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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 20 de agosto de 2011

Más feisbuquerías (II)



El verdadero trabajo del hombre -su primordial objetivo, su vocación- es ser feliz.

Las virtudes que más valoro hoy por hoy son la mansedumbre y la ternura.

Pinos, moras, juncos, cantos rodados y canciones. La sed de belleza que tenemos todos. -"¡Quietos, una fotografía!". Gozo, sonrisas y gritos en familia. La transparencia del aire y del agua, y un resbalón en la piedra. La cascada de líquida espuma, el musgo, la persistencia de la felicidad y de la lluvia (los espíritus de la naturaleza están llorando, dicen los seis años de Teresa). Y este frescor, y las mochilas, y el perfume de la tierra, y esos ojos, y el regreso.

Quered. El resto de inquietudes se basan en esto. ¡Quered! Más, mucho más. Los demás nos están esperando. Esperan el fundamento de la existencia del hombre: que les queramos.

Las cosas son el resuello de lo infinito.

¿Qué es la belleza? Me tiene embebido, la contemplo, la rezo... Pero se me apodera su misterio. ¿Qué es la belleza, qué significa del todo su visión, lo que inspira?

El acto de conocer es un acto de gracia, una revelación que nos muestra el alma de lo que somos y sucede.

El amor que yo quiero prefiere el silencio y un horizonte con una pizca de ilusión y nubes. Si acaso unos acordes de brisa, sentados los dos en la misma mirada. El amor que yo quiero sabe a viernes por la tarde, y suele ir de paseo muy atento a su pelo. El amor que yo quiero es una caricia que se va haciendo de noche en su cuerpo.

El hombre se olvida más rápidamente de lo que más debiera importarle.

¿Es necesario escribir tanto, a sabiendas de que no le importas a casi nadie (sólo a unos pocos que te prefieren a ti, tal cual, sin todo ese exceso de literatura?