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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 25 de mayo de 2009

Yo tenía cinco años...




Yo tenía cinco años y unas botas de agua
nuevas y amarillas (¿o eran rojas?).
Me gustaba estrenar la lluvia, y corría
detrás de ella con la boca siempre abierta.
Era niño y se me despertaba el alma
con todas aquellas gotas de pureza.

Y un buen día descubrí las palabras.
Tuve conciencia clara de su gracia,
del sonido de su caligrafía
y del sentido y acorde de su música.
Escribía mar y escuchaba las olas,
escribía luz y se encendía mi vida.

Pasó el tiempo y la lluvia, y el paraíso
de la niñez dejó en mí la poesía.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Otorgo a este poema el premio al poema que más me ha llegado al alma, y más me ha deleitado los sentidos y por mucho.

Lectora agradecida

Anónimo dijo...

Me sumo a la "lectora agradecida".

Anónimo dijo...

Tenía diez años y un gato
peludo, funámbulo y necio,
que me esperaba en los alambres del patio
a la vuelta del colegio.

Tenía un balcón con albahaca
y un ejército de botones
y un tren con vagones de lata
roto entre dos estaciones.

Tenía un cielo azul y un jardín de adoquines
y una historia a quemar temblándome en la piel.
Era un bello jinete
sobre mi patinete,
burlando cada esquina
como una golondrina,
sin nada que olvidar
porque ayer aprendí a volar,
perdiendo el tiempo de cara al mar.

Tenía una casa sombría,
que madre vistió de ternura,
y una almohada que hablaba y sabía
de mi ambición de ser cura.

Tenía un canario amarillo
que sólo trinaba su pena
oyendo algún viejo organillo
o mi radio de galena.

Y en julio, en Aragón, tenía un pueblecillo,
una acequia, un establo y unas ruinas al sol.
Al viento los ombligos,
volaban cuatro amigos,
picados de viruela
y huérfanos de escuela,
robando uva y maíz,
chupando caña y regaliz.
Creo que entonces yo era feliz.

Tenía cuatro sacramentos
y un ángel de la guarda amigo
y un "Paris-Hollywood" prestado y mugriento
escondido entre mis libros.

Tenía una novia morena,
que abrió a la luna mis sentidos
jugando los juegos prohibidos
a la sombra de una higuera.

Crucé por la niñez imitando a mi hermano.
Descerrajando el viento y apedreando al sol.
Mi madre crió canas
pespunteando pijamas,
mi padre se hizo viejo
sin mirarse al espejo,
y mi hermano se fue
de casa, por primera vez.

Y ¿dónde, dónde fue mi niñez?

Anónimo dijo...

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero

Anónimo dijo...

Tal vez sobrevivan los metales relucientes pero no las mariposas
Los plásticos y los escombros pero no los pétalos bajo el rocío
Los gremios rufianes pero no los solitarios
Los banquetes y los festines pero no la alegría
Los ruidos y los estrépitos pero no la música del amanecer
Las mesas servidas como nunca pero no los aromas
Las estrecheces de espíritu pero no la compasión
Los bandos del poder pero no los secretos del habla
Las máquinas traganíqueles pero no el incrédulo azar
Las meretrices y las zorras pero no las diosas de la noche
Las acritudes y las ferocidades pero no las revelaciones
Los circuitos integrados pero no el despertar de la hierba
Los malos olores pero no la transpiración de los amantes
La estupidez y la vulgaridad pero no la evidencia de lo sensible
Lo redondo y lo cuadrado pero no lo indescifrable
Los trajes y las joyas pero no la transparencia de las aguas
Las metáforas pero no la poesía.

Gustavo Pereira

Anónimo dijo...

Que Dios le bendiga y le conserve esa mirada inocente y asombrada de niño.

Anónimo dijo...

Cada vez más poeta, y un poeta mejor.
También yo soy un lector agradecido.

Anónimo dijo...

LA inocencia de la vida
Yace en lo que la memoria resta
Para ganancia de espacio.
Pobre, pues, de los acorralados
En las cada vez más sabias
Y deshabitadas estancias de la memoria,
Sin otro cuerpo para embarcar
Que estas líneas a ninguna parte.

José Carlos Castaño

Anónimo dijo...

Yo también descubrí las palabras, pero nos las manejo como tú ni de lejos. Espero ejercitarme. El poema es poesía y vida, lo que debe ser.

Anónimo dijo...

Releo otra vez el poema y hoy me ha gustado más que ayer. Me imprimo estos versos y el artículo de la ministra de los seres vivos. Estoy por dejar copias en el metro.

Anónimo dijo...

Opino lo mismo del primer comentario. Igual de agradecida. Ya me lo sé de memoria.