer.

La degradación de la novela en el fondo es consecuencia de la degradación de la propia vida.

Que una mujer sea discreta, ahorradora, trabajadora, detallista... Vale, me parece estupendo. Y posiblemente, en muchos casos, incluso necesario. Pero creo que sobre todo debe ser CARIÑOSA.
¿Y el hombre? Pues lo mismo, pero doble ración.

¿Será un sueño que creía perdido? ¿O será un enredo más de los que se gasta conmigo la vida?

¿Y quién no ha soñado alguna vez que esos poemas que está leyendo los ha escrito en realidad él, que son suyos, de su adentro? Y es que el lector vuelve a escribir lo que está leyendo, lo revive, lo 'realma', como un líquido que se adecua a un nuevo continente, y siendo igual es distinto, y se derrama como un amor lejano, que regresa.

Libros llenos de arena y sol; en mochilas y maletas, a sotavento o junto a los helechos; paseando entre las olas y en la panorámica de la montaña. Libros clásicos o inmediatos; sobre el tapiz del césped o asomándose a la terraza de agosto con vistas a los chopos; nuevos o de esos otros de antaño más experimentados en nuestra compañía. Todos esos libros en los que vamos guardando los días en forma de hojas y glosas.

¿Quién nos conoce realmente? ¿Quién sabe de nuestros más íntimos deseos? ¿A quién le interesa lo que pensamos o sentimos? ¿Somos alguien para alguien?

En el hombre bulle la luz, una luz que puja por esclarecer el temor o la incertidumbre.

La lluvia en la noche, sus acordes, y ese profundo olor de tantas veces. La lluvia, su sonido en el patio interior, y esta paz que me mantiene despierto, tan consciente de lo que vivo.

Sé el que eres. Lo dejó dicho el gran Píndaro. Sé la verdad de ti mismo, no la máscara. Requiere valor ser fiel a lo que uno es, a lo que uno cree, a lo que uno piensa, a lo que uno sueña (al proyecto que uno quiere ser). Guillermo, sé. Indaga en tu ser, vuelve a tu ser: a la verdad más honda de ti. Entonces ocurrirá: verás que tu vida es un gozo, una plenitud de amor que te acoge. Y todo volverá a su ser.

jueves 21 de julio de 2011

Que si las corrientes de viento, que si el tiempo


¡Cerrad esas ventanas! Vuelan mis papeles por la habitación. Un portazo. Y un grito. El susto. Se ha caído el óleo de los niños bañándose en Panticosa. Ahí está, detrás de esas plantas. Nadie me hace caso. ¡Cerrad esos balcones por Dios! Revolotean unos poemas (que no es mala cosa para un poema) y un ABC de 1961 (sábado 14 de octubre) enseña de repente todas sus amarillentas páginas. Vaya, en Guadalajara torearon Curro Girón, Luis Segura y El Viti. El viento me trae otro tiempo en el que yo ni siquiera estaba. Y una postal de Roma que acaba debajo de la mesilla. (¿Cerráis o no?). Me pongo de rodillas para buscarla y acabo sentado en el suelo releyendo algunos textos de los “Tres tratados de armonía”, de Antonio Colinas. Y me quedo contemplando la frase “tiembla la mañana en el naranjo cargado de flores”. Y una fotografía de los dos -con flores y palomas- y La Seo de fondo. Y la portada de “El despertar y otros relatos”, de Kate Chopin. ¡Qué corriente tan fuerte la del tiempo! ¡Cerrad las ventanas! ¿No veis que acabará rompiéndose algo? Ya ni fuerzas me quedan. Dejo los papeles por el suelo y me pongo a escribir sobre todo esta racha de aire que cruza mi vida de punta a punta. La vida: una casa, con sus habitaciones, rincones y pasillos. Con sus corrientes y alborotos, con sus costumbres descalzas o vigilias, y tantos espejos que reflejan el amor o cualquier otro designio.

miércoles 20 de julio de 2011

Almas puras



Almas puras. Como aquel viejo pastor
que te hablaba de las estrellas.
Como aquel hombre curtido por la luna
que te señaló el aroma de un puñado de tierra
y te dijo: "cierra los ojos y respira".
Como aquel niño que eras
cuando coleccionabas olas entre las piernas.
Sabiduría innata,
espontánea, sencilla.
Almas puras...


