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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


viernes 5 de junio de 2009

Cita de padres (y madres)



De vez en cuando los padres (y las madres) quedamos para charlar un rato. Quedamos en algún lugar agradable, no muy caro. ¡Hace tanto que no nos vemos! El sábado por la noche es un buen momento. Da pereza, a veces un exceso de pereza, pero pasado el primer vencimiento la cosa va sobre ruedas. El objetivo es hablar de todo y desahogarnos de las turbulencias de los días. Hay materia señores, hay materia. Sobrada. Alguien suele decir: “Por favor, procuremos no hablar de los hijos”. La carcajada es de aúpa. Que ya nos conocemos. Pero por intentarlo. Y surgen las últimas películas vistas (Australia merece la pena, dicen), los libros que me recomiendas, anécdotas del trabajo, achaques, los viajes de unos y los sueños de otros. Pero poco a poco la conversación se escinde en dos. Por una parte la masculina: las vacaciones, amigos comunes, el fútbol, a veces Dios y tampoco crean que mucho más, aunque no está mal. Y la femenina se pueden ustedes imaginar. ¿Lo imaginan? En efecto, los hijos. Los puñeteros hijos que no les dejan vivir. ¿Se acabará algún día la adolescencia? Y esas notas, y los inexistentes sistemas de estudio, y los padres-profesores (un hobby verdaderamente en auge), y la falta de disciplina y el pasotismo. ¿El tuyo lee algo? Nada hija, lo máximo es Mafalda y Astérix. En confidencia les diré que los padres lo pasamos mal. El que puede se paga los refuerzos. Un mes en Londres, un trimestre en Dublín, clases particulares a tutiplén, repasos de todas las asignaturas… O a dos velas y a capear el temporal como puedas (algo recordará el abuelo de matemáticas). Las madres indignadas ni prueban bocado casi. Los padres miramos fijamente los platos. Uno, que es así, hace mención de la paciencia -“todo lo alcanza”-, de la mansedumbre, del cariño o de la confianza con los vástagos. Ya sabéis cómo es Guillermo. Vaya por Dios. Guillermo es que es muy elevado. ¿Qué he hecho yo? Me callo y miro el destello de un vaso, o la luna (que por lo visto es el lugar de donde provengo). De eso nada. Palo y tiente tieso. Y al colegio más palo todavía. Que nos lo dejan todo a los padres y no hay derecho. No hay derecho. ¿Qué nos van a decir en la tutoría? Por si acaso insisto: ¿pues sabéis algo?, a mí lo que más me preocupa son los padres. Mucho más que los profesores. La falta de austeridad en la mayoría, el consentimiento exagerado, el mal ejemplo. Los adolescentes adolecen de muchas cosas, pero no son pocos los que adolecen de unos padres incautos. Datos, datos. De la Universidad de Navarra. El 90% de los adolescentes videojuegan entre semana, cuando se supone que deberían estar estudiando. Y el 25% de los adolescentes tiene televisión en su cuarto. Por no hablar del tuenti y demás panoplia internauta. Sin control. Que una cosa es la confianza y otra muy distinta la memez; o tal vez un “toma, y déjame en paz”, que también. La charla se acelera. De fondo hay como una impotencia y un cansancio. Y una gran preocupación. No me acordé de decírselo a mis amigos cuando quedamos, pero hace poco me sentí mal por la noche. Esto de por si no tiene la más mínima importancia, como pueden suponer. Pero me desvelé. Iba a leer, pero preferí la televisión. Hay un canal deportivo…, pero me quedé viendo el final de una peli de Angelina Jolie. En un descanso pasé a una de esas series españolas de las que no conozco nada. Para mi bien. Estuve cinco minutos. Sólo había adolescentes en escena. Todos bebían. En una habitación dos chicos iniciando sus relaciones homosexuales. En otra habitación un trío (dos chicas y un chico). En un baño otra parejita. Y así. ¡En cinco minutos! Pensé en los adolescentes que lo estarían viendo. Todos esos que tienen una televisión en su cuarto y unos padres descalabrados de mollera. ¿Nos vamos? Es tarde ya. Sí, ya son las doce y pico. ¿Hemos sacado algo en limpio? Pues no sé, pero esos pinchos estaban de vicio.

