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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 8 de febrero de 2010

Oración de un escritor




Señor, Tú me das las palabras y yo las ordeno como buenamente puedo. No siempre el resultado es el más brillante, ya lo sabes. Me trastabillo en la sintaxis infinita de Tu Amor, no atino con el lenguaje adecuado. Y me pierdo en el acicalamiento de una prosa efectista o jactanciosa. ¡Quisiera expresar tantas cosas! Sobre todo las más sencillas. Como el significado de la brisa sobre las olas, o el vuelo místico de las aves, o la etimología exacta de un beso, o la mirada detonante de mis hijos. También quisiera que cada línea me acercara un poco más a Ti, sin excusas. Para decir Tu voluntad, para ir adecuando mi alma a la bendita enciclopedia de la gracia. Todo ello con la naturalidad del prodigio.

Los errores me atenazan, los persistentes pecados emborronan la página de ofuscación blasfema. Me empeño en hablar de mí y de lo mío, dando vueltas y revueltas al carnaval de la propia vanidad, a un enredo fetichista que a nada lleva. Me olvido de pensar que Tú estás precisamente ahí, entre todo ese montón de palabras, que hilvanas en su sentido más completo. Hasta transformar una simple frase en oración. Nada menos. Sí, tengo muchas cosas de que hablar, pero pocas de que hablarte. Haz que esto cambie. Porque Tú eres el Verbo encarnado, la divina gramática que inspira en el hombre la pedagogía de la fe y la necesidad de la poesía.

Señor, tengo muchas cosas en la cabeza. Tal vez demasiadas. Y esto es lo que más me preocupa. ¿Cuántas de ellas son realmente importantes en mi vida? No paro de escribir. Normalmente para ganar un poco de dinero, pero también por amor al arte. ¿Y por amor a Ti? Quisiera que mi caligrafía fuera al compás de tu andadura, escribiendo aquello que sea más oportuno para las almas -pocas o muchas- que me lean. Sé que alguna vez tendré que afrontar las decisivas preguntas: ¿para qué escribo?, ¿para quién escribo? Con frecuencia Te pierdo de vista. Con frecuencia quiero perderte de vista. Porque -no Te engaño- resulta difícil aguantar el compromiso de Tu mirada en cada punto y aparte. Ese punto en el que sé que estás, en el que me esperas, recordándome que quieres que mi escritura sea servicio, encarnadura de Tu amor imprevisible.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Para alguien que, pese a los años , no sabe rezar, me parece que está bastante bien.

Anónimo dijo...

Al menos sabe lo que quiere de usted,y eso es un privilegio.

Anónimo dijo...

"¡Qué siniestro es el oficio de escritor!"

Leopoldo María Panero

Anónimo dijo...

Oración del parado

He venido mi Dios a agradecerte
La salud y el amor que me has brindado,
Y los días que he vivido y disfrutado,
Ya que creo en tu bien y no en la suerte.

Considera que soy joven y fuerte
Para ser albañil desocupado.
Y que merezco ser remunerado
Hasta que me sorprendas, un día lejano,con la muerte.

De rodillas te ruego, por lo bajo…
Que consiga una changa por lo menos.
(Le temo más al hambre que a estropajo).

Decile a los que aún son patronos buenos
Que si llegan a darme algún trabajo
Pecados que les cuentes serán menos.

Anónimo dijo...

ORACIÓN AL CRISTO DEL CALVARIO

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a Ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.

Amén.

Gabriela Mistral

Miguel Monte Real dijo...

Ruego a Dios porque ese mundo interior que nos pincela cada día en su blog, se ensanche -si cabe- todavía más. ¿Hay un ángel para los escritores? Dele las gracias de mi parte.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Pues yo me quedo reflexionando en sus puntos y aparte. Me quedo muy pensativo...
Jorge Fernandez P.

Anónimo dijo...

Y ahora que estoy solo
y ahora que en silencio
me escondo de este mundo
¡rezo!
y maldigo con desprecio
los placeres que la vida me ha ofrecido,
y pregunto dolorido:
¿sabéis a dónde he ido,
que no sé de dónde vengo?
A M-S

Anónimo dijo...

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

L V

Anónimo dijo...

Yo no escribo casi, pero la fuerza de su piedad me conmueve.

Anónimo dijo...

Es usted un completo devocionario. Y lo digo como piropo y con admiración. Porque escribe de p.m.

Un admirador del montón.

Anónimo dijo...

Admiro lo que escribe, pero cómo lo escribe puede que sea más admirable.

Saludos de su lector Héctor.

Anónimo dijo...

Escribes: "Tú eres el Verbo encarnado, la divina gramática que inspira en el hombre la pedagogía de la fe y la necesidad de la poesía".

Y yo escribo: "Gracias".

Pepe.

Anónimo dijo...

Muchos escritorzuelos de tres al cuarto deberían rezar estas palabras. Tenerlas en cuenta.

De un lector harto de inmundicias que llaman con gran atrevimiento literatura.