martes 19 de julio de 2011

Instrucción amorosa





Cada día voy a fijarme en un detalle
de ti,
y lo examinaré detenidamente junto a mí,
punto por punto, con esa demora
que pone la luz en las cosas.
Cada día voy a aprenderme de memoria
lo que eres: en mí.
Voy a amarte sin dejarme nada,
ni siquiera un resquicio de alma,
ni la más leve mirada
o ese roce que tú sabes;
para que cuando no estés
sigas estando en mí, que no te vayas.

lunes 18 de julio de 2011

El paisaje interior de unos haikus






(Para Nieves Gallardo)

Querida amiga:
Calla, no digas nada,
es sólo un haiku.


Ana, te quiero.
Pero quiero quererte
más, por completo.


Rosa amarilla.
La belleza del alma
con sus espinas.


Llego a mi casa.
Algo tan cotidiano
en su milagro.


Cinemascope
de incandescentes nubes
tras los visillos.


‎- ¿Qué ves en mí?
- Esa felicidad
que no ven otros.


La luz, el gozo
del volver a ver su alma
cuando amanece.


Soy sólo un hombre.
Pero un hombre que sueña
con mucho más.

domingo 17 de julio de 2011

Moho en la fe




No es mal símbolo. Moho en la fe. Y me dio en qué pensar. Paso a contar. El hecho es que hacía años que no ejercía de monaguillo. Sí, monaguillo. Esos niños -o no tan niños- que ayudan al sacerdote católico durante la misa en cuestión, en esa vuelta al sacrificio del Gólgota. Sucedió en un pueblo. Estábamos multitud. Si contamos, claro, a los ángeles y a otras almas que andan por el Cielo o por el Purgatorio y que estoy convencido hicieron allí acto de presencia. Si dejamos de contarlos estábamos mi familia, los cinco. Y el cura, mi tío. Seis. Más Dios: tres Personas, aunque en este caso de calado infinito. Bueno, pues eso, los que estábamos. Con fresco y con paz, entre aquellos viejos y silenciosos muros del XVI o XVII. Me fijaba en los cada vez más escasos confesionarios, en la piedad de las tallas, en la luz, en ese espacio sagrado desde donde tanta gente ha implorado, ha llorado, ha cantado, ha renacido.

¡Qué quieren que les diga! Según me iba fijando, me daba cuenta de lo poco que cuidamos los católicos a Dios. Yo el primero. Sobrenaturalmente desde luego, pero materialmente es notorio. Y cuanto más me acercaba al Sagrario más evidente se me hacía el descuido. ¿En qué consistía? Veamos. El altar. Ese lugar donde Cristo se hace Hostia, donde se renueva la Cruz, con el Cuerpo, Sangre, Alma y divinidad del Verbo encarnado. Ese lugar acrisolado por la santidad y el Amor. El altar: ese lugar que trasciende espacio y tiempo, esa Eucaristía desde donde mana el sentido y la felicidad de todo. Bueno, pues allí había un misal descuadernado sobre un cojín mugriento y descosido, y una única vela metida en un cacharro de plástico con arena. Lo más moderno y limpio era el micrófono. Ni siquiera un crucifijo. El mantel con esas características cagadas de mosca. Y el alma en los pies. Limpiamos lo que pudimos, con unas toallitas enjabonadas que salieron del insondable bolso de mi mujer. Y ella fue la que puso unas flores sobre el altar. Pero lo peor estaba por llegar.

Pongo a Dios por testigo que me esmeré en mi oficio de monaguillo. Sentí que hubiera desaparecido toda noción de campanilla (no debe gustar), porque todo aquel que haya pasado alguna vez por estos avatares sabe que hay dos cosas con las que el acólito disfruta sobremanera: la campanilla y pasar la cesta o la bolsa entre las almas. Y en tiempos tocar las campanas colgándose de aquellas enormes sogas (ahora hasta los badajos se mueven sólo mediante la electricidad) que te elevaban en el aire en un grito. En fin, que me quedé sin tocar la campanilla durante la consagración. Pero antes ocurrió lo del moho. Previo al ofertorio el monaguillo concienzudo pone sobre el altar el pañito llamado manutergio, y sobre él la vinajera. ¡Dios! Lo que vi entonces me sobrecogió. En el jarrillo del vino pude distinguir una capa asquerosa de moho que allí flotaba. Corrí a la sacristía para ver alguna rápida solución. Había otras vinajeras, pero todas sucias, impresentables. No tuve otro remedio que salir con la botella del vino en ristre y servir así directamente en el cáliz. Un tanto rústico y poco elegante, lo sé, pero no tuve otra opción.

