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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


martes 6 de abril de 2010

Me falta tanto por vivir



Son tantas las cosas que quiero hacer. Tantas las que quiero ver y ser y sentir. Tantas y tantas las que quiero acariciar con parsimonia. Y ya no les digo todas las que quiero leer en los innumerables libros que me rodean. Son tantas las cosas que espero alcanzar. Tantas las que deseo vislumbrar siquiera un poco. Tantas y tantas las que quisiera amar con mayor perfección y detalle. Son tantos los paisajes que me quedan por contemplar. Tantos los caminos por los que caminar mis pasos. Tantos los mares que surcar. Y tantos los aromas que respirar. Son tantas las iglesias en las que mi alma se quisiera arrodillar sin que nadie la molestara. Tantas las miradas que aún no he mirado. Tantos los besos que todavía no he besado. Tantas las palabras que aún no he entendido del todo bien su significado. Tantas las menudencias que quisiera coleccionar en los estantes de mi memoria. Son tantas las bibliotecas y librerías en las que no he estado. Tantas las maravillas familiares de las que aún no soy del todo consciente. Tantos los días que no he vivido y que no sé si viviré. Son tantos los sueños que sueño y de los que me olvido. Tantos los actos de amor de Dios que no hago. Son tantas las verdes praderas que no he hollado. Tantos los poemas que no he escrito. Tantas las cristalinas aguas de las que desconozco el rumor y el río. Y es tanta la armonía que no he sentido. Tantos los misterios de la vida que no adivino. Tanta la poesía que se esconde en lenguajes para mí desconocidos. Son tantas las ventanas que quiero abrir para contemplar la eternidad de los días. Son tantas y tantas las cosas y los matices de la vida.

23 comentarios:

Anónimo dijo...

Usted lo que tiene es la crisis de los cuarenta un pelín trasnochada, que yo ya la he pasao y me la sé. Vamos a ver si soy capaz de que me entienda: usted no necesita leer todo lo que se escriba, ni viajar a todos los lugares por paradisíacos y espectaculares que sean, ni recorrer todos los caminos, ni surcar todos los mares, ni visitar todos los monumentos, ni los museos, ni bibliotecas; ni ver todas las películas, obras de teatro, óperas, zarzuelas, ballets; ni mirar todas las miradas, ni escuchar todos los ríos, ni sentir todas las brisas... ni acostarte con todas las tías buenas del planeta ( que hay unas cuantas y están para no dejar ni el envoltorio) ¿ verdad?. Vamos , reconózcalo, que a mí ( soy de naturaleza estática) sólo de pensarlo me entran fiebres tifoideas; sea sincero y no fanfarronee, no necesita hacer todo eso para ser feliz. Ah, ¿que usted lo que quiere es ser santo? Vaya, vaya, pues explíqueme a qué santo se quiere parecer que ese tipo de santidad no me lo enseñaron a mí los curas de mi escuela.

Anónimo dijo...

Me gustaría que me explicara cómo va a casar estos sentimientos, que dice sentir hoy, con el “ejercítate en la lentitud” , que hace pocos días aseguraba era tan suyo, antes que saber que también era de Novalis.Va a necesitar unos cuantos siglos.

Anónimo dijo...

Hola. Acabo de conocer este blog. Es un placer. He leído lo de hoy con atención y gusto. Y leo también lo de otros días.
Yo no soy católica. Respecto a la religión no sé muy bien qué soy. Diría que apática. Pero me agrada cómo escribe usted sobre su fe. Cierta envidia ya da, por eso de estar tan seguro de algo. Yo no estoy segura de nada, y menos de mí misma.
En común tenemos lo del amor a los libros y esa pasión por la vida que manifiesta. Creo que por ejemplo lo que escribe hoy es literatura mezclada con unas buenas dosis de utopías o sueños que ya sabe que jamás se realizarán. Al fin y al cabo esa es la vida (y en gran parte la literatura), la espectativa de que algo de todo eso que soñamos se cumpla algún día. Aunque sólo sea por casualidad.
He leído también los comentarios anteriores. Bueno, cada uno opinamos y opinamos. Yo ya me he cansado de opinar. Como no voy a firmar le reconozco que lo que quisiera es creer en algo con la suficiente intensidad. No digo en Dios, que lo veo como demasiado inmenso para mí, digo en el amor de un buen hombre o en la sinceridad de una literatura digna.
Ya dejo de molestarle. Decir que me ha gustado su blog, así, dicho en general, igual es una tontería, porque además sólo he leído una pequeña parte. Pero tiene algunos textos bastante buenos. No todos pueden decir lo mismo. Intentaré seguir su trayectoria. Buen día.

Anónimo dijo...

A mi me falta ver la siguiente copa de Europa del Madrid. Pero me parece que me jubilaré antes. Y tengo 38 añitos.

Anónimo dijo...

Me siento igual, como si el tiempo se me escurriera de las manos y no hiciera nada.

Anónimo dijo...

Yo ya me resigno a acabar mis días en mi pueblo. Puede que cuando vea a Dios y vaya al cielo todo cambie y no deje de viajar.
Lucía.

Anónimo dijo...

A mí personalmente me falta por vivir todo eso que dices tú más unos cuantos millares de cositas más. Por ejemplo, conocer a Angelina Jolie, con Brad Pitt en las antípodas. Aunque pensándolo bien casi mejor Cameron Díaz. No, Natalie Portman quizá será más dulce. Amén.

Anónimo dijo...

¿Y que me dices de Naomi Watss?
Eh, que yo no soy un salido. Soy fiel a mi novia. Pero soy un peregrino de LA BELLEZA.

