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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




sábado 24 de diciembre de 2011

¡Feliz, muy feliz Navidad a todos!


Navidad. Y los dedos se quedan suspensos sobre el teclado. Navidad. Y se impone la niñez, sin remedio. Los abuelos, los villancicos, el turrón, los regalos. Y el belén, y el árbol. Y las carreras por el pasillo. Aquella felicidad. Y los ojos de mis hijos, donde siempre es Navidad. Y el aroma de la comida. “Mamá, mamá, ¿te ayudo?”. Y la sonrisa de mi madre, que me enviaba al portal para darle un beso al Niño. Y luego me sentaba sobre las rodillas de mi abuelo, al que le quitaba la boina, y reía, y reía, y reíamos juntos, mientras se le caía la ceniza del pitillo sobre la camisa. También él era -y es (mientras yo viva no se irá nunca)- la Navidad. En el belén jugaba con las ovejas, a las que -quisieran o no quisieran- las acababa metiendo en el río. Y cambiaba las palmeras de sitio, y aceleraba un poco el paso de los Reyes Magos, y sobrevolaba con los ángeles toda la casa. “¡Guillermo, ven, ayúdame a poner la mesa!”. Y salía del armario la vajilla de fiesta, y todos aquellos vasos con los que hacía música, y los cubiertos de plata, y aquellas servilletas bordadas de colores y tan enormes. Y ahora veo a mi familia en torno al Niño Dios. A mi mujer, que se afana en todos los detalles. Y ocurre que es Navidad. El Amor nace, y nos renueva de gozo y de niñez, y de ilusión, y de esperanza. “Venid, venid, adoremos”. “Venid, venid todos, vamos a ayudar a mamá con los platos”. Y suenan las campanas del villancico, y suenan todos los teléfonos de casa. ¡Feliz, muy feliz Navidad a todos! Nace Cristo.