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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


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miércoles 31 de octubre de 2007

Inquietud



La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.
PEDRO SALINAS



Pongo en ti mis cinco sentidos:
respiro, escucho, gusto, miro
contigo todo lo que toco...
El gozo del placer no sacia
el alma que veo en tus ojos.
Para amar, ¡qué poco es un cuerpo!

Carta a una novia


Querida amiga:


Tienes toda la razón. El noviazgo es una época preciosa, llena de descubrimientos y deslumbramientos, de matices..., que van madurando el amor de dos personas -hombre y mujer- dispuestas a entregarse del todo y para siempre. Dispuestas a prescindir de si mismas y de vivir su vida en la vida del otro.


Y esta relación previa al matrimonio, a la unión conyugal, debe de estar presidida por el gozo de la pureza. Sé que decir esto no está de moda, y que lo más cómodo es dejarse llevar por el instinto de unos sentimientos alocados, en los que un concepto del amor un tanto confuso hace que todo parezca justificado. ¿Relaciones prematrimoniales? “Es para conocernos mejor”, dicen. Pero una amargura inevitable va socavando dicha relación. Poco a poco.


En el noviazgo uno ya comienza a entrever que el cariño más profundo nada es sin el respeto. Respetar el cuerpo del otro -y también el tuyo- significa creer de verdad en la santidad del matrimonio. Es decir, en un destino común de felicidad (de fidelidad), a pesar de las seguras contrariedades.


Mira, el noviazgo es el comienzo de una aventura extraordinaria. Ya me dirás qué hay más extraordinario que vivir toda tu vida entregada al amor con la persona que más quieres. Por eso hay que cimentar muy bien la base, no improvisar ni dejar de dar importancia a deslices pasajeros.


Que tu novio, por ejemplo, se fije en la anatomía de otras féminas es algo que no se debe convertir en costumbre (todos admiramos la belleza y debiéramos dar gracias a Dios por ella), en un "no pasa nada". Porque sí pasa, porque el amor es un cúmulo de delicadezas y detalles, de luchas... No somos seres puros e inmaculados, pero queremos ser fieles hasta en esas miradas curiosas o morbosas; precisamente por amor, por esa ternura que le acompaña a tu novio de la mano y que se llama como tú.


Ten paciencia y ayúdale. No tanto con enfrentamientos como con inteligencia y diligencia, con esa sonrisa tuya y con dulzura. Y sobre todo con oración. Dile que sus piropos son para ti la poesía mejor, pero que le quieres entero... Amiga mía, guardaos mutuamente el corazón. Deciros vuestro amor en un constante agradecimiento.

martes 30 de octubre de 2007

Infancia




Why does this light force me back
to my childhood?
JANE KENYON


A veces las manos de Ana
sobrevuelan mi infancia.
Una vida sencilla
cuando el tiempo no tenía prisa.

Mi madre al fondo del pasillo
ordenando en el armario su cariño.
Agosto: de rodillas en la playa,
entre las primeras olas de la mañana.

El abuelo encaramado a la escalera
de madera que subía al granero.
Los gajos de las mandarinas en fila,
preparados para hacer frente al enemigo.

Y aquellas lágrimas
-que lloro todavía-
camino del colegio.

Evidencias

Escucho la leve respiración de mis hijos y el ventilador del techo, que da vueltas sin pausa entre el vuelo de los visillos. Y escribo la presencia de algunas palabras que todavía me son concedidas. Pero nada es del todo nuestro. Nada. Cada una de las palabras cobija una imagen que va mucho más allá de la realidad. Escojamos una palabra. Por ejemplo: noche. Para mí, a estas horas, la noche es un estado del alma. No es oscuridad, ni tristeza, ni soledad. Es como la evidencia de la felicidad que se siente al convivir con la esperanza. Esta noche es para mí el abismo de la luz que parpadea entre metáforas o sueños. Mi noche es un acercamiento a su cuerpo, a la profundidad del amor. Una visión de lo que las palabras nos dejan intuir: una realidad muy distinta de la que vemos. Una realidad más real de la que creemos ver. Vivir es saber distinguir. Al mismo tiempo que desentrañamos nuestro yo en los demás. Y abro las ventanas de par en par y me asomo en paz a la noche de sus ojos.