18 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo, pero cuidado Don Guillermo que tampoco hay que exagerar, tantas reglas en casa terminan por no cumplirse del todo.
Gustavo Rius

Anónimo dijo...

¡Cómo comprendo a esos padres, y como te comprendo a ti!¡Qué solos estamos educando a los hijos!.

Anónimo dijo...

¿No creéis que en muchos de los profesores hay una evidente falta de vocación educativa y pedagógica? También pienso que muchos padres son, como dices bien, unos descerebrados. La tecnología -una verdadera obsesión para los chicos, un vicio que les vacía el cráneo- se ha convertido en un virus que impide estudiar de verdad, con horas de codos y de voluntad. Sin juegos.
Yo también estoy muy desilusionada con el sistema educativo de hoy en día. Escuela de medianías y fracasados al por mayor. No se esfuerzan, están tan mimados nuestros hijos que no saben lo que es trabajar. Lo sé por propia experiencia. Es una pena. Los chicos no leen, no tienen ilusión por saber, por aprender... Si acaso aprobar.
Carmen, una mamá sufridora.

Adu dijo...

Reflexión muy verídica y también deprimente, pero "es lo que hay"... Yo ya soy madre de veinteañero y me siento algo apartada de ésto, pero lo he sufrido y lo comprendo bien.
A pesar de todo, creo que donde se siembra, se recoge.
(Por cierto, si vais a ver "Australia", procurad que sea en V.O.)
Besos días.

Anónimo dijo...

Y tener que explicar de nuevo el subjuntivo,
acechante la tiza de la noche del encerado en luto,
ahora que ellos entregan sus cuerpos a la hoguera
cuando lo que desean es sentir el mordisco
que tatúa con rosas coaguladas sus cuellos ofrecidos
y olvidarse del viejo profesor que les roba
su tiempo inútilmente.
Mientras copian los signos del lenguaje,
emotion, doubt, volition, fear, joy...,
y usando el subjuntivo de mi lengua de humo
mi deseo es que tengan un amor como el nuestro,
pero sé que no escuchan la frase
que les pongo para ilustrar su duda
ansiosos como están de usar indicativo.
Este será su más feliz verano
el que recordarán mañana
cuando la soledad y la rutina
les hayan destrozado su belleza,
la rosa sin perfume, los cuerpos asaltados,
ajadas las espinas de sus labios.
Pero hoy tienen prisa, como la tuve yo,
por salir a la noche, por disfrutar la vida,
por conocer el rostro de la muerte.

Hilario Barrero

Anónimo dijo...

Para aprender vinimos.

Para mirar en torno y descubrir el mundo.

Para surcar en busca de palabras

que nombren nuestro asombro.

Para buscar en rosas virtuales

la esencia de la rosa.

Para crecer al tiempo que mengua nuestra sombra.

Para saber que somos porque fuimos

y seremos aún y algún día sabremos

quizá que habremos sido.

Para alzar con las manos, los ojos y los labios

la vida que soñamos y caminar unidos

por un puente de luz tendido entre los cuerpos.

Para vencer hermanos la sangre de la guerra

y su triste arrogancia de dolor y de muerte.

Para borrar fronteras y alzar una muralla

solidaria de versos,

una alcazaba tierna de jazmines

desde donde lanzar flechas de amor

que den al corazón directamente.

Mauricio Gil Cano

Anónimo dijo...

Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende que amar no significa acostarse,
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender...

Que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos
y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo, uno aprende
que, si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma,
en lugar de esperar que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno es realmente fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende..., y con cada día
uno aprende.

Jorge Luis Borges

Anónimo dijo...

Con el tiempo aprendes que estar con alguien, porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado. Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad. Con el tiempo te das cuenta de que si estás con una persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla. Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados y que quien no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades. Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen hiriendo durante toda la vida. Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es atributo sólo de almas grandes. Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, es muy probable que la amistad jamás sea igual. Con el tiempo te das cuenta que aun siendo feliz con tus amigos, lloras por aquellos que dejaste ir. Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible. Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios. Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el sendero del mañana no existe. Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen, ocasiona que al final no sean como esperabas. Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante. Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás a los que se marcharon. Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba ya no tiene sentido.
Pero desgraciadamente, sólo con el tiempo..."

