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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 10 de junio de 2009

Un amigo en graves apuros




Cuando me disponía a escribir un artículo sobre el viaje ideal de mi vida, recibo el siguiente mensaje de un amigo: “Reza por mí Guillermo. Porque yo hace días que en Dios no creo y si puedo algún día mi quitaré la vida”. Inmediatamente le he contestado. Pero voy a serles completamente sincero. Antes de hacerlo me he puesto en presencia de Dios y he rezado de corazón. Yo soy un tipo bastante corriente, se lo aseguro, y si quiero dar alguna a derechas necesito de la oración, necesito hablar las cosas con mi Dios. Pocas veces en mi vida me he sentido tan impotente como ahora. ¡Amigo mío! ¿Qué hago, Señor mío, qué hago? Como casi siempre erraba la cuestión. “Jesús mío, ¿qué pasa, qué le ocurre? Sabes que le quiero, que es un hombre que está muy solo y sufre mucho. Vive lejos… Por favor Padre mío, ocúpate de él, que no haga tonterías, sal a su encuentro. Es tu hijo. Tú le conoces mejor que yo y estoy seguro que estás deseando abrazarle. Déjate caer por su alma y regálale una pizca de paz. No es que no crea en Ti, es que está hundido. ¿Ves?, me pide que rece. ¿Y qué rezo yo, mi Amor, mi Dios? ¿Qué rezo si apenas sé? Lo que sí sé es que Te quiero, y que le quiero a él, a mi amigo”. Y le he escrito hace un momento. Más con el corazón que con la cabeza, todo sea dicho. He intentado ponerme en su pellejo, decir algo sensato. En estas situaciones sabes que los razonamientos poco valen, que vale el cariño, el afecto, la cercanía. Lo sabes. No dejo de pensar en él, en mi amigo. Voy a escribirle otra vez. Para insistir, para que coja el rosario del cajón de la mesilla donde lo guarda, y lo bese sin ganas y apriete el puño con fuerza. Un amigo tiene que valer para algo. Puede que Dios utilice alguna de mis palabras, y que de ella brote una esperanza nueva, o haga posible un milagro que sacuda su alma de congojas. Amigo mío, cuando he leído esas frases tan tristes hubiera querido estar allí, contigo. Coger carrerilla y saltar por encima de la geografía y plantarme allí, en tu alma. Y abrazarla… Me escribes otra vez. Dices: “Y todo para nada”. No, no, no. Todo es para Dios. Desbroza esa angustia y esa realidad tan mezquina que te rodea. Y explora la misericordia de Dios en tu vida. Esa debe de ser tu única certeza. Por favor hazme caso, no te despeñes por las apariencias más negras. Desgrana, desgrana ese rosario de piropos. Avanza, confía. La alegría está a un paso de tanto dolor. Ya llegas.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Más que su texto, me estremece la soledad de su amigo. Intento imaginar la angustia que debió sentir y la tristeza de no encontrar más apoyo que un mensaje.

Anónimo dijo...

Solitario náufrago , agarrado a la esperanza de que alguien vea ésa, su última bengala.

PEQUEÑA HERMANA dijo...

Me uno a su oración. El día de hoy va por su amigo!

Anónimo dijo...

Este comentario es par Vd no necesita ser publicado.
Esta semana he escrito un post, su título es, "There is hop, make the call". negrosobrefondoblanco.blogspot.com
Tengo la impresión de que estos tiempos dificiles va a haber mucha gente en "graves apuros" Ojala sepan pedir ayuda a tiempo y recobrar la esperanza.
Un abrazo para su amigo y para usted...Si una pequeña linea pudiese ayudar un poquito sería mucho.

Anónimo dijo...

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara en la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.

Déjame sola; oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:
si Dios llamara nuevamente por teléfono
( hasta el final diciendo tonterías)
le dices que no insista, que he salido.

Anónimo dijo...

Me has emocionado coño. Rezo por ese amigo tuyo.

Anónimo dijo...

¡Mierda! ¿quién necesita un amigo?, ¡puta vida!

Anónimo dijo...

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños
porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti
(E.A.)

Anónimo dijo...

Voy a rezar por él y pienso en lo mal que hay que pasarlo para llegar a eso. Una sociedad tan multitudinaria y con tanta soledad.
El mundo no va bien como va, no , no va bien.

Anónimo dijo...

¡Cuánto dolor hay hoy en día! Y vivimos como si nada sucediera.

