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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


martes 19 de mayo de 2009

“Nuestra POESÍA en el tiempo (una Antología)”. Selección y prólogo de Antonio Colinas.



“No estoy preparado”, me decía hace un par de días una persona al hacer referencia a la lectura de poesía. Y es verdad que hay un cierto temor reverencial. La gente te mira con cara de asombro o de lástima, depende. “¡Oh, lees poesía!”. (Silencio). “Ah, ¿también la escribes?”. (Silencio y pasmo). A partir de ahí suele darse un diálogo bastante absurdo, en el que el interlocutor muestra su admiración con diversos golpes de voz: ¡Oh!, ¡ah!, ¡uf!, ¡gua! La situación es incómoda, como para salir del paso. “Espero que algún día sea digno y capaz de leerla”, te dicen. Y se despiden con una enhorabuena que te deja una vaga sensación de ahí te quedas tío con tu rareza (no, no, pureza no: rareza). “Es el culmen de la literatura”, escuchas otro día. Luego llegó el matiz: “la poesía es para almas escogidas, yo no puedo leer algo tan elevado”. Y tú piensas: “Pero este gachó ¿qué me está contando?, ¿de qué va?”. Una vez y otra. ¡Qué escogido ni qué historias! Soy yo: uno más. Cualquiera.

Pero sucede. Ocurre en tu propia familia. “Pobre hijo, se ha quedado sin hacer algo de provecho”. Y te ven en un rincón del salón leyendo. “¿Qué lees?”. “Unos poemas de Antonio Machado”. “Vaya, qué bien”. ¿Es el lector de poesía un alma en pena? Nada más lejos. Es un alma que ronda la verdad de su existencia. Alguna vez la curiosidad les hace cosquillas. “¿Para que sirve un poema?”. Y te quedas sin saber muy bien qué decir. ¿Para qué sirve? ¿Para todo? ¿Para nada? ¿Para el corazón? ¿Para el alma? ¿Para saborear mejor la vida? ¿Para lograr un poco de esperanza? La poesía… Ese candor, ese brillo, ese temblor infinito de lo concreto; esas palabras que en silencio suenan y te dicen la plenitud de las cosas. Pero lo habitual es la mirada sola o el sentimiento que se recoge en un murmullo o en el regato de un riachuelo. Lo habitual es no acertar a decir nada, ni a leer nada. Lo habitual es la vida: el tiempo, la oración, la lluvia, el trabajo, los amigos. Lo habitual es nada menos que eso: el amor que das o recibes. Y es ahí, justo ahí, donde da comienzo o culmina lo que denominamos poesía.

¿Y cómo vencer ese excesivo respeto para leer poemas? Leyendo. O tal vez escuchando en voz alta los versos. Yo lo recomiendo. El sonido es el ritmo de una cadencia muy especial, interior, donde las palabras escogidas conmueven, emocionan. Pero en un principio hay que dar con poemas y poetas un poco más accesibles, y aprender a escuchar y a mirar. Hay que dar tiempo a la maravilla e ir tomando conciencia del milagro que llevamos entre manos. ¿No se han dado cuenta todavía? Por eso mismo, para que vayamos sensibilizándonos en ese aprendizaje del alma y vayamos valorando este tipo de lectura, ha visto la luz este libro tan cuidado: Nuestra poesía en el tiempo (una antología), editada primorosamente por Siruela en su colección “Las Tres Edades”, y seleccionada y prologada por Antonio Colinas, que es uno de los mejores poetas que escriben en español.

En el prólogo “Al lector” ya se nos imparte una verdadera clase magistral sobre el ser de la poesía. Y es magistral precisamente porque no lo pretende, porque busca la sencillez; porque habla desde su propia experiencia de vida y de lectura, con naturalidad, sin alambiques y retóricas pedantes. Antonio Colinas quiere transmitirnos la pasión por la música que es todo poema, por ese ritmo que desde las palabras nos transmite el oleaje del alma. Como escribió el poeta cordobés -de Puente Genil- Ricardo Molina (incluido en esta antología): “[…] el alma que es como un perfume límpido / que delicadamente nos baña todo el cuerpo”. En fin, conocimiento, descubrimiento; adentramiento en la espesura y adiestramiento en la mirada. Y el antólogo nos deja su visión de ser poeta: “una manera de ser y de estar en el mundo”. Pero el plato fuerte es la Antología en sí. Desde unas cuantas estrofas del Cantar de Mío Cid hasta Eugenio Montejo. Desde la Edad Media hasta las últimas estribaciones del siglo XX. Siempre poetas ya fallecidos, españoles y americanos (espero que llegue un segundo volumen para los poetas vivos). Colinas ha optado por poemas sencillos y breves -salvo las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique y el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, que están completos, por extraordinarios. Y el lector va surcando las páginas, con ese cuerpo de letra tan generoso. Los poemas a solas con uno mismo, sin notas. El oído al acecho y el ánimo sereno. Para escuchar el latido del mar o el canto del cielo.

Poetas que todos conocemos y poetas que hasta los más puestos no hemos leído en la vida. Hasta ahora. Como Isaac Felipe o Rogelio Sinán, María do Ceo o Joan Escrivá. Y el gusto de ese ramillete de romances viejos o poesía anónima tradicional. ¡Qué delicia! Animo a todos aquellos que quieran por fin ser capaces de leer poesía o que quieran que sus hijos no acaben detestándola a base de libros de texto, que se hagan con este libro, y que lo tengan en un lugar bien visible de la casa o de la biblioteca. Y también para todos aquellos que ya frecuentan estos parajes. Este volumen es un devocionario de belleza, una continua fuente de inspiración, reflexión y gozo. Al alcance de todos. ¿Un tesoro bibliográfico? Desde luego. Pero sobre todo "palabra viva".