Deseo


Quiero unos versos que jamás olviden
el color fucsia de las buganvillas,
o el pasmo sobrenatural de vida
que anida en el recuerdo de los días.

Quiero unos versos que sigan el rastro
de tu alma en el perfume del tiempo,
que miren lo que tu miras, que sientan
en su cadencia los pasos de tus piernas.

Quiero unos versos que admiren tu cuerpo
al detalle: cintura, labios, pechos…,
sin olvidar ya nada en la retina
de una rutina que nos hace viejos.

Quiero unos versos que hagan el amor
en la aurora de sus palabras nuevas,
escritas en tu piel por mis caricias:
leídas para siempre en el poema.

lunes 29 de octubre de 2007

De pronto...


De pronto, sobre la mesa
en donde escribo, se posa
un silencio inesperado.
Procuro quedarme quieto
para así escuchar su rastro.
¿De dónde viene? ¿Hay algo
en su luminoso encuentro?
Contemplo su perfil blanco,
esa nieve no pisada
por el atrezzo del tiempo.
El silencio es el misterio
que se revela en su adentro.

Gracias




Para Perico Mata, después de un paseo





Si tuviera que elegir una palabra que resumiera mi vida la más indicada sería “gracias”. Por tantas cosas que no veo y que me hacen feliz, por tantos imposibles que se hacen realidad, por mis manos que escriben cada día al dictado de la luz... Gracias por los versos de los poetas, gracias por la incandescente poesía de los sueños, gracias por los poemas de los días. Por todo siempre gracias. Porque siento una alegría que bulle entre las olas, porque sigo atento el vuelo de las hojas, porque leo en silencio el lenguaje de las rosas.

Me falta dinero, pero no importa. Doy gracias por ello. Invierto el tiempo en mis hijos o en la música de unos versos. El amor me ha hecho rico. Es más, por la belleza doy en la felicidad. Gracias, gracias. No puedo quejarme Dios mío. A cada momento me das algo infinito. Por ejemplo el otoño, o un dolor de cabeza, o los ojos de mi mujer, o limpiar el polvo de los libros… ¿Cómo no sentirme agradecido? ¿Cómo no creer en ti, que escribes por mí tanta maravilla?

No me canso de buscar palabras para decir gracias. Esa es mi vocación, y mi conversación, y la plenitud de mi existencia.

El Poblado


(1977-2007)



En el centro de la plaza
hay un álamo blanco.
Sobre mí reconozco con pausa
su dicción de vida: hojas
que insisten en decirme la hora de la brisa.
La memoria se mece en sus ramas…
Con los años me ve pasar por el mismo sitio,
pero ya con otro libro en las manos.

domingo 28 de octubre de 2007

Anéctdotas familiares


Dejemos por un momento la política y asimilados. Ya que estamos en fin de semana, vamos a procurarnos un poco de asueto, ¿de acuerdo?. Y para ello no me resisto a relatar algunos sucedidos familiares divertidos que han ocurrido en años pasados. Los niños, es cierto, son agotadores, pero de cuando en cuando también son geniales, son capaces de lo mejor. En muchas ocasiones te hacen recapacitar tu propia vida, o abrir en ella perspectivas insospechadas hasta ese momento. Con una sonrisa. Pero dejemos que tomen ellos la palabra.

El otro día sorprendí este diálogo entre mi hija y una de sus muchas amigas:

– Mi papá escribe, ¿y el tuyo?
– El mío trabaja.

Reconfortante, ¿verdad? Menos mal que no mucho después encontré a Juan mirando fijamente mi papelera.

