Bienvenidos

Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 3 de marzo de 2010

“Esencia y hermosura”, antología; de María Zambrano



No hay que tener prisa para leer esta antología de textos fundamentales de María Zambrano (Vélez-Málaga, 1904-Madrid, 1991). Tampoco hay que empezar desde la página uno. Recomiendo sopesarlo primero, abrirlo por cualquier sitio y, después de aspirar el aroma único de un libro recién impreso, comenzar a leer en donde se pose la mirada. Ahí, por ejemplo. Yo lo acabo de hacer ahora, pero comprendo que con algo de trampa. El libro está tan dado de sí, tan leído y subrayado, que ha adquirido la costumbre de ciertas páginas. Como la 177, sin ir más lejos. Leo: “Y es que cuando el mundo está en crisis y el horizonte que la inteligencia otea aparece ennegrecido de inminentes peligros; cuando la razón estéril se retira, reseca de luchar sin resultado, y la sensibilidad quebrada sólo recoge el fragmento, el detalle, nos queda sólo una vía de esperanza: el sentimiento, el amor, que, repitiendo el milagro, vuelva a crear el mundo” (De Horizonte del liberalismo). Y me es imposible no volver a leer el pasaje (iba a escribir paisaje). No, no por oscuro, todo lo contrario: por el deslumbramiento de su claridad. Es la constante en su obra: esa ambición de sencillez trascendente, de enamorado regocijo ante lo que se vive y piensa y siente.

Esencia y hermosura (Galaxia Gutenberg) no es la primera antología que intenta sintetizar lo más selecto de su obra. Siempre esta ambición de tener en un solo volumen lo fundamental, lo mejor; para hacerlo más accesible y manejable si cabe; para ir al meollo lo más presto, en seguida. Y, a la vez, ese deseo de disponer cuanto antes una más precisa edición de sus obras completas (algo que ya hizo por vez primera la editorial Aguilar en sus Obras reunidas de 1971). Objetivo en el que Galaxia Gutenberg y Aguilar debieran aunar esfuerzos, por nuestro bien y por su propio prestigio. Pero como venía diciendo no es Esencia y hermosura el primer intento de establecer una selección de lo más representativo del pensamiento de María Zambrano. Ya Jesús Moreno Sanz publicó La razón en la sombra (Siruela, 1993), su excelente antología crítica que en su día me recomendó Antonio Colinas y que sigue siendo referencia obligada para todos los que quieran disfrutar y profundizar en el discurrir de María Zambrano. Siruela es editorial que ha venido reeditando varios de los libros capitales de la escritora de Vélez-Málaga. Y en la misma editorial se ha publicado hace poco tiempo un delicioso libro de Clara Janés: María Zambrano, desde la sombra llameante (2010). Libro que es indagación y confidencia, análisis y homenaje. En esa prosa tan bella como perspicaz de la poeta barcelonesa, que por otra parte ha ganado recientemente el XIV Premio Ciudad de Torrevieja de poesía, con su libro Río hacia la nada (Plaza y Janés) del que espero ocuparme.

Pero volvamos a lo que nos ha traído hasta aquí. A este florilegio de “esencia” y “hermosura” del pensamiento de María Zambrano que mi querido y admirado José-Miguel Ullán preparó con tanto celo y cariño (otro poeta, Ullán, al que hay que leer, y para ello nada mejor que acudir a Ondulaciones. Poesía reunida. 1968-2007, editado por Galaxia Gutenberg). Preparar esta antología del corpus zambraniano ya le venía de lejos a Ullán. Cuando la conoció “a mediados de junio de 1968” en una visita a su casa suiza de La Píece, acompañado por José Ángel Valente y otras dos personas. (Un paréntesis: lean por favor Cartas de La Píece: correspondencia con Agustín Andreu, que está publicado en Pre-textos). Cuenta Ullán, en el impagable e inconcluso “Relato prologal” a Esencia y hermosura, que María era “pequeñita y frágil, mas crecida en malicia chispeante y firme en delicadeza”. Conocerla fue comenzar a “bienquererla, a necesitarla en extremo y a empeñarme, de paso, en darla a oír (la cursiva es mía)”. Era algo que sentía debía hacer en memoria de su maestra y amiga. Y lo hizo, ya lo creo que lo hizo. Y muy bien. Lástima que su muerte el pasado 23 de mayo nos deje “los miembros tristes”, que diría Colinas (otro poeta discípulo y amigo de Zambrano), y el corazón más triste todavía. Descansa en paz José-Miguel, y que Dios te bendiga. A Ullán lo conocí hace pocos años, a raíz de su libro de poemas Amo de llaves (Losada, 2004), que tuve el placer de reseñar. De cuando en cuando recibía alguno de sus libros convenientemente dedicado, y no dejó de sorprenderme nunca su agudeza intelectual y su delicadeza de alma; ¿cómo lo diría?... con su preocupación poética de la existencia, y con la persistencia en el agradecimiento. Un buen tipo.

