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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 2 de mayo de 2009

Pandemia en el alma


El mundo ha entrado en trepidación. Los gobiernos intentan poner calma. Las familias -sobre todo las mejicanas- están asustadas. La gente tiene miedo. Y es el que el hombre, por más que fanfarroneemos, es un ser débil, expuesto a muchos peligros. Creemos que no puede suceder nada y que siempre les va a ocurrir las calamidades a los otros. El hombre del siglo XXI se enorgullece de su ciencia y de su tecnología, de un poder que parece indestructible. Pero el caso es que seguimos muriendo. Cada día hay catástrofes y vandalismos, asesinatos y suicidios, hambre y agonía… El hombre no está tan seguro como aparenta. Ni tan feliz. La angustia destroza la esperanza, y la soberbia nos paraliza el sentido común. Y ya ven: un simple virus, algo microscópico, causa estragos. Nos podemos morir. Y es que vivimos ausentes de Dios y obcecados en innumerables patrañas. Con el alma olvidada en algún rincón, a la intemperie.

Y es que el hombre es muy dado a olvidar, a disimular entre ruidos, juegos y mentiras aquello que podría resultar molesto a su cómoda vida. Mejor no pensar en exceso, hacer unos oportunos regates a la conciencia y no comprometerse con la verdad. Y llamamos vida a pasar horas aletargados ante la televisión o internet, a comprar sin medida, a presumir de lo que carecemos o a utilizar el sexo según sea la apetencia del día. Por ejemplo. Es como una anestesia. Y conseguir las cosas sin esfuerzo es una constante postmoderna que caracteriza a nuestra sociedad y a la educación de nuestros hijos. De ahí tanto fracaso escolar, universitario y existencial. Y nadie quiere saber nada del dolor. Sobre todo del propio, claro. Sólo es lícito el placer y el dispendio. Nada, nada de sufrimiento. No se concibe en una mente moderna, envalentonada en su soberbia y prosapia.

Pero el miedo nos hace sufrir. El miedo a lo imprevisto. El miedo a la enfermedad (aunque la posibilidad sea muy remota). El miedo a morir. El miedo a la realidad. El miedo es el peor de los virus. Y se tiene miedo porque basamos casi toda nuestra existencia en hacer oídos sordos al amor de Dios. Por eso, cuando llegan circunstancias así -en este caso la propagación del virus A/H1N1- es bueno pensar un poco en qué estamos haciendo con nuestras vidas. Pensar si de verdad somos felices o nos estamos conformando con lo más rudimentario. Reflexionar sobre el sentido de lo que ocurre en el mundo y a nuestro alrededor. Porque todo tiene un sentido que es preciso descubrir. Y una providencia. No somos producto del azar ni somos sólo genomas o un variopinto muestrario de células mortales. Somos más porque somos hombres. Y somos hombres porque tenemos alma. ¿Qué esperamos para sacar conclusiones, para mirar al cielo y dejar de tener miedo? La vacuna universal la tenemos a nuestro alcance. Es Dios. En persona.

16 comentarios:

Marae dijo...

Y Dios está en cada uno de nosotros y en cada uno de los otros...

Buen texto, que anuncia la oportunidad en la catástrofe.

Anónimo dijo...

Me pregunto despues de leer sus comentarios :
¿ Por que Dios a permitido que mueran esos mejicanos ?
Estoy seguro que bastantes de ellos
creian firmemente en El.

Anónimo dijo...

Feliz cumpleaños.Muac!!

(Está super orgullosa)

Anónimo dijo...

¡Magnífico! Ojalá esta reflexión pudiese ser leída e internalizada por toda la población. Cuando vivimos conscientes de que Dios habita en lo más profundo de nuestro corazón,sentimos una paz y confianza tan hermosas, lo cual no riñe con el dereho a vivir debidamente informados. Con cariño y oraciones por todos.

PEQUEÑA HERMANA dijo...

Leyendo su refelexión de hoy he recordado una frase que me impresionó hace años, en un encuentro con JPII. Era una enorme pancarta en la que podía leerse: "SIN MIEDO A LA VIDA, SIN MIEDO A LA MUERTE" Sí, sólo con la íntima certeza de un Amor incondicional se puede vivir SIN MIEDO.

Anónimo dijo...

Felicidades por el cumpleaños y por el artículo.
Carlos.

Anónimo dijo...

Me encanto tu reflexion sobre el virus que esta ahorita en mi pais. Y si, es verdad que el miedo es el que nos hace que viviamos distraidos de la vida misma que es Dios.
Tuve un ataque de panico hace 4 dias y solo lo pude controlar rezando y poniendome en sus manos, y de verdad que vino la calma.
Por que El es calma y vida.
saludos
karla de figueroa
Mexico

Anónimo dijo...