Al terminar la Misa limpie el moho a conciencia, y también la patena, y pensaba que todo aquello, esa falta de finura y de cuidado en las cosas de Dios, es claro síntoma de una cada vez mayor falta de fe. Empezando por los sacerdotes. No hay excusas. Y no juzgo: razono. Hacen falta muchas tragaderas en el alma para tener a Cristo entre tanta mierda.

sábado 16 de julio de 2011

Limón y canela




Comienza el día. Un beso y los buenos días. El sueño que adormece todavía los ojos y arrastra exhausto el cuerpo, y los pecios de esos otros sueños que soñé o me soñaron de noche. Mañana de julio, este sol que entra por la ventana y se mete curioso por debajo de la cama. El frugal desayuno, el aseo y un vestido en blanco y negro que recuerdo o veo. Ese espejo donde mi madre se miraba el alma y se curvaba las pestañas; ese peine rojo y la colonia de limón y canela. Y el agua del grifo, clara y cotidiana, donde dejo mis manos y donde pienso en aquella otra de la infancia, en el brocal del pozo de los abuelos. La vida parece que es todo ese montón de cosas sin importancia. Y en realidad lo es. Pero con el amor y el tiempo van adquiriendo distinta prestancia, mayor calado, y en ellas -no por acostumbradas son menos maravilla- vamos tomando conciencia de lo que somos. Es lo habitual el origen de lo extraordinario. La vida. Vivir. Ver. Intentar darnos cuenta. Y ese cojín dejarlo en su sitio.

viernes 15 de julio de 2011

Uno es feliz





Yo creo que uno es feliz cuando el alma sonríe,
incluso a pesar del dolor o del sufrimiento o contrariedades.
Uno es feliz cuando se da cuenta de la belleza y la contempla.
Uno es feliz cuando intenta hacer felices a los demás
y se olvida de su insistente yo, tan pesado.
Uno es feliz cuando la mirada está limpia
y es coherente y educado.
Uno es feliz cuando no critica, ni ambiciona supercherías.
Uno es feliz cuando intuye a Dios en su vida.
Uno es feliz cuando no se conforma
e intenta amar más todavía.
Uno es feliz.

jueves 14 de julio de 2011

Retazos de una mañana de julio




Refresca el tiempo. Como todo en la vida -excepto las contradicciones- durará poco. Las ventanas abiertas, y la ropa recién plegada. Las doce. El ángelus. La casa con sus recuerdos de familia. Me miran desde las fotografías, y repaso las plantas y esas flores azules, rojas y amarillas pintadas al óleo. Ordeno las mesas, limpio un poco el polvo y aliso el relieve de una manta. Demasiada corriente de aire. Me gusta esa hiedra de luz que trepa por el espejo y las paredes, y el cromatismo de los libros donde me extasío. Ay, los detalles. Cosas donde te entretienes a pensar la vida. Al menos en alguno de sus días. La vista se te queda enganchada en el tarjetero naranja o en un collar que cuelga del picaporte de la puerta del dormitorio. Y vas y lo escribes, no se sabe muy bien el motivo. Puede que sea para rememorar dentro de un tiempo lo que vivo, lo que ahora ocurre, con esta corriente de aire, con las plantas, la ropa y los libros. Y las palabras se van fijando en lo que miro.

miércoles 13 de julio de 2011

El amigo





¿Qué es un amigo?

El amor de un abrazo

cuando hace falta.

¿Qué es un amigo?

La mano o la palabra

que te sujeta.

¿Qué es un amigo?

El silencio que escucha

tu confidencia.

¿Qué es un amigo?

Alguien que no te deja

en la estacada.

¿Qué es un amigo?

