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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




viernes, 24 de diciembre de 2010

“Instantes” (Nueva antología del haiku japonés)



La poesía no está en el papel. Está en cualquier punto de la vida. Es una visión repentina, o una impresión que se pega al alma. Y ahí se nos queda. La vida, en toda su extensión de sencilla melodía. La poesía no está en el oropel, está en lo más leve. ¿Cómo lo diría? Está en una repentina maravilla, en un resplandor de vida. Después viene cuando queremos fijar el ritmo de la lluvia en unas palabras, o un gozo de luna que acicala una mejilla. Expresar la intensidad de las cosas en unos pocos versos. La realidad desnuda de nuestra existencia. Un ligero movimiento, una brisa, un beso a la deriva. El paisaje secreto de la vida. La luz, el eco sobrenatural del oleaje de los días. La poesía. Esos instantes donde una mujer te mira, o cuando suena una campana, o cuando se estremece el agua de un estanque escondido. Instantes que las palabras cortejan con mimo, y desean decirlos. Sonidos que alguien canta o escribe, sonidos que enhebran imágenes y brillos. El poeta sueña el beso en unos labios, y la felicidad en el color amarillo de unos chopos. El poeta cierra los ojos y mira… Y escucha el escalofrío del mundo y del hombre, y el de la naturaleza que germina.

El haiku es una forma poética originaria de Japón. O Cipango. Ahora ya es universal. El primer poeta de haikus que leí fue Matsuo Bashô (1644-1694), allá por los diecitantos. El más famoso de entre los suyos: “un viejo estanque: / se zambulle una rana, / ruido de agua”. Y este otro, tan precioso: “a cada ráfaga / se desplaza en el sauce / la mariposa”. El haiku se compone de tres pinceladas, de tres versos. De 5, 7 y 5 sílabas. Mejor dicho: sonidos. Una brevísima melodía que se desprende de todo lo que es superfluo. Una pulsación de vida: de la vida. Unas imágenes que evocan la eterna armonía, a la que se aspira (lo queramos o no, lo sepamos o no). En su sencillez es un disfrute estético y una pedagogía de hondo calado espiritual. Ascética de medios y honda contemplación. Tres versos, tres pinceladas que percuten en el lector y le dejan a solas con el aroma del alma. Los haikus son poemas que enaltecen lo elemental. Son testigos fehacientes de lo humilde, quizá de una realidad en donde de pronto -ese tercer verso- salta la liebre de la belleza, o del meollo. Los haikus son símbolos de una pureza aplastante. Son un medio extraordinariamente sutil para alcanzar una comprensión más nítida de la realidad que nos rodea, de esos instantes que nos dan la vida y son el alma.

La lectura de haikus produce adicción. Eso hay que saberlo. Son una constante seducción. Y más cuando pertenecen a lo más sobresaliente del haiku japonés (desde el siglo XV hasta el XX), que es lo que nos ha entregado José María Bermejo en un libro bilingüe extraordinario, editado por la querida editorial Hiperión: Instantes. Nueva antología del haiku japonés. Imposible mayor cuidado y mejor traducción. ¿Quién puede perderse un libro así? "está el haiku / en el viento de otoño, / pero está en todo..." (de Takahama Kyoshi, 1874-1959).

6 comentarios:

Jota Mate dijo...

Alguien viene hoy
buscando en tu corazón
de nombre Jesús

Feliz Navidad!!!

Anónimo dijo...

Se lo digo de verdad: cada vez escribe mejor. Feliz Navidad le desea Juan Hernández.

Ars Vitae dijo...

¡Feliz Navidad!

Anónimo dijo...

La sensibilidad poética en Japón es extraordinaria. También en China y en otras zonas de Asia. Pero me quedo con Japón. Compraré este libro.
Feliz nochebuena y Navidad.

Postdata. El primer párrafo de hoy es un poema. Es decir, cítica literaria inmejorable.

Anónimo dijo...

Ya casi en Navidad, en un momento de paz, leo las últimas entradas de su página y quiero felicitarle por sus poemas y demás trabajos literarios. Me encanta cuando escribe de religión. Feliz año 2011.

Anónimo dijo...

Tarde o temprano lo compraré. Y aprovechando la ocasión me daré una vuelta por librerías, que hace mucho que no frecuento.

Feliz año 2011. Dámaso Ruíz.