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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 29 de abril de 2009

"Diario", de Faustina Kowalska


"Que tu compasión se apresure a alcanzarnos,
pues estamos agotados".
(Salmo 79)



El Diario de la polaca Faustina Kowalska (1905-1938) es un continuo descubrimiento. Desde luego de orden espiritual principalmente, pero también tiene una dimensión práctica y literaria nada desdeñables. El “sentido común” de Cristo resulta cautivador, al igual que su dulzura, su genuino respeto a la libertad del hombre, sus llamadas de atención y su pasión por lo que nos apasiona (siempre y cuando el alma no se nos salga de quicio). En estas páginas el lector queda fascinado por la ternura de Dios y la manera que tiene de decir su Amor, pero también queda atrapado por la abrumadora sencillez de Faustina.

En Faustina estamos representados todos. De una u otra forma. Tantas veces el desánimo, la debilidad, la duda, el sufrimiento, la soledad, la injusticia… Y el Maestro que siempre nos sale al encuentro. Otra cosa es que queramos saber más de Él y repetir con Pedro: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”. O pensemos que son simples fantasías y que no merece la pena perder el tiempo en el alma, o que estas historias son todas iguales: elucubraciones de curas y monjas. En este Diario Cristo es una constante alusión al lector. Con palabras muy concretas. Y con hechos. No se queda todo exclusivamente en una constatación pía de Faustina, en una nebulosa de buenos y religiosos sentimientos. Para nada. Jesús es una presencia física, resucitada, alguien que me habla a mí, que estoy leyendo.

Pocas veces un libro puede resultar tan vivo. Pocas veces atisbamos tan de cerca, en un libro, la intimidad de Cristo, y su humanidad. Tan directamente. De acuerdo, podemos citar los inspirados escritos de Ana Catalina Emmerick o María Valtorta, o remontarnos a los de Teresa de Jesús o María Jesús de Agreda. Pero el Diario de Faustina Kowalska además de ser la manifestación y la providencia de la misericordia divina para cada persona, es como si fuera la “reflexión” de Dios sobre el lento y contumaz suicidio espiritual y moral que es nuestra historia contemporánea. Es la conversación de Jesús de Nazareth con nuestro presente, con cada uno: año 2009, siglo XXI. ¿Sólo crisis económica? Seguimos obtusos. Hay una suerte de locura frenética que se extiende por todo el mundo. Materialista, hedonista, nacionalista, terrorista… El odio es un signo, como lo es la pobreza y la manipulación de la vida, y la violencia, y el egoísmo cerril, y la mentira. Algo habrá que cambiar para no seguir por estos derroteros dramáticos de insatisfacción, de infelicidad, de desamor, de desidia. De angustia universal. ¿Saldrá el remedio de Naciones Unidas, de los Estados Unidos de América, de la revitalización económica, del culto a la tecnología? ¿Dónde está la esperanza real del hombre? ¿Dónde su paz?

Vilna, 1934: “La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia”. Hasta entonces -y esto lo digo yo- deambularemos entre la nostalgia y la tristeza. Entre la pesadumbre y la soberbia. Como mucho pensaremos que la religión es -como ironizaba Lichtenberg- cosa de los domingos o un consuelo para los malos ratos. Otros seguirán pensando que Dios es un sobrenatural incordio, o parte del inconsciente, o un narcótico, o el enemigo a batir para el progreso humano. En 1938 Jesucristo le hace a Faustina un claro diagnóstico que nos afecta a todos: “Hay almas en las cuales no puedo hacer nada; son las almas que investigan continuamente a los demás sin ver lo que pasa en su propio interior (…) Pobres almas, no oyen Mis palabras, quedan vacías en su interior, no Me buscan dentro de sus corazones sino en las habladurías donde Yo nunca estoy. Sienten su vacío, pero no reconocen su culpa, y las almas en las cuales Yo reino con plenitud son su continuo remordimiento de conciencia”.