17 comentarios:

Anónimo dijo...

mil gracias, me lo compro y empiezo a leer poesía, que la verdad tengo un poco de temor de no entenderla o que no me agrade, el único contacto que he tenido con la poesía es la suya que me ha enganchado al máximo, y me ha despertado las ganas de emocionarme con las palabras como dice.

Anónimo dijo...

Tu empeño en que leamos poesía es llamativo. Yo me conformo con la tuya. De momento.

Juan

Anónimo dijo...

El común de los mortales no estamos preparados para la poesía , yo creo que es cierto. Una novelita de vez en cuando y ya está. La poesía es más exigente y requiere una sensibilidad más acusada. ¿No será siempre así? Pero también creo que la poesía tiene muchos lectores secretos, más de los que aparecen en estadísticas y ventas de libros. Porque estamos necesitados de algo más. Yo soy una de esas lectoras secretas. Apenas compro libros de poesía pero en la biblioteca de cuando en cuando cojo alguno. El último fue un libro de Juan Ramón Jiménez. Es una necesidad. Y me duran mucho esas lecturas. Con un poema igual tengo para meses.
Y leo también los de su blog, que imprimo y guardo.
A mí la poesía me ayuda a tranquilizarme. Como si fuera de visita a un mundo distinto. Donde todo es más auténtico. A veces te emcionas porque parece que te leen los poetas el pensamiento o el alma. Me ocurrió el otro día con usted, al leer su poema "Unas margaritas amarillas". Y me ocurrió con el poema "Felicidad" de Juan Ramón.
Puede sonar raro pero la poesía me da fuerza para vivir con más serenidad. Yo no soy tan elevada.
Y creo que me voy a comprar este libro. Me gusta ese color amarillo y lo que usted dice de él.
Le felicito. Luisa C.

Anónimo dijo...

Vi el libro en la FNAC y me llamó la atención. Y ahora me vuelve a llamar la atención desde tu escrito Urbizu. No puede ser casualidad. Lo compraré cuando salga de trabajar.

Anónimo dijo...

Para fugarnos de la tierra
un libro es el mejor bajel;
y se viaja mejor en el poema
que en el más brioso y rápido corcel
E

Anónimo dijo...

Los libros son muy caros, artículos de lujo.

Anónimo dijo...

Quién eres?

Anónimo dijo...

Uf, acabo de volver de la calle. Ya me he comprado el libro. ¡Qué bien huele! Mejor sabrá. La presencia es excelente.

Anónimo dijo...

Tanto si os responde como si no lo hace,
seguid invocándolo,
invocándolo sin cesar
bajo las bóvedas de la asidua oración.

Tanto si viene como si no,
confiad:
se acerca cada vez más a vosotros
en cuanto percibe un gesto amoroso del corazón.

Tanto si os habla como si no,
no os canséis de implorarlo.
Aunque no os dé la respuesta que esperáis,
no dudéis de que, de un modo u otro,
veladamente, se dirigirá a vosotros.

En la oscuridad
de vuestras oraciones más profundas,
sabed que juega al escondite con vosotros.

Y en medio de la danza de la vida,
de la enfermedad y de la muerte,
si seguís invocándolo,
sin caer en la desconfianza
por su aparente silencio,
obtendréis su respuesta.

Anónimo dijo...

Lee, Señor mis versos defectuosos
que quisieran salir pero no salen:
ya ves que poco valen mis esfuerzos
y mis desdichas ay qué poco valen
Con tu ayuda saldrían universos
de palabras preñadas pero salen
débiles moribundos estos versos:
deja que el último suspiro exhalen
Ayúdame, Señor: que no zozobre
en la mitad de este terceto pobre
mira estas ruinas: palpa su estructura
dónales lo que tengas que donarles:
y la vida que yo no supe darles
dásela tú, Señor, con tu lectura
O H

Anónimo dijo...

Antonio Colinas es una garantía, el que pueda permitirse el lujo que se lo compre.

Anónimo dijo...

Escribo, escribo, escribo
y no conduzco a nada, a nadie.
Las palabras se espantan de mí
como palomas, sordamente crepitan,
arraigan en su terrón oscuro,
se prevalecen con escrúpulo fino
del innegable escándalo:
por sobre la imprecisa escrita sombra
me importa mas amarte.

I V

Anónimo dijo...

Si lo habitual fuera el amor que diéramos o recibiéramos otro gallo nos cantaría. Y más gente leería poesía.

¿Nunca ha pensado que el lector de poesía tiene una predisposición mayor a creer en Dios?

Anónimo dijo...

Ni lo había pensado ni creo que tenga ningún fundamento esa afirmacióm.

Anónimo dijo...

Las personas que leen poesía son más sensibles y quizá más dóciles a escuchar a Dios, pero de ahí a que tengan mayor predisposición a creer en Dios hay un trecho. Los poetas son soñadores y los lectores de poesía también, Dios no es un sueño.

Anónimo dijo...

Un poco caro, pero lo hemos comprado.

Carlota y Luis

Anónimo dijo...

Después de leer esta reseña no me cabe duda de una cosa: eres un poeta. Crees en la poesía a manos llenas. Y yo que leo más bien poco en general te digo que me has emocionado.