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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 30 de mayo de 2009

Vidas de santos (II)



Cada santo es un privilegio para el mundo, un don que intercede, un carisma y una pedagogía de Dios. Por eso no me extrañó que un escritor tan magnífico como Louis de Wohl les dedicara casi todos sus libros, o que el poeta Rainer Mª Rilke escribiera en la primera de sus Elegías de Duino (Cátedra): “Voces, voces. Escucha, corazón mío, como antaño sólo / escuchaban los santos…”, o que tantos otros escritores -sobre todo poetas- se hayan visto influidos por sus vidas y sus escritos. ¿Y qué “escuchar” es ése que mencionaba Rilke? Porque ahí reside, después de todo, la cifra y significado de nuestra existencia: en saber escuchar la voz de Dios. Y la actitud de escucha exige un mínimo recogimiento, una búsqueda del silencio y diálogo interior. Apartarnos del estruendo y del ruido con alguna frecuencia, igual que cuando tomamos el libro de la mesilla o de la estantería y nos ponemos a leer como si nada, o cogemos la bicicleta y empezamos a pedalear hacia las afueras de algún sitio. La vida de los santos es su oración. Ir aprendiendo a perfeccionar la escucha hasta no desear otra cosa que una brizna de esa Voz. Esta actitud lo abarca todo, sin resquicios. Acción y contemplación. ¿Qué más se puede querer? El amor siempre busca su plenitud, a pesar de las complicaciones o de la desidia que embarga tantas y tantas veces al hombre. Al de hace unos cuantos siglos y al de ahora mismo, sin grandes diferencias. Es por eso que me gusta leer sus vidas, y adentrarme en la biografía de sus almas.

Como he hecho con la que de San Francisco de Asís ha escrito el recientemente fallecido fray Tomás Gálvez Campos. Francisco de Asís, paso a paso (editorial San Pablo) es un libro que aúna, con sencillez y brillantez, el rigor y la devoción (cuando se cumplen los 800 años de la Orden); el devenir histórico y la perspectiva del amor a Dios de uno de los más grandes santos que ha dado la Iglesia. Para ello se sirve por un lado de una profunda investigación de las fuentes, que va ensamblando hasta dar en el mosaico final que podemos leer, y por otro de una profunda identificación con el espíritu del poverello. Paso a paso. Año a año, y casi mes a mes. Es una biografía viva que nos muestra a un hombre en su infancia y alegre juventud, en su conversión y peregrinaje, en la fundación de los Hermanos Menores y en el proceso de identificación con Cristo. No era fácil la labor. Son tantas las leyendas, los tratados, las tradiciones y las biografías existentes sobre Francisco que parece que no tienen fin, y en las que es arduo separar muchas veces la realidad de la ficción, para dar con lo más verosímil.

Paso a paso Tomás Gálvez va siguiendo el rastro de su testimonio y su presencia a través de la geografía que pisó. No agobia al lector con notas y documentos y monsergas. La narración nunca pierde su tensión ni la credibilidad ni el interés. Pero lo que queda claro es que San Francisco de Asís no es el personaje cursi y colorín de Zefirelli en su película Hermano sol, hermana luna. Es mucho más que las florecillas y el amor a los animales. Es un hombre humilde, pero recio y de gran personalidad; es un hombre sencillo, pero de una inteligencia fulgurante. Es un hombre místico, pero de un sentido común aplastante, y con un don de gentes fuera de lo común. Su ejemplo atraía y seguirá atrayendo. Dice el autor: “A Francisco le acompañó desde el principio una fuerte manifestación de la gracia de Dios, que continuará a lo largo de su vida, e incluso después de muerto”. Y él respondió que sí, entre los más pobres. ¿Cómo comprender de otra manera este libro, su vida?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta lo que escribe sobre el libro, pero sobre todo lo del principio.

Anónimo dijo...

Le tengo mucha devoción. Gracias por escribir sobre él.

Anónimo dijo...

Acabo de leer este artículo y me ha llamado la atención. Me gustan las biografías y me gusta el desafío que nos plantean los santos. ¿Cuánto costará el libro? Lo miraré. Igual lo compro. Lidia.