– Papá, tiras muchos papeles, ¿verdad?
– Sí, hijo, sí –respondo como quien oye llover.
– Eso será porque trabajas mucho
–escucho entre perplejo y conmovido.
Pero no se pierdan el diálogo que tuve con Jaime mientras paseábamos muy dignamente por las populosas calles de Jaca. De improviso me espeta:

– Papá, ¿qué es un homo sapiens?
Y ocurrente que es uno, respondo:
- Homo sapiens soy yo, hijo mío.
– ¿Y yo? –interroga muy serio.
– Tú eres un homo ludens.
– ¿Por qué no me he casado todavía?

Casi nada. Como para reflexionar un rato. Y enlazando con esto último, recuerdo ahora cuando el mismo Jaime se fue a su campamento y Cristina pasó a dormir con Juan. Ya de noche unos gritos me hicieron ir corriendo al dormitorio de marras y entrar al grito de:

– ¡¿Qué pasa aquí?!
- Nada papá, estamos leyendo.
– ¿Leyendo? Pero si no paráis de gritar. Cristina, cuando está Jaime los chicos leen en silencio.
– Sí, pero es que yo soy nueva.

¿Qué pensar? ¿Qué decir? Pero cuando reconozco que reí hasta las lágrimas fue un día después de comer, de tertulia en la terraza. Juan jugaba con unos muñecos. Un tigre y un leopardo se enfrentaban con su natural ímpetu salvaje. La mamá de la criatura intervino con ternura:

– ¿Le está dando el tigre un masaje a su amiguito?
La respuesta de Juan fue contundente:
– No, es una pelea a muerte.
Y ahora sitúense en una apacible mercería. Mi mujer, los tres niños y un servidor.

Mientras esperábamos nuestro turno una señora mayor preguntó por una braga-tanga. ¡Dios mío! Inmediatamente Cristina saltó a la palestra:
– ¿Qué es una braga-tanga?
Todos los que estábamos en la tienda sentimos lo incómodo de la situación hasta un extremo que ustedes podrán imaginar. Y antes de que nadie dijera ni pío, Jaime sentenció:
– Es una braga con el culo al aire.

Y para terminar este peculiar artículo desestresante, cuatro breverías.
Juan a Cristina: "Yo he ido al campamento dos veces sintigo".
Jaime, tenía 11 años, y en un rapto de lucidez: "Yo hago lo que quiero y no lo que debo".
Se me ocurre interrogar a Cristina sobre qué vamos a comer hoy:
"Oye papá, ¿alquilamos un pollo?".
A la misma le pregunto, después de una barrabasada: "¿Eres mayor?".
"Sí, soy mayor porque tengo sentido de razón".

En fin, cosas de niños, dirán algunos. En realidad estos acontecimientos son la sal de cualquier familia, el cimiento de un gozo inexplicable. Pese al agotamiento que conlleva el tema les aseguro que no envidio a nadie, que merece la pena.

sábado 27 de octubre de 2007

La Rosa





He visto una rosa roja
aquí, en medio de la tarde
y del ruido de la calle.
Me he acercado a su aroma
y al tacto de su caricia
con el alma más sencilla.
Sin pensar en otra cosa
que no fuera ella: la rosa.

viernes 26 de octubre de 2007

Mi ángel


Imagino un poema sin palabras.
Invisible como el aire, en un relámpago
de pasión pura. Desnudo de literatura.
Como ahora…

Sin título


Llegas a casa cansado. Toda la mañana entre papeles y los clips de las horas con los que vas uniendo el trabajo. Tu mujer te espera, más cansada todavía. Mientras comes ella se duerme a tu lado. Y piensas cuando la conociste, el mismo día en el que se inauguró el mundo. Junto a Ana -es cierto, es cierto- las cosas se renuevan, toma el tiempo un cariz infinito, donde no cabe la muerte… Tened en cuenta que el amor no se repite. La miro como si me estuviera comiendo el postre. Así, dormida, con esa piel tan suya, tan de miel y primavera. Me da miedo moverme y dejar de creer que ser feliz es posible. Una manta amarilla de viaje cubre su cintura, sus piernas… La casa está en silencio y un poquito fría. Arreglo un poco la cocina, procurando no hacer ruidos innecesarios. Mi felicidad no es un sueño, aunque esté dormida. ¿Qué podría escribirle? ¿Qué decir de la alegría cuando su respiración acompaña mi vida? Mejor callarme, porque sé que todos los poemas la envidian.