Anónimo dijo...

Se trata de un amigo enfermo. Oremos por él.

Anónimo dijo...

Cuando estás tan mal que el suicidio te parece una buena solución da igual lo que te cuenten o lo que te digan, no tienes oídos para nada y todo lo que oyes te parece como muy teórico, como muy manido, como muy falso, como que muy bien si tú lo dices pero que nada tiene que ver conmigo.
Y mientras te hablan estás pensando que no te lo crees ni tú, o que qué sabrás, o que por qué no te vas por ahí y me dejas en paz de una vez, que qué te habré hecho yo para que me des la murga y que ya estoy harto de que me uses para tranquilizar tu conciencia, que no quiero ser tu buena acción.Pero pasas.
No te importa lo que piensen los demás, hasta puede que te envidien y lo sepas. Con ganas de desaparecer y sin motivo aparente. Entonces es peor, ahora te toca aguantar que te sermoneen, si creías que era imposible estar peor ahora descubres que existen esa clase de “milagros”.
Y el caso es que en algunas personas reconoces una honda preocupación mezclada con un sincero interés por verte bien. Y aunque te importe poco, se agradece.
Gracias por el poema de Benedetti, muy útil para cualquier día; para los días en que estás pensando cambiar de edulcorante en el café no sirve para nada, bueno sí, sirve y mucho el último verso, pero te lo tienen que decir en vivo.

Anónimo dijo...

Hoy en día ¿quién cuenta con Dios?
Nada, cuatro "zumbaos".

Anónimo dijo...

¿No tuviste bastante con morir una vez
en la muerta ciudad, que vuelves otra vez
entre sus cancerosos muros iluminados
a veces por verdores putrefactos?
¿Quedan aún las brasas de los sueños
ardidos en lugares y en labios que creiste hermosos?
¿Te niegas a aceptar que aquí estuvo el amor
imaginando pájaros, desenterrando ruinas?
Llueve, llueve, y la música es negra en estas calles
abarrotadas de crucificados que andan,
de agonizantes que laboran,
de insepultos cadáveres que aplauden y sonríen.
Acaso quede aún en este espacio
de sueños destrozados, de sueños machacados,
otro loco que aún sueñe y vaya repitiendo:
«Tenéis cerca la luz, está cerca la luz».
Pero, ya como en tiempos, sólo un frío y vacío
silencio os responde,
aunque siga festivo y ciego el ajetreo
de los muertos perfectamente pulcros,
de los muertos perfectamente muertos.
Sólo se oye la agria y metálica caída de otra noche
como una inmensa, gruesa, negra chapa de acero.

Antonio Colinas

Anónimo dijo...

Desventurado corazón perplejo,
inconsecuente corazón,
no dudes.
No tiembles nunca más por lo que sabes,
no temas nunca más por lo que has visto.
Calamitoso corazón,
alienta.
Aprende en este ahora
el pálpito que vuelve con lo eterno,
para latir conforme en valentía.
Los números del mundo están cifrados
en la clave de un sol tan rutilante
que te ciega los ojos si calculas.
Ciégate en esperanza,
errátil corazón,
suma los números.
Un orden en su imán te está esperando.
Desde el final del tiempo se levanta
un ácido perfume de hojas muertas.
Respíralo y respira su secreto.
Abre de par en par tu incertidumbre.
No permitas
que encuentre domicilio la tibieza,
ni que este inescrutable amor oscuro
cometa el gran pecado de estar triste.
Acógete a ti mismo en tus entrañas
con tu abrazo más fuerte,
tu mejor padre en ti, tu mejor hijo,
gobierna tu ocasión de madurez.
Insiste una vez más,
aspira en estas rosas
su pútrido fermento enamorado.
En este desvarío de tu voz
se desnuda el enigma, transparece
la recompensa intacta de estar siendo.
Aquí estamos tú y yo,
altivo corazón,
en desbandada.
A fuerza de caer, desvanecidos.
y a fuerza de cantar,
enajenados.
Carlos Marzal

Anónimo dijo...

Vidas baratas para ella.
Vidas baratas para los que la buscaron,
para los que se vieron sorprendidos,
para los que aún la esperan sin saber que ya ha llegado.
Yo, que pienso en mis treinta años,
que he notado tu aliento algunas veces,
espero, sinceramente,
que sigamos manteniendo las distancias.

Octavio Gómez Milián