En ocasiones el Diario cuesta leerlo. Tal es su fuerza y su muy personal interpelación. Porque preferimos vivir tantas veces donde no está Dios. Y cuesta volver, reconocer nuestra deslealtad y escarnio. Acostumbrados como estamos al sucedáneo de la felicidad en el que se ha convertido nuestra vida. ¿Es la felicidad el dinero, el sexo, el poder, la fama o la pereza? ¿Puede haber satisfacción fuera de Dios? Nos empeñamos en vivir como huérfanos de la alegría, en destrozarnos el alma a base de mentiras. De ahí éste especial querer de Dios: Su misericordia. Nos conoce muy bien. Faustina va pasando a un segundo plano según avanza la lectura. Y nosotros con ella. El protagonista es Cristo resucitado. Porque el verdadero autor de este Diario es Dios. Insiste una y otra vez: "No tengas miedo de nada, Yo estoy siempre contigo".

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Señor, no sé qué hago aquí...
Nada, pues nada sé hacer...
Quisiera rezar..., no sé, pero no importa.
No rezo porque no sé.
Señor, no sé qué hago aquí, Pero estoy contigo; me basta,
Y yo sé que estás aquí, delante de mí.
Señor, quisiera veros,
Pero ¿hasta cuándo, Señor?
¿Y mientras tanto?... ¿Cómo podré resistir?
Soy débil, soy flojo, soy pecado, soy nada.
Pero Señor, quisiera veros,
Aunque sé que no lo merezco.
Cuantas veces me pongo delante de Ti,
Mis primeros movimientos son de vergüenza.
Señor, tú sabes por qué.
Pero después, ¡oh Dios, qué bueno sois!,
Después de verme a mí, os veo a Vos
Y entonces al contemplar vuestra misericordia
Que no me rechaza, mi alma se consuela y es feliz.
El pensar que os ofendí y, a pesar de esto,
me amáis y me permitís estar en vuestra presencia,
sin que vuestra justa ira me aniquile...
Señor, dame las lágrimas de David para llorar mis culpas,
pero al mismo tiempo, dame un corazón grande, muy grande,
para con él poder corresponder un poquito, aunque sea muy poquito,
al inmenso amor que me tenéis.
R A

Anónimo dijo...

Yo ,¿para qué nací? Para salvarme.
Que tengo de morir es infalible.
Dejar de ver a Dios y condenarme,
Triste cosa será, pero posible.
¿Posible? ¿Y río, y duermo, y quiero holgarme?
¿Posible? ¿Y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago?, ¿en qué me ocupo?, ¿en qué me encanto?
Loco debo de ser, pues no soy santo.
F P de los R

Anónimo dijo...

¿Dónde Pondré, Señor, mis tristes ojos
que no vea tu poder divino y santo?
Si al cielo los levanto,
del sol en los ardientes Rayos Rojos

te miro hacer asiento;
si al manto de la noche soñoliento,
leyes te veo poner a las estrellas;
si los bajo a las tiernas plantas bellas,

te veo pintar las flores;
si los vuelvo a mirar los pecadores
que tan sin rienda viven como vivo,

con Amor excesivo,
allí hallo tus brazos ocupados
más en sufrir que en castigar pecados.

F de Q y V

Anónimo dijo...

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decia:
"Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía"!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
"Mañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!

L de V

Anónimo dijo...

Acto de Confianza en la Divina Misericordia

Oh Jesús misericordiosísimo, tu bondad es infinita y el tesoro de tus gracias incalculable. Confío sin límites en tu misericordia que está por encima de todos tus actos. Me abandono en ti enteramente y sin reparos para, de este modo, poder vivir y caminar hacia la perfección cristiana.

Deseo propagar tu misericordia mediante obras de misericordia corporales y espirituales, procurando especialmente la conversión de los pecadores, consolando y asistiendo a los que necesitan ayuda, a enfermos y afligidos.

Protégeme, oh Jesús, como tu propiedad y tu gloria. A veces tiemblo al darme cuenta de mi debilidad, pero ala vez tengo una confianza infinita en tu misericordia. ¡Que toda la gente conozca, con tiempo, la insondable profundidad de tu misericordia , tenga confianza en ella y la glorifique por siempre! Amén.

Anónimo dijo...

Santa Faustina no falla nunca. Y su Diario es en efecto todo lo que dice y mucho más. Una gran obra religiosa, pero también literaria.
Me ha dado una gran alegría con lo que ha escrito hoy. Dios le bendiga.

Anónimo dijo...

De igual modo que una vela
enciende otra y llegan a brillar
miles de ellas, así enciende
un corazón a otro
y se iluminan miles de corazones.
L T

Anónimo dijo...