jueves 25 de octubre de 2007

Perdóname


Pienso en lo que piensas
cuando estás cansada
y en silencio lloras
todas mis palabras.

Me enfado por nada,
es cierto, perdona
si grito en tu cara
mi propia indolencia.

Miro en tu mirada
la esperanza exacta
que a los dos nos une.
¡Te quiero, te quiero!…

Una reivindicación más de la poesía

Uno en ocasiones se pone un poco pesado con la poesía, lo reconozco. Pero cuando se tiene la certeza que yo tengo de su decisiva importancia en el destino de la vida del hombre, pues ¿qué quieren que les diga? Es por eso que la escribo (humildemente), que hablo de ella, y que reseño a los poetas que considero merecen la pena. Hace unos días unos buenos amigos me pidieron que diera una conferencia. Y ni corto ni perezoso les espeté: “De acuerdo, acepto. Tendrá el título de ‘La esencia poética de la humana existencia’. No es negociable”. Tendrían que haber visto sus caras. “¡Qué profundo!”, dijo alguien. Y yo, un poco más tarde, pensaba que nada más lejos de la poesía que un pedante. Con lo que hice un claro propósito de la enmienda. Lo mejor era una lectura poética comentada. Algo que acercara un poco más a la lectura de poemas. Con sencillez. ¿Y qué poetas podría leer a mis amigos?

Hay tantos… Los más clásicos, los más claros, los más graciosos, los que más releo, los más metafísicos, algunos grandes poetas amigos, o los últimos que he leído con provecho y emoción. Sí, esto último será lo mejor. Entonces me quedo con dos poetas: Anne Carson y José Carlos Llop. Pero de fondo escucho con insistencia el reclamo de Rubén Darío y Jane Kenyon (una mujer que se ha quedado definitivamente a vivir en mi vida). Pero vayamos por partes.

No leer la música de Rubén Darío es no querer apurar la vida del todo. Su canto es iniciático. Quiero decir, que con él se inició la gran poesía moderna en lengua española. Quedó renovada. Él y Baudelaire dinamitaron las palabras por dentro. Desde entonces la poesía occidental derivó en otra cosa. Sin dejar de ser lírica se hizo pensamiento, sin dejar de ser canción se sumergió en un largo grito existencial que todavía dura. En el universo del idioma español, y después de un siglo XVIII y en gran parte el XIX de una poesía dominada por cancioncillas de poco fuste o por una retórica florida y cursi (no todos, no todos, ¿verdad Espronceda?), Darío fue una revolución en toda regla. Y uno sigue releyéndole con el mismo placer de siempre. Es una mezcla -siendo único- entre Garcilaso y Walt Whitman. Y digo que es iniciático porque sus versos son de lo más apropiado para ir tomando gusto por la poesía, y porque es de los poetas que mejor nos dejan entrever el misterio y su magia infinita. Compren y lean la edición de su Poesía que acaba de editar Círculo de Lectores de mano de Julio Ortega y Nicanor Vélez. Es el primer tomo de los tres que formarán sus obras completas. Estamos de enhorabuena.

Jane Kenyon es la otra poeta que escucho de fondo. Desde que la leí por vez primera ahí está: en mí. Ya he hablado varias veces de ella. Y lo seguiré haciendo. Porque esta mujer norteamericana logró expresar a las mil maravillas la emoción mística de lo cotidiano. Dotó a la poesía de una trascendencia doméstica. Hizo un poema de su casa, de su dolor, de su matrimonio, de su cocina… Lo trivial se hace melodía. Lean De otra manera (Pre-textos).

