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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


domingo 2 de agosto de 2009

Necesito un portátil, por favor



Estoy desconectado de la red. Por primera vez que yo recuerde. El ordenador de casa roto, y mi portátil IBM de segunda mano hace unos meses pidió la jubilación por antidiluviano. He vuelto a hacer uso de bolígrafo y libreta de espiral, de esas que me regalan mis hijos por Reyes y que parecen vestigios de otro tiempo y de otra edad. (Menuda suerte, pensará alguno). Se hace raro no copiar, ni cortar ni pegar un texto. Ni contar automáticamente las palabras, ni cambiar de tipo de letra o de tamaño (la Times New Roman 12 es mi preferida). Y destacar en negrita ese nombre, lugar o pensamiento. He vuelto a los borrones y al papel cuadriculado. Estas mismas letras que ahora escribo están llenas de tachaduras, flechas, marcas o pictogramas que hacen referencia a algún olvido o atardecer. ¿La caligrafía? Ni yo mismo me reconozco en ella de lo horrible que es. Hasta los dedos los tengo ya manchados de tinta azul, como cuando estudiaba en el colegio o tomaba apuntes en la universidad, siempre con la lengua fuera, para acabar pidiendo fotocopias a alguna chica (no lo neguemos, son más eficientes, además de otros encantos y de una letra bastante más legible). Pues sí, esto se me hace muy raro, acostumbrado a las teclas y a los recursos tutiplén de la tecnología. Y he vuelto al uso masivo de los diccionarios o de las enciclopedias (todavía tengo algunas, verdaderos objetos de culto). Se acabó la magia inmediata de Google. Lo cual tiene sus cosas buenas, pues me entretengo más en las palabras (la etimología es fascinante), en los lugares y mapas, y en los escritores que consulto. Y dibujo por los márgenes -con mi mordisqueado bolígrafo Bic- versos en espiral o aves, que sobrevuelan el texto en un intento de darle una mayor profundidad, y un paisaje. Pero pese a todo este peso de nostalgia que es el hombre, estoy irremisiblemente acostumbrado al ordenador. A su inicio, programas, antivirus, documentos, edición y herramientas. Necesito de su velocidad e imágenes coruscantes, y de su umbilical conexión a Internet, donde publico lo que vivo o imagino (¿existe alguna diferencia?), y donde trabajo. Sin él estoy perdido. Y ahora que me voy de vacaciones ¿dónde escribo? ¿Cómo mantengo al día mis blogs y mi correo? Me dicen que hay portátiles muy baratos, a precio de saldo. ¿Me fío? No sé, no sé. Yo no me lo creo. Y se me ha ocurrido: ¿No le sobrará a nadie un ordenador portátil que den por viejo y que no sepan qué hacer con él, un portátil que todavía tenga un último suspiro para los poemas, apuntes o reseñas librescas de este pedigüeño escritor? Si obra en su poder o se enteran de algo no dejen de avisarme, por favor.

4 comentarios:

Guerrera de la LUZ dijo...

Jajajajaa me he reído muchísimo leyéndote... para mí la verdad es que es imprescindible, por eso invertiría lo que fuera en un buen portatil.

Aún así, siempre tengo aquí al lado un cuaderno donde voy apuntando muchas cosas y además soy amante de la caligrafía artística, me pongo a hacer dibujitos y florituras y a colorear...

Animo, besos.

Anónimo dijo...

Si pudiera ahora mismo te regalaba uno. (Daniel)

Anónimo dijo...

Mira las ofertas, puede que encuentres algo bueno y barato.

Anónimo dijo...

¿Es verdad?