Un alma que te quiere

tal y como eres.

¿Qué es un amigo?

El mismo amor de Dios,

su Providencia.

martes 12 de julio de 2011

Trozos de prosa


Los pies en el borde. El cuerpo levemente inclinado. La mirada en el fondo. "¡Venga, venga!". Me salpican unos niños. El sol, la hierba, los sauces. Me lanzo. Abro los brazos y las piernas. Me estiro en el aire. Y de pronto el agua que me deja paso, que me rodea. Y me dejo llevar por el impulso, entre burbujas y brillos. Esa paz donde buceo ahora, ese lustre azul en el que pienso los años.

En realidad deberíamos escribir sólo aquello que necesitamos decir. Sin cortapisas ni camelos. Sin estar a sueldo de nada, y sin fijarnos en modas y monadas. En esa necesidad puede que encontremos algo de genio (no de gremio), y que algún lector cuando nos lea lo sienta como suyo y piense: “Esto es, esto es lo que yo buscaba”.

El amor es cordura y es locura. De ahí el drama, la pasión y su hondura. De ahí su genuina aventura, la incertidumbre y la constante insatisfacción del corazón. Y el dolor. Pero también esos instantes de felicidad y de ternura, esa vida que no cambiaríamos por nada porque nos parece casi infinita.

Alguna vez habrá que preguntárselo. Digo yo. Parar y pensarlo. ¿Para qué estoy yo en este mundo? Así, de pronto, se queda uno como muy quieto, boquiabierto, incluso asustado, o lelo, o con cierta tentación escapista. Cuesta ser sincero, salir de los acostumbrados espejismos. La pregunta se las trae, lo reconozco. ¿Qué decir? ¿Qué pensar?

La literatura es, en innumerables ocasiones, una plegaria. Puede que escondida o camuflada entre fantasías, equívocos, blasfemias o retóricas alharacas. Pero hay un deseo innato, un anhelo, una cifra que Dios no deja de leer con cariño de Padre. Él es el único lector que se adentra en nuestra más profunda inquietud y significado.

Nos hablan de cultura por mil sitios, en una constante propaganda mercantil y política. Es una cultura del entretenimiento, sin más. De pasar los ratos de nuestras vidas en una afasia espiritual que nos impide darnos cuenta de la plenitud trascendente del hombre. Esa plenitud que sobre todo se manifiesta en el amor por los demás.

¿Ser romántico es una debilidad inaceptable, es un estado de ánimo que debilita la voluntad, es sólo una idea más o menos literaria plagada de ensueños que nos alejan de la realidad? Yo soy romántico. No se trata de gazmoñería o simple pose. Es una necesidad, es apreciar lo que ocurre con mayor demora, sin miedo a manifestar la propia ternura. Ser romántico es una cualidad imprescindible para el ser humano.

En un rincón de mi despacho leo, o amo. ¿Dónde está la diferencia? Pues eso: amo, digo leo. No se trata de tiempo, es otro el fundamento. Como si toda mi existencia hubiera estado preparándome para esto que ahora veo y que no sé explicar del todo bien, pero que siento que es el centro de lo que yo verdaderamente soy. O creo que soy, y siento. En un rincón del Universo, como iba diciendo, leo. O amo. Tanto da.

lunes 11 de julio de 2011

Desgana






Las cosas claras
desde el principio del poema
(suponiendo que lo sea):
Dios mío, no tengo ganas de ti.
Y tampoco creas que me esfuerzo mucho.
Te amo, pero creo que me amo más a mí.
Pero te amo,
aunque sea de una manera tan distraída,
te amo hasta cuando no te amo
y devano alguna que otra fantasía
de vida más llevadera.
Me da vergüenza ser así,
después de todas las sádicas torturas
y muerte que has pasado por mí.
Pero me doy la vuelta, cojo un libro
o me pongo a mirar por la ventana
por si veo algo sobre lo que escribir.
La vida, Dios mío, tu Vida, mi vida
sólo es la cáscara de unas cuantas palabras,
y no avanzo con el alma. Esa es la única verdad.
Tanto almendro en flor, tanta nube y armonía,
y tanta sensibilidad pletórica de nada.
De nada tuyo, quiero decir.
Así estoy: a medias de todo.
Con la mirada extraviada en esa desgana
que son para mí los días
cuando me aparto de ti.

