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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


jueves 21 de mayo de 2009

O santos o nada



Veamos. Uno es creyente, católico para más señas. Con intensidad de creencia “x”, la que sea. Tiene la formación básica. Al menos eso. Espero. Esa formación que en momentos de apuro le lleva a mirar al Cielo o a postrarse de rodillas con la mirada clavada en el Cristo clavado. O simplemente a sentirse pecador en el pulso de su conciencia. Que sí, que robar sigue siendo pecado, que lo es tomar el nombre de Dios en vano, no ir a Misa el domingo o faltar a los padres con insultos, olvidos o eutanasias de diferente grado (hay palabras o desprecios que matan, que son peores que un veneno). Todo ello no está pasado de nada. Es pecado grave. Como lo es quitar la vida o fornicar o sodomizar o masturbarse (con todas sus variantes). O escandalizar a los pequeños. Por más que te tachen de antigualla o de inquisidor o de tonto del haba. Es pecado.

¿Tenemos la formación básica? Esa formación que debería ser de por vida y que también te lleva a dar gracias a Dios cuando vienen bien dadas, o a rezar un avemaría por la calle o con tus hijos, o a dar una generosa limosna a ese hombre que está tirado en el suelo o ayudar al amigo que está en un apuro. En fin, católico. Más o menos -¿más o menos?-, pero católico, pendiente del prójimo. Veamos. Crees en Dios Trino, en la Virgen María y en los santos. Crees en los ángeles y en el perdón de los pecados (con el cura y al oído, no en esas absoluciones masivas manga por hombro que están previstas para otra cosa). Crees en la vida eterna, en la encarnación del Hijo y en que dio Su vida por ti en el año 33 de la Historia en una carnicería como pocas. Y que resucitó de entre los muertos como dijo, a los tres días, dejando señales evidentes de ello. Y que desde entonces nos resucita a nosotros un día sí y otro también. Porque solos somos un desastre.

Pero se me olvidaba lo más importante. El motor de la Historia. Resulta -Dios es la leche- que se quedó con nosotros. El Maestro se transubstancia desde el jueves santo de ese año 33, cuando era mandamás Tiberio (lean a Suetonio). Sólo se necesita un sacerdote y unas gotitas de vino y un poco de pan. Dios está aquí. “Haced esto en conmemoración mía”. Está Él: entero. Cuerpo, sangre, alma y divinidad. Expuesto a ser adorado con la oración, pero también a ser sacrílegamente manipulado. Ya no me refiero a ser comulgado como quien oye llover y con el alma embarrada. No, me refiero a ser manipulado por completo. Uno es católico pero no gilipollas. Y eso de que algunos traten a Cristo como un trapo pues como que no. Hostias tiradas entre los bancos de la iglesia alguna he visto. Y se dan casos de vender a Cristo al mejor postor. Algunas ceremonias satánicas lo precisan. Y ahí está el Humilde Cordero, profanado una vez más en toda Su divinidad y en toda Su humanidad. Pero no hace falta llegar a tanto. Con nuestra desidia va servido.

Somos católicos a tiempo completo. ¿Lo somos? ¿O estamos a la moda del olvido y su parafernalia comodona? Al compás de frases tan idiotas como: “Todo es relativo”, o “tampoco es para tanto”, o “no hay que ser tan extremista”… Por eso mismo no conviene chuparnos excesivamente los dedos, o lo que fuere. ¡Ya está bien! Desde los obispos hasta mis cuñados, desde los sacerdotes hasta los que se sientan en el último banco en misa de doce. Se es católico o no se es. Se es católico o se es un estrambote que ni hace ni deja hacer. La fe es un regalo y nos hemos acostumbrado a lo infinito. Con parsimonia, estulticia o malicia. Nos hemos acostumbrado quizá a que maltraten a Dios o al prójimo delante de nuestras narices y a callar como muertos. Temerosos de llamar la atención, no vaya ser que me signifique y me señalen y digan. Nos hemos acostumbrado a los milagros, a que Jesús resucite, dé luz a los ciegos o a que la Virgen se aparezca a los hombres porque andamos escasos de vida interior y sobrados de pecados. Da igual llevar sotana, hábito o vaqueros desteñidos. Todo son pegas e incredulidades. Piedad poca pero pegas todas las del mundo.