Bueno, pues este buen tipo nos ha dejado a todos en herencia este último libro que insiste en lo mismo: en el agradecimiento. En este caso a María Zambrano. ¿Y qué mejor forma de ser agradecido con un escritor que leer y releer sus libros? ¿Qué mejor manera de ser agradecido que dar a conocer y mostrar públicamente las partes de sus libros que más te han vivificado e instruido? ¿Qué mejor forma de seguir escuchando su voz que desvelar sus palabras y pensar el alma de su razonamiento poético, de su aurora? Su voz. La voz de María. Señala Ullán que Jorge Guillén “no se cansaba de repetirnos que, en su ya larga vida, nunca había conocido a otra persona con la capacidad de María Zambrano para mantener al interlocutor en vilo, seducido por el interés de lo que decía y por el modo de decirlo”. Su voz. Íntima, interior, cautiva. Que se desplegaba discreta y noble. Voz: sonidos cuyo sentido y armonía escuchamos en silencio. “Y el silencio se extiende como un medio que no hace sentir su peso ni su limitación; en este puro silencio no se advierte privación alguna”. “Y el silencio se ahondaba aún más y se abría en sus adentros”.

Esencia y hermosura, tengo que decirlo -y sé que José-Miguel pensaría lo mismo- es un acto de amor que cobra forma de libro, de una propia antología de fascinaciones. Ya el citado “Relato prologal” nos sorprende. Memoria, acuarela, confidencias, retratos. Un trozo de vida imbricada en otras vidas. Escoge a Plotino como exordio para adentrarnos en la obra de la autora de Hacia un saber del alma: “La potencia que reside en el mundo inteligible es puramente esencia, pero esencia de hermosura perfecta”. Y el libro comienza con una primicia, con unas cartas al pintor Juan Soriano, que recogen muy bien esa forma de ver y ser que tenía nuestra filósofa. Bergamín pensaba que el epistolar era el mejor estilo de María Zambrano. En ocasiones yo también lo creo. O siento que en esas líneas va germinando lo que después será una idea desarrollada en toda su intensión y extensión de la palabra. Palabra: “ese extraño ser que existe en tanto que se da”. Sus palabras, que “manaban libres: para ver por qué”. Y llega el plato fuerte. Ese repaso de toda una vida que reflexiona y contempla, que se acerca o se distancia del misterio. Y escribe. La escritura: ese zumo del alma, esa pasión que se rebela y revela, esa fidelidad al secreto de las cosas, esa belleza del hombre cuando se distancia de la vanidad y de la soberbia. “Escribir es defender la soledad en que se está”.

Y vamos leyendo la quintaesencia de sus libros, el método de su razón poética, que indaga y se pone en actitud de escucha. El racionalismo no basta para entender el sentido más pleno de la identidad humana; la naturaleza del hombre, su dimensión natural y sobrenatural. Libros como Delirio y destino, como Horizonte del liberalismo, como El hombre y lo divino, como Filosofía y poesía, como La agonía de Europa, como Unamuno, como su excelso Claros del bosque… El lector se ve seducido por la cualidad y la calidad de esas palabras, por su cadencia trascendente y trascendida. El hombre es un ser en interioridad. La prosa de Zambrano no agota ni se agota. Son destellos que nos alumbran la razón y el corazón, que nos interrogan sobre nuestro propio (des)conocimiento. Y la vida no es sólo lo que piensas: es sobre todo lo que amas. Son intuiciones geniales sobre el por qué del alma, de la esencia, de la felicidad, de nuestra angustia, de nuestro destino. Pero, como escribe ella misma, “un libro mientras no se lee, es solamente ser en potencia, tan en potencia como una bomba que no ha estallado. Y todo libro ha de tener algo de bomba, de acontecimiento que, al suceder, amenaza y pone en evidencia, aunque sólo sea con su temblor, a la falsedad”. Aquí lo dejo.

P.D. In memoriam. Gracias José-Miguel Ullán por este libro de libros. Ahora que disfrutas de la Aurora eterna, ahora que ves la plenitud de todo pensamiento, sentimiento y emoción; ahora que del todo comprendes la mirada de Dios y su consecuencia de Amor. Lo dicho: gracias.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Pero esta mujer era filósofa o poeta?

Anónimo dijo...

José Miguel Ullán no pudo ser ammigo de María Zambrano porque no existe la amistad entre personas de distinto sexo.

Anónimo dijo...

No he leído nada suyo. ¿Tiene algún libro más accesible para los no muy entendidos en filosofía?

Anónimo dijo...

Los libros que lees te definen. Eso me dijeron hace tiempo.
En su caso son los libros sobre los que escribe.
Que supongo serán una parte de los que lee.

Le felicito por el blog, es de gran altura literaria.
Juan Moreno.

Guillermo Urbizu dijo...

El libro más accesible de María Zambrano para mi gusto es "Claros del bosque". Está editado en Seix-Barral, y yo siempre lo he leído como un libro de poesía.
También es muy recomendable y accesible y sugerente y clara su prosa epistolar, sus cartas a los amigos.

Merece la pena leer a Zambrano.

Anónimo dijo...

Las cartas a los compañeros y colegas es de lo mejor.

Anónimo dijo...

¡Ojalá tuviéramos todos esa "preocupación poética de la existencia" que tú comentas de esta escritora! Porque eso nos haría más sensibles a Dios.

Juan Pablo López Torrillas dijo...

Y gracias a ti, Don Guillermo, por esta entrada tan bella.

Atentamente,
Juan Pablo

Anónimo dijo...

Ayer fuí a una librería y me interesé por libros de Zambrano. Sólo tenían su libro Filosofía y poesía. Me entretuve con él un tiempo y al final me lo compré.