domingo 10 de julio de 2011

La liturgia del poema



Un poema no es fácil de escribir, lo parece, pero no lo es. Miras a tu alrededor o de tu interior llega una cierta inspiración, una emoción o pensamiento, que te conmueve e impele a buscar palabras que digan o expresen lo que verdaderamente ha ocurrido u ocurrió. Palabras y un cierto ritmo, esa medida del alma, ese compás. Quieres dejar constancia de esa mirada, del amor que es toda belleza. Es una manera, pues eso, de amar, de indagar en la transparencia de la luz o en la luz de la noche. Escribes y escribes, mides, cifras tu dolor o un poco de felicidad. Caes en el detalle, en la minucia, te das cuenta del milagro que es la vida. Y tu anhelo crece, insatisfecho siempre. La vida es algo más. Las palabras son algo más. En lo más corriente arrecia el pasmo, esa sensación de que la poesía está justo ahí, en ti, en ella, en todo, dentro. Y vas tanteando las palabras y su nostalgia de fuego o de armonía. Un poema parece fácil, pero no es nada fácil acertar con la maravilla, con la enjundia de las cosas. Somos hombres y somos almas. Y el alma sensible percibe que algo pasa, que en una rosa amarilla o en ese chopo o en esas piernas o en esa colcha o en esa claridad del cielo o en esas olas hay un mensaje, una trascendencia, una sorpresa. La poesía es el idioma con el que Dios nos habla, es la memoria del Paraíso, es la esperanza. Es así, aunque lo nieguen tantos. Es así, porque no puede ser de otra manera. El poema no deja de ser plegaria, palabras y miradas, esa liturgia excelsa y minuciosa de la existencia que vivimos, del existir en el que amamos.

sábado 9 de julio de 2011

Cosas que ocurren




I

Un buen día descubrí las palabras,
tuve conciencia clara de su gracia.
Escribía mar: escuchaba olas,
escribía luz: se encendía todo.

II

De pronto una imagen repentina:
el mar, su espuma.
Aquella fluorescencia
a la luz de la luna.

viernes 8 de julio de 2011

El telediario es ella




El telediario.
¡Qué importan las noticias!
Mirad sus ojos.
Mirad sus labios
que besan las palabras
con esa lengua.
Belleza que habla
de un sinfín de batallas
de amor con ella.

jueves 7 de julio de 2011

Un ser en interioridad



Conceptos como austeridad o sobriedad, tengas poco o mucho, son como fantasmas que no vienen a cuento, que ya son ganas de aguar la fiesta, con lo bien que lo estamos pasando. Tan apegados estamos a la molicie, tan aturdidos y codorros.

La soberbia puede no dejar ver la miseria moral, viviendo en un frenesí suicida.

El hombre es un ser en interioridad.

Son cosas leves, sencillas. La brisa que junto con el ruido entra por la ventana. El reflejo del mármol y del espejo. Un poco de sol en la pared. Un piano que comienza a soñar -o sonar- su música justo al lado. El ventilador que me despeina. El alma que busca palabras. Un libro de Annabel Pitcher sobre la mesa. Un apunte de violín repentino.

Unos tipos, día y noche en la inmediaciones de nuestra casa. Pasan la vida bebiendo, desde primera hora. Porque les resulta amarga. Borrachos se mean, deambulan, se tumban en la acera, vomitan. ¿Unos desgraciados que molestan nuestras apacibles existencias? Pero la caridad debe sobreponerse al asco y a lo que se tercie. Son personas, almas que buscan una esperanza, un sólo punto de luz donde apoyarse. Algo, alguien.

A veces el mejor argumento es una caricia, o un beso, o ese abrazo donde todo se comprende.

La vida es la más excelsa novela de misterio. Todos buscamos su significado y el destino que nos aguarda. Con su dosis de intriga, que nos desvive.

Mi vida no es gran cosa, nunca lo ha sido y seguramente nunca lo será; pero dejando esto claro, debo de decir en justicia que el amor de Dios me ha regalado su sentido, su alegría; dicho amor ha conseguido que sonría en momentos complicados, que persevere y siga. Mi vida no es gran cosa, pero hay algo extraordinario en todo esto que vivo, o que me vive, y que consigue mantenerme el alma en vilo.