Jorge Luis Borges

Anónimo dijo...

Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca...
hay que medir, pensar, equilibrar...
... y poner todo en marcha.

Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino...
un poco de pirata...
un poco de poeta...
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.

Gabriel Celaya

Anónimo dijo...

Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida.

Sin embargo…

en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño,

perdurará siempre la huella del camino enseñado.

Teresa de Calcuta

Anónimo dijo...

¿Que si lo pasamos mal los padres? Entre tanto idiota gubernamental que sólo piensa en abortar y en hundir a la familia y a la educación, en inflarnos de gilipolleces en los libros de texto, en desangrarnos de valores, en mentir, en fomentar la mediocridad humanística, y tantos y tantos etcéteras, ¿Qué hacer? ¿Pesimismo? Pero miren las calles, miren como hablan los chavales, la poquita educación que tienen, los piercings, el libertinaje, los índices de lectura. Y no sólo ellos. Porque ellos son así -no todos claro- por unos padres permisivos y sin criterio, por las modas, por la TV y el control de los medios, por el materialismo incitado, por la pornografía en cualquier rincón, por vivir sin Dios.
No soy pesimista, soy realista. Los progres viven en el país de Alicia, en un matrix de eunucos intelectuales. O eres como ellos o fundamentalista. O eres como ellos u olvídate de todo lo demás.
¿Negativo? ¡serán bordes!

Anónimo dijo...

Soy una madre de adolescentes. Mis hijos estudian en colegio concertado. Reconozco mis culpas. Tengo miedo por ellos. Tanto miedo que lo que menos me importa son las notas. Y les consiento todo. No tengo fuerzas para más. Gracias por dejarme escribirlo. Beatriz.

Anónimo dijo...

La adolescencia se pasa, irremediablemente, y es una pena porque es una edad preciosa, toda llena de ilusiones.
Mis adolescentes son todo lo que tienen que ser: son los amigos más leales, los enamorados más fieles, los defensores de los indefensos, los que se rebelan contra la injusticia, los que no callan, los buscadores de las verdades absolutas,son los que ríen con el corazón y lloran con el alma.
Y también son los que tienen los padres más aburridos, y la madre más pesada, y son los más incomprendidos, y los más decepcionados. Siempre son lo más.

Disfruten de sus hijos, esta edad( y todas) es maravillosa.

Y tiren la tele a la basura que es de donde no debió salir nunca.

Anónimo dijo...

Estoy seguro de que usted es un buen padre, enhorabuena.

Paloma dijo...

Yo estoy convencida de que lo que se enseñe en casa tiene una fuerza mucho más poderosa que la del mundo de fuera. Si nuestros hijos no ven esas series, si les dejamos jugar con los videojuegos de forma moderada, si en casa la tele se pone lo justo, si les enseñamos a llenar su tiempo en casa con algo distinto a sentarse delante de la caja tonta, si aprenden a jugar los fines de semana al despertarse por la mañana con ese juego de mesa o con los playmobil o con la pelota (aunque nos despierten), si sólo hay una tv en la casa y no queda más remedio que tragarse en familia el apasionante partido de ¡¡fútbol sala!!, en fin, si mientras están creciendo les inmunizamos de esa basura, estaremos educándoles la sensibilidad y llenándoles de vitaminas el alma.

En casa hemos conseguido que los niños vivan bastante al margen de la TV y no son niños extraterrestres, eso sí, tienen un algo especial que cuando mis amigas me preguntan por ello, les digo que quizá sea porque apenas ven la TV.

Anónimo dijo...

Yo estoy totalmente de acuerdo con Paloma.
El arte de la educación adolescente está en saber conjugar la prudencia, la exigencia, el cariño y la confianza. Ah, y dar los padres más de nuestro tiempo.

Genial este blog.

Adu dijo...

Conmovedores los comentarios, áun más si cabe que la historia que relatas. Tenía olvidadas esas palabras llenas de sabiduría de J.L. Borges.

Anónimo dijo...

Esos puñeteros hijos que son nuestra alegría.