¡Ánimo con tus escritos!

Anónimo dijo...

Pues yo prefiero aquello de "Virgencita, que me quede como (y donde) estoy".

Anónimo dijo...

Pienso igual, me queda mucho por vivir. Espero que Dios sea de nuestra misma opinión y podamos decir que se haga su Santa Voluntad, de lo contrario será un auténtico fastidio.

Anónimo dijo...

El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente

usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica

usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros

usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío

entonces
usted muere.

Anónimo dijo...

Para subir a la cima basta con subir cada día un escalón. El peligro está en pararse a mirar el paisaje a medio camino, puede que agotes allí tu tiempo y te pierdas definitivamente las mejores vistas. Tú decides, yo lo tengo claro.

Anónimo dijo...

¿Que quiero, mi Jesús?...Quiero quererte,
quiero cuanto hay en mi del todo darte,
sin tener mas placer que el agradarte,
sin tener mas temor que el ofenderte.

Quiero olvidarlo todo y conocerte,
quiero dejarlo todo por buscarte,
quiero perderlo todo por hallarte,
quiero ignorarlo todo por saberte.

Quiero, amable Jesús, abismarme
en ese dulce hueco de tu herida
y en sus divinas llamas abrasarme.

Quiero, por fin, en Ti transfigurarme,
morir a mi para vivir tu vida,
perderme en Ti, Jesús, y no encontrarme.

...Y un crucero por el Caribe, que ya se me olvidaba.

Anónimo dijo...

Mi vida: tantos días
que no estuve en El Cuzco
ni en Siena ni en Grenoble,
tantos aviones rubricando el cielo
en los que yo no iba, tantas voces
cuyo calor jamás
tocó mi corazón.
Sólo el tiempo, vacío,
sólo el tiempo, esta estepa
desesperada, sólo
ver los martes, los miércoles, los jueves,
ver cómo se suceden, implacables,
los tubos de Colgate.

A Colinas

Anónimo dijo...

Soy la del comentario tercero, creo que me equivoqué en una valoración, yo daba por hecho que usted no deseaba alcanzar todos esos sueños. Comentándolo con una amiga me ha reprochado que siempre crea saber lo que sienten los demás, y que , por lo que a ella respecta, la sensación que le ha dado es de que es un insatisfecho, que necesita muchas cosas para conseguir la felicidad. Dicho queda, usted dirá.

Anónimo dijo...

Ese poema de los tubos de Colgate no es de Colinas, más bien me parece que es de Miguel D'Ors.

Anónimo dijo...

Qué dicha no ser Basho, en cuya voz
florecían tan leves los ciruelos,
ni ser Beethoven con su borrasca en la frente
ni Tomás Moro en el taller de Holbein.
Qué dicha no tener
un bungalow en Denver (Colorado)
ni estar mirando desde el Fitz Roy el silencio
mineral de la tarde patagónica
ni oler la bajamar de Saint-Malo

y estar aquí contigo, respirándote, viendo
la lámpara del techo reflejada en tus ojos.

Miguel D"Ors

José Luis dijo...

" Esa es la vida (y en gran parte la literatura), la espectativa de que algo de todo eso que soñamos se cumpla algún día"

A Colinas

Anónimo dijo...

"La única preocupación está en rezar a tiempo".

Antonio Colinas

Anónimo dijo...

El sentido del tiempo se me aclara
desde que te ha dejado y me has traído,
y el espacio también tiene sentido
desde que con sus lenguas nos separa.
El uno tiene ahora canto y cara
porque vive de habernos dividido,
y el otro no sería conocido
si no nos escondiera y alejara.
Desde que somos de la lejanía,
el espacio, que apenas existía,
existe por habernos separado.
Y el tiempo que discurre hacia la muerte
no existe por el tiempo que ha pasado
sino por el que falta para verte.

Anónimo dijo...

Tengo tanto que cambiar(me) que el resto de las cosas que me quedarían por hacer ya las he desechado.

Anónimo dijo...

Tanto mundo que he visto, todo el cielo,
ahora cuando estoy solo no me basta
para mi vida ni para mi sueño.
Y sin embargo, cuando estoy contigo,
a flor de esa imprecisa superficie
que es el tiempo pasado sin gozarte,
un anhelo cortándome las alas
reduce los lejanos horizontes
a un pequeño cristal pronto a perderse
como la sal en el profundo olvido.
Junto a ti, frente al mar, nada recuerdo
y dan la luz y el aire molde cóncavo
a mi presente, a la inmutable y firme
roca de amor. Que nadie nunca diga:
«Ayer la vi» o «la veré mañana».

Anónimo dijo...

F. García Lorca


Abril, porque siento, creo,
pon calma en los ojos míos,
¿los montes, mares y ríos,
qué son sino devaneo?;
mirando la nieve veo
memoria de tu hermosura,
y cuando vi en su blancura
tu inmediata eternidad,
¿fuiste si no claridad,
temblor, paciencia y dulzura?

Tu leve paso indolente
deja en mis ojos su aroma,
los ojos en donde toma
revelación permanente;
bienaventuradamente
nacieron para el olvido,
tu piel de asombro encendido,
tus ojos de limpio viento,
y esta ternura que siento
«herido de amor huido».

Los sitios donde has estado
en la memoria los llevo
sólo para ver de nuevo
el rastro que allí has dejado;
la tierra que tú has pisado
vuelvo a pisar; nada soy
más que este sueño en que voy
desde tu ausencia a la nada.
me hizo vivir tu mirada:
fiel al tránsito aquí estoy.

L R o Colinas