No siempre sirve la literatura. En su grandeza no acaba de saciar la sed de una continua insatisfacción. Podemos no querer reconocerlo, pero es así. Leemos y leemos. Con los años se nos cansa algo más que la vista. Libros de mil autores y materias. ¡Cómo los amamos! ¡Cómo nos deleitamos con su presencia! Los abrimos con esperanza y con una caricia. Leemos y releemos. Sin embargo… Lo saben ¿verdad? Hay algo más.

miércoles 6 de julio de 2011

Eucaristía


Resulta hipnótico
el Cristo, contemplado
y vivo en la Hostia.
Divina esencia
resucitada en cada
hombre que le ama.
Y el alma mira,
y en el amor se abisma
y se confiesa.
Eucaristía
consagrada en la Cruz.
Dios se desangra.
¡Qué Hostia tan blanca!
¡Qué infinito misterio
el de mi fe!

martes 5 de julio de 2011

Remoloneando



Por Dios, con este calor no hay quien haga nada. Para rezar estoy yo, como para poner los cinco sentidos en el alma. Que no. Me limito a hacer la cama con un titánico esfuerzo y a recoger el desayuno de esas maneras. Pero me quedo ahí, con los platos en la mano y echando un vistazo a no se sabe dónde de algún remoto sueño. Debería, tendría, convendría… Y sigo en la misma posición de todo, remoloneando entre palabras, cruzando las piernas y poniéndome bien el pelo. ¡Qué poca variación en mis días! Sentado aquí, acariciando los libros e imaginando el lugar ideal de lectura. Quitando un poco el polvo, poniendo cierto orden en los bolígrafos, plumas y lapiceros. Bueno, supongo Señor que esta es mi oración, la manera de decirte que, en fin, a pesar de la desidia te quiero y te necesito. Mira, se me acaba de pasar por la cabeza una playa. Ya sé que no es ninguna consideración ascética, pero yo te cuento. La playa pudiera ser de Acapulco o alguna cala de Santander. Dándote las gracias por ese cielo y por ese mar, y por esas olas omnipotentes que me acercan tu presencia. ¡Esta cabeza mía! De golpe me quito las gafas y veo una biblioteca enorme, donde curioseo durante horas. Es eso mi vida desde hace semanas: una permanente y continua curiosidad. Un constante paseo por aquí y por allá. Dios mío, el ensueño de la bartola, ese sonido de las aves y ver como se deslizan los gatos por las escaleras y tejados. A veces todo mi entretenimiento se resume en una ventana, o en toda esa luz cuajada en su espalda. ¡Qué voluptuosa me parece la vida! ¡Qué llena de deseos y de hermosura! La vida, con su alma y el silencio que la acaricia. La vida, como una dama que se ruboriza cuando la miras. La vida, esta plegaria tan imperfecta, este amor que se entrega.

lunes 4 de julio de 2011

Por la autovía



Las nubes arracimadas en el horizonte.
La luz que duerme la siesta sobre los trigales.
Árboles aislados y casas deshabitadas por los años.
Caminos que no hollarán nunca mis pasos.
La mística de los cipreses en los cementerios.
Esos pueblos donde ya no nace nadie.



domingo 3 de julio de 2011

El asunto de escribir


- ¿Para qué escribes tú?

- No sé muy bien. Escribo

para mirar de nuevo

el alma de las cosas.

- ¿Para algo más escribes?

- Quiero dar con un poco

del amor que es la vida.

... Y decirlo sencillo.

sábado 2 de julio de 2011

Escucha



Yo te prefiero

a todas las palabras

del diccionario.

Yo te prefiero

a los mejores versos

del universo.

Yo te prefiero

a ti, sin nada más.

Yo te prefiero.

Así de guapa,

así, como eres: alma

de mi propia alma.

viernes 1 de julio de 2011

Impotencia


Señor, no te alejes (Salmo 22)


Dios mío, ¿qué hago,
por dónde voy? Yo quiero,
pero no puedo.
Solo no puedo.
Me pierdo y no me atrevo
ya ni a mirarte.