" Durante una adoración Jesús me prometió: Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita misericordia. " Del diario de Santa Faustina Kowalska

Anónimo dijo...

"No tengas miedo de nada, Yo estoy siempre contigo"
No, si lo que me da miedo es eso, ¿no te da igual que me quede en la retaguardia?

Anónimo dijo...

Este libro sí que me lo compro pero ya. He oído hablar mucho de él pero no lo he leído.
El que sí he leído es el último de María Vallejo-Nágera. ¡Cómo lloré!

Anónimo dijo...

No conocía este libro ni a su autora. Tampoco me distingo precisamente por mi religiosidad y hace años que no leo este tipo de literatura. Al verlo en su blog si le soy sincero, lo primero que he pensado es que "paso de estos rollos". Pero algo me ha empujado a leer su escrito. Luego he leído lo que escribió ayer, antesdeayer y el día anterior. Y me ha dado cierta envidia la vida que se deja ver en sus palabras. Usted parece feliz. ¿Lo es de verdad?
Perdone la molestia.

Anónimo dijo...

¿Por qué los no creyentes tienen ese repelús con las monjas y los curas? Será lo de la mala conciencia. No sé.

PEQUEÑA HERMANA dijo...

A mí también me ha dado una gran alegría encontrar esta referencia aquí, precisamente hoy. La verdad, llevo meses leyendo a diario este blog y... ¿sabe? no me ha sorprendido la referencia. Misericordias Domini in aeternum cantabo!

Anónimo dijo...

Ayer compré el libro de Faustina. Se lo agradezco.

Anónimo dijo...

Consagración de las familias a la Divina Misericordia

¡Oh Dios Uno y Trino, fuente inextinguible de Vida que es la Luz de los hombres, Padre Creador, Hijo Redentor, Espíritu Santo Santificador!



Nuestra familia se postra ante ti en esta hora de dificultades para implorar tu Gran Misericordia, que brota del profundo piélago de tu Amor divino, surge en el Corazón Sacratísimo de Jesús y nos llega por la mediación universal del Inmaculado Corazón de María, tu Madre. A tu Misericordia divina deseamos consagrar hoy nuestras personas, nuestra familia y nuestra vida para que nunca dejes de mirarnos con benevolencia.



Mira, en primer lugar, el fondo de nuestro corazón contrito y humillado que reconoce sus errores e ingratitudes. Muéstrate indulgente ante la multitud de nuestras deudas y pecados personales y perdona la culpa y la pena que por ellos justamente hemos merecido.



Acoge compasivo, los dolores y peticiones de nuestra familia para que, unidos firmemente en un mismo corazón, seamos fieles a tus mandatos de Amor y nuestro hogar sea un remanso de paz y virtud, que refleje constantemente el modelo de tu Sagrada Familia de Nazaret. Atiende benigno las peticiones que hacemos diariamente por nuestras necesidades materiales y espirituales. Envíanos tu Espíritu de Luz y Sabiduría infinitas para que viendo los pequeños sucesos de cada día con ojos de eternidad, seamos siempre fieles a la vocación que asignaste a cada uno de nosotros en tus designios misericordiosos, de modo que se haga realidad el deseo de tu Sagrado Corazón de reinar en y a través de nuestra familia. Jesús, confiamos en ti.



Te encomendamos también mediante esta consagración a todas las autoridades de nuestro país y a los pastores de tu Iglesia para que por tu Misericordia tengan la luz y fortaleza necesarias que lleve a nuestra nación según los deseos de tu Sagrado Corazón, que son de paz y no de aflicción. Asimismo, queremos unir en este acto, nuestra voluntad e intenciones a las que tuvo el Santo Padre el día 17 de agosto del 2002 en Polonia, al consagrar entonces el mundo a tu Divina Misericordia



Todo esto te lo pedimos por medio del Corazón Inmaculado de María, para que haga llegar nuestra oración al Corazón Misericordioso de Jesús, en el seno de tu Trinidad Beatísima.



Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal.

Tened Misericordia de nosotros, de nuestra nación y del mundo entero

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal.

Tened Misericordia de nosotros, de nuestra nación y del mundo entero

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal.

Tened Misericordia de nosotros, de nuestra nación y del mundo entero