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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 11 de mayo de 2009

Mayo



El mes de las flores. El mes de María. Todos los alumnos en fila, por cursos. Cantábamos: “Con flores a María, que madre nuestra es”. No me acuerdo de más. Pero recuerdo con intensidad el estribillo de los colores. Eso sí. Y el césped recién regado. Y luego el examen de matemáticas o de lengua. Al concluir el cántico se producía un impresionante silencio, salpicado de alguna patada al de delante o un codazo al de al lado. Y esas risitas adolescentes, tan contagiosas como estúpidas. Cientos de niños contemplando el cielo o la punta de los zapatos más sucios que he visto en mi vida. Ángel, Ricardo, Nacho, José Ramón, Luis, Siso... El recreo inmenso de la infancia. Se escuchaba el rumor de los árboles y el piar de los pájaros. Y cuando estabas en clase la mirada clavada en la estela de un avión, hasta que una pregunta sobre los sufijos te sacaba de su órbita y se acabó la efusión. Mayo. Un reflejo dorado, la terraza cubierta de geranios y las ventanas abiertas. Escotes donde la luz se extasía. Primeros baños en la piscina, exámenes, poemas, cerezas y paseos. Brisa cristalina. Resulta todo como más delicado. Y en la calle encuentras por doquier diamantes: brillos. Ojos que miran y son admirados. Miradas llenas de sed y caricias. Sabiduría de sol en los cristales y en la femenina piel de las piernas. Crema blanca en la piel morena. Hamacas donde quisieras leer y bucear entre sueños. La vida es un chapuzón repentino. Y esa espuma que llega a la orilla. Bulle la naturaleza y bullen las almas. De puro amor, y de calor, y de color vespertino. Abro la ventanilla del coche, y respiro y pienso y miro en el remanso de un semáforo en rojo. La luz flota sobre el asfalto, sobre las palabras, sobre mi brazo. Tiembla el aire y tiembla el agua. Claridad de mayo en su pelo castaño. Corazón de mayo: aquella infancia y el dulce encanto de María.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Venid y vamos todos
con flores a porfía,
con flores a María,
que Madre Nuestra es.

De nuevo aquí nos tienes
purísima doncella,
más que la luna, bella,
postrados a tus pies.

Venid y vamos todos
con flores a porfía,
con flores a María,
que Madre Nuestra es.

A ofrecerte venimos
flores del bajo suelo,
¡con cuánto amor y anhelo,
Señora, tú lo ves!

Venid y vamos todos
con flores a porfía,
con flores a María,
que Madre Nuestra es.

Anónimo dijo...

Estirpe de David, nieta nueva,
Para ti, Nina mía, ya no rigen

condenas heredadas, ni te afligen

obligadas pensiones de la gleba.


Tú eres la Paz del cielo, iris que prueba

el impalpable oriente de tu origen.

El Padre y el Espíritu te eligen
purísima excepción -isalve!- de Eva.

Para que encarne el Hijo de tu flor trémula

es justo y digno que tu carne emula
traiga a la vida olor de paraíso.

Y que desde el no ser al ser se intime
hinchiendo su inocencia que la exime:

toda interior fulgor, nácar sumiso.

Anónimo dijo...

Eres faro en los revueltos mares,
medicina en el lecho de agonia,
luna en las noches de tiniebla fria,
norte de nuestra vida en los azares.

Jamás se oyó decir que a tus altares
acudiese algün hijo, Madre mía,
que no haya visto al punto en alegría
convertidos su llanto y sus pesares.

Llámete el mundo, refulgente Aurora
y Rosa y Lirio y diamantina Estrella,
y te llame su Reina y su Señora,

que uniendo yo las gracias que atesora
tu alma, en otra advocación más bella,
te he de llamar: ¡Maria Auxiliadora!

Anónimo dijo...

¿Qué podré hacer sin ti, Virgen María;
qué seré si me alejo de tu lado?
que en el día lluvioso o acalorado,
me confortas con mística alegría.

En tu fuego de amor me escondería,
¡Oh María, nacida sin pecado!
Tú que bien conocías al Amado...
no me dejes en lucha con fe fría.

¡Cuántas veces admiro tu hermosura!
siempre escuchas atenta la Palabra,
manantial de belleza que perdura.

Sin ti, Madre, mi tierra no se labra.
El dolor, sin tu luz, es noche oscura.
Tu sonrisa dirá que mi alma se abra.

Anónimo dijo...

Salve, Estrella de los mares
de los mares iris de eterna ventura

Salve, Fenix de Hermosura
Madre del Divino Amor

De tu puebli, a los pesares
tu clemencia de consuelo

Fervoroso, llegue al Cielo, hasta ti hasta Ti nuestro clamor

Salve, Salve Estrella de los Mares
ilumina nuestro caminar y llevamos de tu mano hacia Xto

Madre, no te merezco pero te necesito

Anónimo dijo...

Recuerdo esos días de mayo en el colegio. Esos cánticos. Fue cuando aprendí a querer a la Virgen, aunque entonces no era muy consciente de ello. Gracias por recordarlo.

Anónimo dijo...

el Amor a la Virgen que se te inculca desde pequeño es algo que es muy dificil de olvidar y que deja una huella en nosotros

Ella es Madre, Modelo y Guía de nuestras almas

Anónimo dijo...

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,

hoy estoy para penas solamente,

hoy no tengo amistad,

hoy sólo tengo ansias

de arrancarme de cuajo el corazón

y ponerlo debajo de un zapato.

Hoy reverdece aquella espina seca,

hoy es día de llantos en mi reino,

hoy descarga en mi pecho el desaliento

plomo desalentado.

No puedo con mi estrella.

Y me busco la muerte por las manos

mirando con cariño las navajas,

y recuerdo aquel hacha compañera,

y pienso en los más altos campanarios

para un salto mortal serenamente.

Si no fuera ¿por qué?… no sé por qué,

mi corazón escribiría una postrera carta,

una carta que llevo allí metida,

haría un tintero de mi corazón,

una fuente de sílabas, de adioses y regalos,

y ahí te quedas, al mundo le diría.

Yo nací en mala luna.

Tengo la pena de una sola pena

que vale más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos

y no puedo tenderlos hacia más.

¿No veis mi boca qué desengañada,

qué inconformes mis ojos?

Cuanto más me contemplo más me aflijo:

cortar este dolor ¿con qué tijeras?

Ayer, mañana, hoy

Padeciendo por todo

mi corazón, pecera melancólica,

penal de ruiseñores moribundos.

Me sobra corazón.

Hoy descorazonarme,

yo el más corazonado de los hombres,

y por el más, también el más amargo.

No sé por qué, no sé por qué ni cómo

Me perdono la vida cada día.

Anónimo dijo...

Doy gracias al primer comentario. Hace muchos años que no canturreaba esa canción a la Virgen.

Anónimo dijo...

"Claridad de mayo en su pelo castaño". Me basta esa frase.