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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


viernes 12 de febrero de 2010

Paul Valéry redivivo, amado: "Corona & Coronilla"



Muy joven esbozó unos pocos y prometedores poemas, y tras alguna escaramuza amorosa, decidió dejar de lado tanto el amor como la poesía. Mantenerse apartado de los sentimientos imprecisos y volcarse en el pensamiento más nítido y exacto posible. Escribir siempre desde una perspectiva de “pureza” intelectual. Puede que todo fuera un propósito demasiado gélido. ¿Intelectualismo sin alma? Valéry diseccionaba con pulcritud y disciplina el lenguaje de las palabras. Pero también el de las matemáticas, el de la arquitectura o el de la danza. Animado sobre todo por André Gide se puso a revisar sus primeros poemas. Sin embargo quiso escribir alguno más, unos pocos versos más que evidenciaran su madurez formal y su búsqueda de lo inefable, de lo auténtico, en una especie de mística sin Dios. Esos pocos versos se convirtieron en el largo poema que es El cementerio marino. Abstracción de lo contemplado, armonía cristalizada en fulgor lingüístico y simbólico. Hay que poner en fuga lo trivial de las apariencias, e ir a la esencia, al arte que sustenta la vida: su vida. El arte y su perfección como un substituto de Dios. El arte como el intento de conocer y conocerse, como un amago de amor. Se cumple lo de su maestro Mallarmé: el pensamiento es sobre todo lenguaje. La realidad es porque el hombre la verbaliza.

Desde entonces todo cambió. El cementerio marino supuso para Valéry una apertura de su ánimo, un impulso social y una fama de la que no renegó nunca. Será un poeta muy admirado y laureado, pero no tan amado, como bien dice Bernard de Fallois. Su vida puede que fuera un intento de huída de su vacío interior. Las sesiones de la Academia, las conferencias por todo el mundo, las constantes citas… ¡Qué vértigo el de la vida, el de ser consciente de morir por nada! Conoció a algunas mujeres, se consoló en su trato. E incluso escribió algunos poemas después de tantos años. Era el preludio de algo. ¿Qué poeta de genio puede vivir sólo de palabras? Y ocurrió. Sucedió la emoción más humana y más ardiente. Y la más pura. Mucho más que el arte o cualquier tipo de literatura. Paul Valéry conoció a Jean Loviton. Paul Valéry se enamoró. La diferencia de edad era considerable (67 años él y 35 ella), pero no importó. Y al hilo de ese amor su poesía recobró la pasión, la ilusión, la energía. Su vida se hizo poesía. O al revés. Fue un renacimiento en toda regla. Intercambio de cartas y el testimonio de unos poemas donde se iba volcando su espíritu, su gozo. "Dulce el beso, bebida deliciosa, / tu boca vale mis más dulces versos (...)".

Paul Valéry, ¿un poeta frío? Después de conocer y leer todos estos poemas, que tituló Corona & Coronilla, es imposible pensar algo así. La sorpresa es mayúscula. El poeta Jesús Munárriz (menudo puntazo se ha marcado), desde la editorial Hiperión, nos la ha puesto en las manos -la sorpresa y el amor que la sustenta- en una edición bilingüe que desde todos los puntos de vista resulta ejemplar. El lector se contagia de esta alegría literaria, de este redescubrimiento del alma del autor de El cementerio marino. Cuando ya todo parecía muerto y enterrado, y filológicamente interpretado, resulta que no, que se nos aparece un Paul Valéry redivivo, que faltaba la que según mi gusto y humilde opinión, es sin duda su obra maestra y toda una revolución en el corpus valeryano. (¿Qué hubiera pensado de esto Jorge Guillén, su magnífico traductor al español?). En una variedad y perfección formal dignas de su talla, pero con una espontaneidad y una sensibilidad de corazón que son otra historia, que trastoca todo lo que él ya pensaba era un fracaso. Llegó a escribir en su momento: “Lo perfecto no tiene espíritu. Si el corazón tuviera espíritu, estaríamos muertos”. Pues no, es cuando más vivos estamos. Y lo más perfecto es lo que más amamos. Por otra parte está visto que la poesía resucita cuando quiere, y el hombre con ella, y el entero universo. Desde luego no hay conocimiento mayor que el amor. Y el amor lo transforma todo. Las palabras cobran un dinamismo y una danza y un trasfondo de alma. Estos casi 150 poemas líricos de tono elegíaco conforman un libro que va a pasar a la historia de la literatura como una de las mayores cumbres de la poesía amorosa. “¿Has sido tú? / ¿Será posible? / Mi bien amada, / mi tan amada…”. Nunca estuvo Paul Valéry tan cerca de esa mística que tanto admiraba, y que leía y releía. Porque se trata del amor, de la profundidad infinita de lo finito.

La historia terminó mal. Jean le dejó y se casó con otro. No se lo esperaba Valéry. Fue un golpe bajo. “Cada vez te quería más”. Y a los pocos meses murió. Pero el poeta sigue vivo en estos versos que pronuncian el amor de una manera tan diáfana y palpitante, tan bella. Sólo nos queda esperar que se edite pronto el epistolario entre los dos amantes.

Mi enhorabuena Hiperión. Mi enhorabuena Jesús Munárriz. Esto hay que celebrarlo como se merece.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi enhorabuena a la editorial y a Munárriz, han provocado este sentido comentario.

Anónimo dijo...

Lo pone tan bien que me voy a informar sobre este autor en google.

Anónimo dijo...

En la universidad comencé a leer El cementerio marino y no pasé de la cuarta estrofa. Después leí -estudié Historia- o creo que leí un libro en prosa del que ni me acuerdo, para que vea mi interés. Pero este otro libro de poemas parece distinto por lo que usted dice. A mí me gusta la perfección formal de la poesía, pero si no entiendo lo que se me dice de nada me sirve.
Si no es muy caro igual me hago con el el libro.
Víctor.

Anónimo dijo...

Me da vergüenza decirlo, pero yo no sé quien es Valéry. Ahora ya sé que es un poeta francés muy bueno. Su artículo está muy bien escrito. Me encanta este blog. Lo que se aprende y se disfruta.

Rebeca le saluda.

Anónimo dijo...

No me he comprado un libro de poesía nunca. Cuando leo sus artículos sobre poetas estoy tentada.
Sandra.

Anónimo dijo...

¡Me lo he comprado!, ¡me lo he comprado! Y me está gustando mucho.

Anónimo dijo...

Mi poeta francés preferido, de lo smás recientes, es Claudel, que creo que a usted también le gusta ¿no es cierto?
Rimbaud me parece un bluf, siempre lo he pensado, y Baudelaire no me llega. Sin embargo Verlaine es bueno. Mallarmé es un coñazo. El más grande poeta francés para mí es Villon. Desde el siglo XV es el más moderno.

Su blog es auténtico. Mi felicitación. Eduardo.

Anónimo dijo...

Lo he comprado, leído y admirado. Un librazo. Urbizu, eres un buen catador de poesía. Te lo agradezco.

Anónimo dijo...

Estoy con Eduardo, yo también pienso que Rimbaud es un poeta muy muy sobrevalorado.
A mí el poeta francés que más me gusta es Char. Es un poeta que no resulta fácil, pero cuando se descubre su poderosa fuerza es enorme.
Diego A.

Anónimo dijo...

En poesía soy de la opinión que hay que llegar al corazón de las cosas con la mayor claridad posible, con la mayor sencillez. Por eso me gusta lo que tú escribes, este blog.

saludos de Yolanda Solsona