Veamos, ¿se puede saber qué es un católico que no reza y que no es coherente con su creencia? ¿Se puede saber de qué va un católico -desde los obispos a los laicos que trajinan en el mundo- que desprecia al Papa o que no lee ni le interesa lo que escribe? Un católico que no es fiel a la esposa de Cristo, a la Iglesia, ¿en qué mundo vive, cuánto tiempo piensa que va a engañarse y engañar a los demás? ¿Cuántos de nosotros, católicos de palabra y primera comunión del niño o de la niña, leen la Biblia todos los días? No podemos quejarnos en absoluto. ¿De qué, si vivimos como si Dios no existiera? Las cosas no cambiarán hasta que no cambiemos nosotros. Cada uno. O santos o nada.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo mejor que le he leído. Extraordinario, una pasada de artículo. Voy a hacer unas copias y a reenviarlo a familiares y amigos.

Anónimo dijo...

¿ A los tres días o al tercer día?

Sí, lo reconozco, me falta formación, empezando por la básica.

Y soy un puntilloso. Se lo debo a uno de mis profes.

Anónimo dijo...

"Hostias tiradas entre los bancos de la iglesia alguna he visto."

No le puedo creer,no estaría consagrada... pero, ante la duda , me gustaría saber qué hizo.

Anónimo dijo...

Jodo macho, menudo articulazo. De impresión.

Si se me permite. Yo una vez me encontré una hostia en el suelo de la iglesía. Por si acaso la recogí con gran cuidado y devoción y se la dí a un sacerdote de la parroquia, que la comulgó.

En mi modesta opinión creo que la comunión en la mano produce muchas indelicadezas y abusos. Casi nadie la consume la hostia delante del sacerdote, como está previsto.

Félix

Anónimo dijo...

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormida en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay! pensé. ¡Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: ¡Levántate y anda!
G A B

Anónimo dijo...

Adauge nobis fidem, spem et charitatem.

Anónimo dijo...

De igual modo que una vela
enciende otra y llegan a brillar
miles de ellas, así enciende
un corazón a otro
y se iluminan miles de corazones.

Anónimo dijo...

Yo ,¿para qué nací? Para salvarme.
Que tengo de morir es infalible.
Dejar de ver a Dios y condenarme,
Triste cosa será, pero posible.
¿Posible? ¿Y río, y duermo, y quiero holgarme?
¿Posible? ¿Y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago?, ¿en qué me ocupo?, ¿en qué me encanto?
Loco debo de ser, pues no soy santo.
Fray Pedro de los Reyes

Anónimo dijo...

Por este artículo te mereces un premio. Debe de estar gustando porque me ha llegado via mail, sin haberlo visto yo en el blog.

Pepe SV.

Anónimo dijo...

Con lo de ayer y hoy estoy encantada, y quería dejar constancia.

Anónimo dijo...

Yo todavía estoy esperando el autobús, bueno la que leía en el autobus, me dejó usted con la intriga.

Anónimo dijo...

No me explico cómo puede haber una Hostia en el suelo, el sacerdote no debe permitir que se retire de sus ojos sin verla comulgada.
Y hay que bajar la cabeza o arrodillarse antes de comulgar, hay que volver a respetar con las formas ahora que estamos en la era de la imagen.

Anónimo dijo...

Cualquiera no se atreve a tomar la decisión de querer ser santo, de identificarse con la vida de Cristo, de prescindir de lo superfluo, de dar testimonio de una vida cristiana de verdad. Yo mismo no me atrevo muchos días y creo que me lo paso mejor haciendo el indio que pasando un rato con Dios. Me da miedo mojarme demasiado y que Dios me vaya exigiendo más. Y cuando he leído tu artículo he sentido envidia de tu garra, de que digas la verdad así, sin miedo a nada. Te felicito.

Anónimo dijo...

.....pero, "Omnes cum Petro ad Iesum, per Mariam"
Gracias

Anónimo dijo...

Esto sí que es escribir claro. Y hablando de las hostias ayer domingo vi comulgar en misa a una señora no muy mayor de una manera que no me extraña para nada esos abusos que mencionas. Sacó la mano derecha y cogió la hostia como si fuera una pelota de tenis, con la mano hacia abajo y en un puño, y se la llevó a la boca treinta metros más allá. Iba a su lado y me dió una pena tremenda. Si tratamos a Dios así ¿qué nos va a extrañar lo demás? Y la culpa de que sea así -pena sobre pena- es del sacerdote que permite que eso se haga. Porque está establecido que se comulgue delante de él, me parece.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

O rezar o nada. O dar testimonio de vida cristiana o nada. O perdonar o nada. O arrodillarse o nada. O ser fiel a tu mujer o nada. O querer a tus amigos o nada.