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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 31 de marzo de 2010

¡Qué resplandor el de la vida!



Vamos, vamos, rápido, vamos. Espera un momento, espera. Veamos, las gafas de sol, ese libro de Batur (por si acaso), la cartera, las llaves… Espera, espera, que se me ha olvidado un pañuelo para el cuello. Ya está, éste de tonos verdes es muy adecuado. Vamos. Uf, qué ganas tenía de salir a la calle. ¿Qué pasa? Vale, vale, ya espero. Estoy en el ascensor. ¿Los pendientes? No, no los he visto. ¿Cómo voy a saber yo dónde están tus pendientes? Vamos, por favor, vamos. Fíjate el sol que hace. Es perfecto. La luz nos reconoce. Y fíjate en esas ramas, pronto estarán verdes. Despacio, vamos a disfrutar de todo esto que se nos ofrece. Respira... Estoy leyendo una biografía de un poeta romántico alemán al que se conoce como Novalis. Qué delicia este sol, este mundo, el sosiego y el resplandor de esta mañana. No tenemos prisa. Bueno, pues el tal Novalis y yo tenemos al menos un par de cosas en común: la fecha de nacimiento (2 de mayo) y un pensamiento que antes de saber que era suyo ya era mío desde hace tiempo (“ejercítate en la lentitud”). ¿No te llaman la atención los colores? Y esa diamantería -como diría Juan Ramón- que se refleja en las ventanas o en la veloz carrocería de los coches. ¡Qué mañana! Es como un mar de luz. Nosotros somos el oleaje, el vaivén de vida. ¡Mira, mira! Allí. Ya es tarde. Era una paloma blanca, muy blanca, de un blanco ensimismado. Sí, vale, compra La Gaceta. La gente sólo se fija en los cuerpos, pero cada vez me resultan más evidentes las almas. Dejan su rastro, sus huellas. Las manos de esa chica lo dicen todo. O los ojos de esa madre que acunan a su hijo. “Milagro a la orden del día” creo que define perfectamente esto que digo. “Milagro a la orden del día” es un verso de la poeta polaca Szymborska. “Milagro a la orden del día” es la única realidad que da sentido a lo que vemos. Y a lo que no vemos, pero sentimos. O creemos. Vamos a quedarnos quietos un momento. Lentitud, demora. Vamos a tomar conciencia de que estamos vivos. Dios mío, aunque el infierno se prodiga con su maligna fantasmagoría, es como si no hubiéramos salido nunca del Paraíso. No hay más que salir a la calle y fijarse en el milagro. Milagro, sí, milagro. De otra manera no se puede explicar todo esto. ¡Nos parece ya tan habitual la vida y lo que en ella nos sucede! Transitamos la belleza de cualquier manera, como si nada. Hay que dar la voz de alarma y no tirar el amor a la basura. Porque esta luz, y tu rostro, y los colores, y la poesía, y aquella paloma tan blanca, es todo amor. Y salir a la calle es un acto de espiritualidad, de alma que se desenmaraña en el asombro cotidiano de Dios.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

"No será el amor de la belleza quien salve el mundo, sino la belleza del amor"
F. Dostoievski

Anónimo dijo...

Milagro es lo que escribes. El lector ve a través de tus palabras.
Nuria.

Anónimo dijo...

Mi ilusión es ejercitarme en la lentitud, hacerme contemplativo, vivir como un ermitaño; pero ya es tarde, no creo que mi jefe, el director del banco y mi mujer me dejen.