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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 20 de julio de 2009

Entre libros



Acabo de recibir de allende los mares unos de los regalos más estupendos que he recibido nunca. Por supuesto, sí, es un libro. Pero es un libro muy especial. Tan especial que se me hacen los dedos huéspedes acariciando sus páginas. Y los ojos, inquietos, recorren palabras e imágenes. Hay que verlo para creerlo. Sólo con la portada ya tengo para una buena temporada de aleluya. Es el paraíso. O desde luego una posibilidad de él. Pasaría horas sentado en uno de esos peldaños de la escalera de caracol, cavilando gansadas o nada más que descansando el alma por la vista (lo primero que he visto al sacar el libro de su envoltorio es el silencio). O leyendo en cualquiera de esos sillones tapizados en rojo. O curioseando los más escondidos. Y cuando abro el libro el alborozo se transforma en éxtasis. Libros, infinidad de ellos. Ordenados perfectamente en sus estanterías, o apilados en mesas o sillas (o en el suelo), o diseminados por todos los lados de la mirada. Encuadernados en piel, en pergamino, en papel o en tela. Constelaciones de palabras; armonía, estudio, cántico, aventura… Revistas, arte, diccionarios, atlas… Soy feliz. ¿Quién lo diría? Porque hoy en día todo hace que parezca lo contrario. Soy feliz. Y este libro ha añadido una pizca más de alegría a la que ya había en mí. Una pizca, una pizca…, quizá es decir muy poco. El amor tiene estas cosas. Y el amor a los libros es amor. Incluso más allá de su soporte de papel, más allá de las palabras. El amor es sobre todo un lenguaje espiritual, aunque precisa de una ternura de los sentidos. Entre libros (editorial Landucci) es más que un libro. Es una pasión y una forma de ser. Su autora y compiladora, la mexicana Corina Armelia de Fernández Castelló, ha logrado por un lado una obra de arte y por otro una obra de caridad para toda esa magnífica multitud de amantes de los libros que todavía deambulamos por el mundo. Es un regalo excelente. Un deleite como pocos. La autora va visitando las bibliotecas privadas de escritores y reputados bibliófilos mexicanos, como Carlos Fuentes, Miguel Ángel Porrúa, Alí Chumacero, Carlos Monsiváis, o la asombrosa de Juan y Paz Consuelo Rebolledo. Me quedaría con todas (o en todas), pero la de Gonzalo Celorio tiene para mí un recato y un encanto especial. Y la de la portada del libro es del abogado Javier Quijano Baz (Quijano precisamente se tenía que apellidar). Y como se dice en una de estas cautivadoras páginas: “Pasarse un rato aquí constituye una experiencia de sosiego y de belleza, sentimientos por demás escasos en estos días”.

PD. Espero que haya algún editor español dispuesto a sacar adelante un libro similar al que comentamos aquí, de escritores y bibliófilos españoles. ¿O existe ya y no me he enterado?

8 comentarios:

Juan Pablo López Torrillas dijo...

Estimado Guillermo, hace unas semanas dí con su Blog y desde entonces le sigo. Me encanta como escribe. Ambos, aún sin conocernos de nada, tenemos algo en común, el amor a los libros y a las bibliotecas. He disfrutado mucho leyendo su post a cerca de "Entre libros" (editorial Landucci) y, como no podía ser de otra manera, me encantaría leerlo: ¿sabe como puedo hacerme con un ejemplar? Se lo agradecería enormemente.

Reciba un cordial saludo,
Juan Pablo López Torrillas
(http://lopeztorrillas.blogspot.com/)

Anónimo dijo...

Este libro sí que me da envidia, aunque debe de ser carísimo y difícil de conseguir. Vivir entre libros es una gozada. Yo sólo debo tener un par de centenares, pero me bastan. De todas formas van creciendo en número. De regalos de cumpleaños y de Navidad sólo pido libros. Es lo que más me gusta. Si me hace falta una corbata o un despertador ya me lo compraré yo.
La portada del libro es preciosa. Menuda biblioteca. Menudo relax para el que la mira. Me uno completamente a sus sentimientos y gracias por hacerme partícipe de este libro. Si puedo hacerme con él será un milagro.
Mi enhorabuena por el blog.

Anónimo dijo...

Cuando habla de libros me encanta. Tendría que recoger todos esos textos.

Guillermo Urbizu dijo...

Gracias Juan Pablo y demás. Mira, para conseguir un ejemplar de "Entre libros" he consultado y lo mejor es entrar en la página web de la librería Ghandi de México.

Visitaré tu blog. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Una palabra bella,
Sólo la intimidad de una palabra bella,
Me bastaría para la vida.
Si pudiéramos guardar las palabras
-las que has dicho hoy-,
pero las palabras se mueren como el papel de los libros.
Se mueren sonriendo,
Sin perder la inocencia
Como los niños.
Si pudiéramos guardar las palabras
-las que has dicho hoy-,
pero las palabras se apagan como las lámparas.
La lámpara que en la fría alcoba,
Sobre el mármol pulcro del velador,
Ilumina la cruz del libro de oraciones.
Si pudiéramos guardar las palabras
-las que has dicho hoy-,
pero las palabras se secan como las hojas.
¡Qué triste es el otoño de las palabras bellas!
Si pudiéramos guardar las palabras
Como hacen los niños con las mariposas,
Pero las palabras se mueren en los labios de los malos poetas.
¡Cuánta palabra hermosa se ha perdido!
Si pudiéramos guardar las palabras
-las que has dicho hoy-,
las que hasta hoy eran tan viejas.
Si pudiéramos conservar en nuestra vida
-como un último tesoro-
la inocencia total de una palabra bella.
Fernando Paz

Anónimo dijo...

¿De qué silencio eres tú silencio?
¿De qué voz, qué clamor, qué quién responde?
Abismo del azul, ¿qué hacemos en tu seno,
hijos de la palabra como somos?
¿Qué tienes tú que ver, di, con nosotros?
¿Cómo si eres ajeno, así nos tientas?
¿Habría sed de no haber agua cierta?
¿O quién vistióme de piedad los ojos?
¿Puedo poseer, pequeña, don inmenso
que faltase a los cielos y a las aguas?
Y él ¿podría morir, sobreviviendo
menor que él, todo el fulgor del cielo,
quedar la tierna luz indiferente
al fuego que, irradiando, ha suscitado?
F C

Anónimo dijo...

Hay libros que se escriben sobre la carne misma.
Son esas cicatrices que nos hablan
y sangran
cuando el tiempo se rinde a su derrota
un puñado de signos que apenas
comprendemos
y eran el beso intacto de la vida.

Ada Salas

Anónimo dijo...

A mí ya no me interesan los libros como antes. Me ha dado por el golf.

Diego F.