Bienvenidos

Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 28 de noviembre de 2010

Columna de libros rematada con fotografía familiar



Para Laura Dueñas


A mi izquierda hay una columna de libros que apenas me deja escribir. Por el escaso espacio disponible (tantos somos sobre esta mesa). Dicha columna, formada a base de los estratos que nos procura el tiempo y la literatura, está rematada por una pequeña fotografía de mis abuelos maternos. Ahí arriba los tengo, sobre un volumen azul de las Cartas de Cicerón editadas por Gredos. Frecuento su mirada e intento recordar sus voces, sus gestos. Ahora mismo acabo de darles un beso, de poner mis labios sobre el frío cristal (espero se me perdone esta digresión sentimental). Me agrada tenerlos cerca. A los abuelos y a los libros. Me agrada leer sus títulos y, teniendo mucho cuidado no se desmoronen, escoger alguno de cuando en cuando, y leer un cuento de Stevenson, Mann o Mavis Gallant. O lo que más me tienta: escudriñar en el voluminoso diario que Bioy Casares fue escribiendo sobre sus encuentros con Borges. Me tienta por lo que tiene de curiosidad, de citas de títulos que todavía no conozco, de anécdotas, de vida entre libros. De vida entre libros, eso es lo que más me regocija. También les limpio el polvo con los dedos y me quedo pensativo de improviso, mientras hecho una ojeada al cielo. Hay varios libros de Rilke. Con la poesía de Rilke me ocurre algo peculiar: soy incapaz de leerme un libro suyo de un tirón. Me explico. Tomo un libro y apenas leo un par de poemas o tres. Y me hospedo en ellos durante días (con sus noches y demás sueños). Los releo en voz alta e incluso llego a copiarlos, como si Rilke los estuviera escribiendo en ese mismo instante por mi mano. ¿Y quién no ha soñado alguna vez que esos poemas que está leyendo los ha escrito en realidad él, que son suyos, de su adentro? Y es que el lector vuelve a escribir lo que está leyendo, lo revive, lo realma, como un líquido que se adecua a un nuevo continente, y siendo igual es distinto, y se derrama como un amor lejano, que regresa. Me gusta como traduce Antonio Pau a Rilke (su biografía del poeta editada por Trotta logra que redescubramos la emoción de su vida y de su obra). Y en el primer soneto a Grete Gulbransson (¿qué editor español se atreverá al menos con una selección del Diario de esta mujer?) el autor de Poemas a la noche dice sobre los libros: “Oh libros, cosas / hechas con felicidad en un mundo invisible / y deseado (…)”. Libros. Esta columna de libros que a mi izquierda sube y me eleva y me deja en la compañía de La ciudad de las palabras, de Alberto Manguel, o en el recién llegado El mar de iguanas, del mexicano Salvador Elizondo, una cala de Atalanta en su ingente obra, un caramelo literario (como uno de esos extraordinarios Strawberry & Raspberry, de fresa o frambuesa y rellenos de chocolate, que es lo que cuenta). De Elizondo -otro que también escribió un diario descomunal- tengo poco que decir y mucho que leer, esa es la verdad. Que es lo que debería hacer con mi vida: decirla menos y reflexionarla más; desentrañándome. Mientras los libros -que tanto amo- siguen creciendo a mi lado, sobre esta mesa donde escribo yo no sé.

10 comentarios:

Jota Mate dijo...

Cuando leo un poema que llega al corazón, la letra de una canción por la que siento emoción(música incluida), me pasa a mí como a tí que parece como si fuera mío-a. Yo también hago ese ejercicio de escribirlas (copiarlas, salvo que ya la sepa de memoria) y las mando a los amigos y hermanos casi como si fuera una obra personal.
Dios está detrás de este enamoramiento. Con los dones que ha dado a tantos buenos poetas nos pone a diario Su Amor a nuestra disposición.

Anónimo dijo...

¡Guauuuuuuuuuu!

Anónimo dijo...

¡Qué bien escribe! Especial.
Pina.

Anónimo dijo...

Gran artículo.
¿Qué me recomienda de Thomas Mann?
Un saludo y gracias.
Ernesto.

Anónimo dijo...

...será que tengo alma de bolero.

Anónimo dijo...

Me interesa esa biografía de Rilke. Recuerdo que leí una hace muchos años en Alianza. Un amigo me la dejó después de haber escuchado una conferencia sobre el poeta.
La leeré. Un cordial saludo de Tito.

Guillermo Urbizu dijo...

Querido Ernesto:

De Thomas Mann te aconsejo todo. A mí su novela "La montaña mágica" me parece de las mejores de todos los tiempos. La releo cada tres o cuatro años. Ahora tienes una edición y traducción extraordinarias en la editorial Edhasa.
Y en Edhasa han publicado también sus "Cuentos completos". Un buen regalo para Navidad. O mejor: pídeselo a los Reyes Magos.

Un saludo.

Anónimo dijo...

He comprado un libro en Trotta cuando iba a mirar la biografía de Rilke. Una cosa me ha llevado a otra. Me tropecé con un libro de Jüng que me pareció de interés.

Anónimo dijo...

Por favor no se olvide las recomendaciones de libros para la Navidad. Ayuda.
Ana.

Anónimo dijo...

Este Rilke debía ser un visionario de altura, porque con semejantes ojos... Lllaman mucho la atención. ¿De qué color serían?

Le saluda su amiga Raquel.