Bienvenidos

Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 11 de abril de 2010

“Más virutas de taller”, de Miguel d’Ors



En 2008 apareció el libro Virutas de taller, 1995-2004 (Los papeles del sitio), una nueva alegría -para sus lectores y supongo que para si mismo- de Miguel d’Ors. Mi maestro Vicente Polo fue el encargado de darme la noticia. “¿No lo sabes? No tiene desperdicio”. Raudo me dirigí a una de mis tres librerías favoritas: Antígona. Cálamo se llama la segunda (las dos en Zaragoza), y la tercera supongo que es un amor platónico, pues nunca he estado en Oporto, y una vez en Oporto en la Rua das Carmelitas 144, donde se erige la librería Lello & Irmâo (antes Chardron), que pasa por ser una de las más bonitas del mundo. Bueno, el caso es que compré y leí Virutas de taller. Debo reconocer que el título me encantó. Miguel d’Ors, hay que decirlo, suele tener buena mano para los títulos de sus libros. Y de no pocos de sus poemas. Supongo que es algo que llega con un poco de paciencia (ligada a la experiencia de la vida), una dosis ni pequeña ni grande de melancolía, no pocas lecturas y pericia literaria, una pizca de gracia y, en ocasiones, no poca retranca. Y… voilà! Ahí tenemos, sin ir más lejos, su excepcional Curso Superior de Ignorancia.

Pero la cosa no se queda en los títulos. El contenido responde a la expectativa. O la supera. Como es el caso de su obra poética (lo más adecuado es callarme y dejar que el lector se la procure y la lea), y como fue el caso de esas primeras virutas de taller, que se prolongan ahora en Más virutas de taller, 2004-2009, igualmente editadas por Los papeles del sitio (cuando cuajen algunas de mis prosas o alguno de mis versos me gustaría publicar un libro ahí, en esa editorial, y no me importa decirlo, pues soñar es gratis y la vergüenza para pecar). Uno se siente un poco “viruta” del taller de la vida, esa es la verdad. O mejor: de la Providencia de Dios. Una nimiedad en la inmensidad prodigiosa de la historia y del Universo. Incluso me siento un poco “viruta” del taller de Miguel d’Ors, con toda aquella avalancha epistolar de los viejos tiempos, cuando uno -como me dice el propio autor- “todavía escribía en papel”. Y con suma amistad nos incluyó a algunos amigos en un poema, con nombres y apellidos. Supongo que para dar fe de semejante rastro y para aliviar un tanto nuestra desazón con las palabras. Fue un regalo del poeta artesano.

Más virutas de taller, 2004-2009, es la continuación de algo que a Miguel d’Ors creo que le resultó entretenido. Al fin y al cabo la vida está hecha de estas pequeñas cosas y cada uno intenta sobreponerse al tedio o a la realidad como puede. Y se nota que ha ido escribiendo este libro con gusto. Recoger algún viejo texto, comentar ciertas lecturas, apuntar una inspiración o reflexión en forma de aforismo (“Qué lugar tan extraño: todos son inconformistas, heterodoxos y transgresores menos yo”), contar de Galicia o de Navarra, pasear las palabras por su amada naturaleza, no dar crédito a ciertos poemas o a ciertas actitudes políticas, dejar constancia de su alma católica en menesteres religiosos o no tan religiosos, etcétera. Son confidencias, argumentos, versos, entrañas, clarividencias. Es su sentido de lo ético y de lo estético. Es partirte de la risa cuando cita algunos poemas impostados de una vacía “esencialidad” o cuando habla de una antología de poesía “pelirroja” (escrita por pelirrojos, yes). Es sentirte agradecido por unos “haikus”… Y lo bueno que tiene d’Ors es que a las pocas líneas te das cuenta que estás tratando con una persona coherente, bastante sincera, normal (dentro de lo razonable); con una persona que tiende a dismitificar las bobadas -literarias o no- y a los bobos -literatos o no-.

No entra en cotilleos, ni resulta pedante ni melifluo; y eso, hoy en día, es un gran valor, y es de lo más gratificante. Y es significativo. Y la prosa es exquisita y además pasas unos ratos de lo más agradables. ¿Qué más le puedes pedir a un libro, a un escritor? Cuenta sus cosas, un poco de su vida (claro está, desde la perspectiva de Miguel d’Ors); cuenta lo que es, lo que pasó. Y cierras el libro con ganas de leer muchas más “virutas” de ese taller donde un no tan viejo poeta español lima en silencio sus versos. Gracias amigo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha encantado especialmente lo que escribe hoy sobre este libro. ¿Cómo no va uno a leer un libro después de leer una reseña así?
Aunque lo de ayer no estuvo tampoco nada mal.

N.G.F.

Anónimo dijo...

Este poeta sí que merece la pena. Miguel d'Ors es de lo mejorcito. Puede que no le den el Príncipe de Asturias ni el Cervantes, o que no salga por el periódico El País (gracias Dios)o parecidos, pero vale más que todos esos aspirantes a "Valentes" o a "Giles de Biedma" o a "Ángeles Gonzalez" juntos que pululan por nuestra España carpetovetónica.

Su artículo me ha gustado. Además no sabía que hubiera aparecido este libro. Un saludo.

Víctor.