Bienvenidos

Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 28 de abril de 2010

Desagravio por "La Piedad" de Juan de Ávalos



El hijo de Dios. Ecce homo! El Verbo encarnado,
el anunciado, el Mesías. Dios Hijo. Mi Dios, mi todo.
Dios entero en los brazos de Su madre. Dios yerto, Jesucristo.
Pálido, aplastado, completamente muerto. Por mí
desangrado, por mí abatido. Sangre de mi sangre. Lágrimas
que se mezclan con la Sangre consagrada. ¡Dios! Tu Hijo,
ese Cuerpo, abandonado por todos, con sus miembros lacios,
como un trapo. Esa piel rasgada por el odio, Su alma en carne viva.
Ese divino Cuerpo que sostiene María en su regazo de ternura.
Madre de Dios y madre mía. Madre admirable, Espejo de justicia,
Madre del Salvador, Virgen clemente, Rosa mística,
Reina de la paz. Madre e Hijo. Unidad, Iglesia de Cristo
que hace frente a todas las tormentas del infierno y de la historia.
El cielo y la esperanza comienzan en los brazos de María.
Veo su infinito abrazo y su temblor de piedra que palpita
en el arte de Juan de Ávalos. Veo sus músculos tumefactos, el sacrificio,
y cincelada la pena insoportable y las venas vacías de Sus brazos.
Jesucristo muerto, pero vivo. Es el Verbo que se hace víctima,
ofrenda, entre mazazos y mentiras, entre políticos y sicarios.
Y es el fracaso de desmantelar a Dios de nuestras vidas.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

"El cielo y la esperanza comienzan en los brazos de María"

Precioso todo.

Anónimo dijo...

Este Cristo cadáver, que como tal no piensa,
libre está del dolor del pensamiento,
de la congoja atroz que allá en la huerta
del olivar al otro
—con el alma colmada de tristeza—
le hizo pedir al Padre que le ahorrara
el cáliz de la pena.
Cuajarones de sangre
sus cabellos prenden,
cuajada sangre negra,
que en el Calvario le regó la carne
pero esa sangre no es ya sino tierra;
grumos de sangre del dolor del cuerpo,
grumos de sangre seca.
Más del sudor de angustia
de la recia batalla del espíritu,
de aquel sudor con que la seca tierra
regó, de aquellos densos goterones,
rastro alguno le queda.
Evaporóse aquel sudor llevando
el dolor de pensar a las esferas
en que sufriendo el pobre pensamiento,
buscando a Dios sin encontrarlo, vuela.
¿Y cómo ha de dolerle el pensamiento
si es sólo carne muerta,
mojama recostrada con la sangre,
cuajada sangre negra?
Ese dolor espíritu no habita
en carne, sangre y tierra.

Anónimo dijo...

La tarde se escurecía
entre la una y las dos,
que viendo que el Sol se muere,
se vistió de luto el sol.

Tinieblas cubren los aires,
las piedras de dos en dos
se rompen unas con otras,
y el pecho del hombre no.

Los ángeles de paz lloran
con tan amargo dolor,
que los cielos y la tierra
conocen que muere Dios.

Cuando está Cristo en la cruz
diciendo al Padre, Señor,
¿por qué me bas desamparado?
¡ay Dios, qué tierna razón!,

¿qué sentiría su Madre,
cuando tal palabra oyó,
viendo que su Hijo dice
que Dios le desamparó?

No lloréis Virgen piadosa,
que aunque se va vuestro Amor,
antes que pasen tres días
volverá a verse con vos.

¿Pero cómo las entrañas,
que nueve meses vivió,
verán que corta la muerte
fruto de tal bendición?

«¡Ay Hijo!, la Virgen dice,
¿qué madre vio como yo
tantas espadas sangrientas
traspasar su corazón?

¿Dónde está vuestra hermosura?
¿quién los ojos eclipsó,
donde se miraba el Cielo
como de su mismo Autor?

Partamos, dulce Jesús,
el cáliz desta pasión,
que Vos le bebéis de sangre,
y yo de pena y dolor.

¿De qué me sirvió guardaros
de aquel Rey que os persiguió,
si al fin os quitan la vida
vuestros enemigos hoy?»

Esto diciendo la Virgen
Cristo el espíritu dio;
alma, si no eres de piedra
llora, pues la culpa soy.

Lope de Vega

Anónimo dijo...

Ya no va más. La voz ha enmudecido.
El envite final se ha consumado.
Varón mortalecido,
Cristo comienza su reinado.

Jugó y perdió. Ganó, sencillamente.
De la cruz pende el Hombre, de la pena
pende ya la alegría. Dulcemente,
se viene al suelo la cadena.

Libre es el hombre. Cae
un terrible silencio sobre la tierra oscura.
Crece la niebla y tras
de la mano la hiel y la amargura.

Crece el remordimiento. "Ciertamente,
era el Hijo de Dios". Erguido sobre el monte,
el Hijo de Dios vivo ha muerto. Enfrente,
tiembla de soledad la piel del horizonte.

Cruje el suelo, se rompe bajo el Crucificado.
La noche se desata en tempestades.
Derrama sangre y agua la fuente del costado.
Y el velo de los cielos se rasga en dos mitades.

Carlos Murciano

Anónimo dijo...

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno.Que eres, Cristo, el único
hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esa tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida;
por Ti, el Hombre muerto que no muere
blanco cual luna de la noche. Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.
Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dió toda su sangre
por que las gentes sepan que son hombres.
Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,
porque el sol de la vida la ha mirado
con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.
Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno. Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno. Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador!

M U

Anónimo dijo...

He aquí, Señor tu Tarde
Búcaro violado, búcaro sin flores..
Sol Tú, Señor,
Mi rosal divino, hoy has florecido
En tus cinco rosas de vivos colores,
Perfumando amor.
¡Tengo sed!
DE mi sed….Lo sé, Señor.
Dame de beber.
Acerco mi alma a tus labios resecos
¡oh beso de fuego!
Te doy toda el agua
De mi corazón
¡Bebe, mi Dios!
Tu sed se ha aliviado y la mía creció.
Te llevaste el agua, me quede vació
¡Tengo sed, Señor!
Te llevaste el agua… ¡Porque me has dejado
el ánfora sola de mi corazón?

Jaime Colomina

Anónimo dijo...

Me gusta cada vez más. Gracias.