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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 6 de marzo de 2010

¡Cómo cuesta empezar las cosas!


Poco a poco se va encendiendo la mañana, se abren las ventanas para ventilar el alma, se hacen las camas, se preparan las mochilas para el cole. Poco a poco tomas conciencia de todo (aunque si lo piensas…) y mueves el cuello sobre su eje y das besos a los que más quieres y te santiguas y ofreces el día a Dios intentando darte cuenta de lo que significa. Poco a poco te vas quedando solo en la casa y recorres el pasillo y las habitaciones recogiendo el silencio y algunos calcetines. Hojeas por enésima vez un libro sobre bibliotecas, y lo llevas contigo y miras esos amplios espacios familiares en los que te reconoces. Poco a poco metes la ropa de color en la lavadora y pones el jabón y el suavizante... Los Lakers han ganado de nuevo (ayer te llegó desde Los Ángeles un llavero del equipo, de 2’92$ el envío). No está nada mal ese bizcocho de chocolate. Recoges hasta la última miga y lees durante quince minutos La amarga pasión de Cristo, que fue escribiendo el poeta Clemente Brentano de labios de la beata Ana Catalina Emmerich. A trabajar. Cuesta. A trabajar. Cuesta más todavía. A trabajar. Queda toda la mañana. A tra… ¡Basta! Ya vas, hasta el ángelus. Luego leerás unas páginas de Le Fanu. Luego. A traba… Pero te entretienes con la lluvia ahora que no te ve nadie. Y la lluvia te lleva a unos versos que desechas al instante. Y la lluvia… es ese poema que no se acaba cuando termina. Algo así como la infancia. O las piernas de ella en esas medias de plata. La lluvia: una visión que no cansa, que oscila, que se remansa en la memoria. A trabajar, venga. ¡Cómo cuesta empezar las cosas!

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Es un artículo tan bonito que desearías que no acabara nunca. Yo creo que de hecho no acaba nunca. Loli.