Extraordinario escrito del mundo en quevivimos. Refleja con auténtica fuerza y claridad lo que es una realidad que nos
devora, nos arrasta a lo más banal, haciendo de nuetras vidas simples marionetas.... Sin alma. No buscamos a Dios
y se nota cuando miramos y contemplamos el panorama tan desentendido del amor de Jesucrísto. ¿Porqué pasará
esto?
Enhorabuena p or este escrito que nos hace reflexionar y crecer en el espíritu.
Soy Eloisa, tengo 76 años y mi vida ha transcurrido felizmente, aúnque con sus corespondientes sufrimientos y
dificultades. Dios me ayuda a sentirme bien y a tener ganas de saborear todo esto que me enrriquece y me
hace crecer. Muchas gracias.
Eloisa.

Anónimo dijo...

Te feicito por tu comentario. Es bueno que los católicos empecemos a comunicarnos ente nosotros y nos alentemos recíprocamente. Un abrazo en Xto.Enrique Leonidas Rivas.

Anónimo dijo...

Guillermo, permíteme tutearte (tratarte de tu.. no se si dicen así en España).- Quería felicitarte por el mensaje "Pandemia del alma". Saludos desde Argentina...

Anónimo dijo...

Me quedo sin palabras!! Qué manera de expresar lo que todos estamos o deberíamos estar concientizando. El miedo entra cuando Dios sale de casa.

Gracias por compartir tan bellas y profundas reflexiones .

Sinceramente

Martha

Anónimo dijo...

Me encantó. Todo razón. Una buena dosis de Dios nos hace bien a TODOS. Gracias por escribir esto. Lo reenvío. Saludos de Ana Hurtado.

Anónimo dijo...

Hola a todos,



En los momentos que actualmente estamos viviendo en México, bien vale la pena hacernos la siguiente pregunta.

¿Qué tipo de persona soy?.

Estoy convencido que los cristianos tenemos una gran ventaja sobre los NO creyentes, y les comparto lo siguiente:

Hace unos días cuando todo esto de la pandemia comenzaba, fui a la tienda de telas con una de mis hijas a comprar lo necesario para elaborar en casa los famosos tapabocas, en espera de que nos atendieran, una señora exclamo “Debemos pedirle a Dios que nos proteja”, y una joven de unos 17 años respondió sorpresivamente:

“Y quien es Dios para protegernos, El no hace nada, solo las medicinas podrán aliviarnos”.

Por un momento nos quedamos callados los que estábamos junto a ella, y una señora le pidió que se retractara, que no hablara así de Dios, ella molesta le volteo la cara mostrando indiferencia.

Esto me hizo pensar en lo lastimada que debe estar esta jovencita por la ausencia de Dios en su corazón, habría que entrar en detalle para conocer su situación de fondo. Y me trajo a la mente un dialogo de la película señales con Mel Gibson, que trata de una invasión extraterrestre, y que al final de la película un sacerdote logra recuperar la Fe en Dios, el dialogo dice así:



La gente se divide en dos grupos. Cuando experimentan algo afortunado, el grupo número uno lo ve como algo más que suerte, más que sólo casualidad. Lo ven como una señal, como una prueba de que hay alguien allí arriba cuidándolos. El grupo número dos lo ve como pura suerte, un afortunado cambio de azar. Seguramente la gente del grupo número dos mira esas catorce luces de manera muy sospechosa. Para ellos, esta situación es 50-50. Podría ser mala, podría ser buena. Pero en el fondo, sienten que, pase lo que pase, están completamente solos. Y eso los llena de temor. Sí, existen esas personas. Pero hay mucha gente en el grupo número uno. Cuando ellos ven esas catorce luces están mirando un milagro. Y en el fondo sienten que, pase lo que pase, habrá alguien allí que los ayude. Y eso los llena de esperanza. Lo que tienes que preguntarte es qué tipo de persona eres. ¿Eres de las que ve señales, de las que ve milagros? ¿O crees que la suerte de la gente es aleatoria? O, plantéate la pregunta de esta manera: ¿Es posible que no existan las coincidencias?

'Señales' ('Signs, 2002)
Guión y dirección: M. Night Shyamalan



Fernando Flores A

Nuevo Laredo, Mexico

Anónimo dijo...

Apreciable Guillermo: leí con atención tu reflexión sobre la pandemia del alma y coincido contigo que mirando a Dios es como podemos encontar la calma y la serenidad.
Muchas gracias por tu aportación. Aprovecho para enviarte un abrazo cibernético. Saludos!

Luis fco. sañudo

Anónimo dijo...

Desde luego la pandemia del pecado es la más mortífera. Pero no nos damos cuenta y pensamos que es todo un cuento chino. Esa pandemia va llenando el mundo de horrores y muertos en vida.

lojeda dijo...

Con tu permiso y por supuesto haciendo referencia al autor, y a tu blog, he publicado en el mío, este artículo tuyo, que me ha parecido estupendo y de una profundidad moral tremenda.
Espero que no te haya molestado, pero me ha parecido oportuno que la gente lo conozca.
Un saludo