A José Carlos Llop y a Anne Carson vamos a dejarlos para otro día.

miércoles 24 de octubre de 2007

El Diario de Samuel Pepys y el cotilleo como tradición



Hoy más que nunca -siglo XXI- el cotilleo ha alcanzado su clímax. Hay cientos de personas que viven precisamente de esto: de la intromisión en las vidas de otros. Se compra y se vende de todo, lo sé, pero la explotación como negocio de las intimidades ajenas me repugna tanto como por ejemplo la literatura pornográfica. El cotilleo está considerado como un derecho casi fundamental, como una parte crucial de nuestra mal llamada “cultura democrática”. El decoro lo hemos perdido y el buen gusto vaya usted a saber. Informativamente la política es sólo propaganda y cotilleo, y el mundillo literario un amasijo de dimes y diretes, de enjuagues y portadas, donde prima lo que vende. Y vende más si fulanito es homosexual o no -y su enésima pareja de hecho- que la calidad de su prosa. Si es que la tiene. Pero hay muchos niveles de cotilleo. Aquí sólo citaré casos que literariamente merezcan la pena.

El cotilleo siempre ha existido. Y hay escritores con tendencia a ello. Sobre todo los diaristas, pero no sólo ellos. Les atrae esa especie de morbo donde ejercen de mirones para el regocijo de muchos. Nos cuentan minucias que con el paso del tiempo -y si el autor se aplica- pueden llegar a ser estimables obras literarias, dejando además ese rastro de intrahistoria que nos ayuda a conocer mejor otras épocas y otras sociedades. Y me vienen a la cabeza El satiricón, de Petronio (Gredos), o incluso los Diálogos de Platón (Gredos), o tantos pasajes de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust (Alianza) o La vida de Samuel Johnson, de James Boswell (publicada recientemente por Acantilado y también por Espasa). Entre los autores españoles contemporáneos me quedo con varios: Francisco Umbral (en sus libros de memorias o de artículos, pero también en muchas de sus novelas), y César González Ruano (lean su Mi medio siglo se confiesa a medias, editado por Renacimiento). Sin olvidarnos de Andrés Trapiello y su oceánico Salón de pasos perdidos (Pre-textos).

Bueno, pues un gran cultivador del cotilleo como trama de una aceptable literatura es sin duda el escritor de la Restauración inglesa Samuel Pepys (1633-1703), contemporáneo del poeta John Dryden. Su apellido se pronuncia Pips, creo. Se trata de una prosa donde lo que prima es la descripción de intimidades y de cualquier cosa que se mueva a su alrededor. Narra grandes acontecimientos y reflexiones personales, pero siempre desde la cotidianidad más subjetiva. Las pelucas de moda, sus inquietudes de funcionario con vocación de trepa, el sermón del domingo, el té, el clima, los trajes que se pone, etc. Desde luego la obra no es un dechado intelectual, es más bien un testimonio de época escrito por un señorito inglés, plagado de todas esas insignificancias de cada día que harán las delicias del lector más curioso. Eso sí, unos cotilleos que mantienen las formas. Desde que se levanta hasta que se acuesta nos lo cuenta casi todo. El Diario (Espasa) lo escribió entre 1660 y 1669, y fue una obra que los románticos estimaron mucho. Es una lectura amena aunque muy irregular. Desde luego a años luz de la impudicia pseudo literaria que nos preside.

El despertar


¡Cómo cuesta poner en pie a la mañana!
Se hace la remolona y a la luz le cuesta
iluminar del todo la conciencia. Los sueños
se resisten en su cálido refugio de noche.
Sueñan un cuerpo, una racha de buena suerte
o quizá la gloria de unos poemas. En el horizonte
del alba sigue acostada el alma, sin voluntad
para desperezarse. No quiere abrir los ojos
a las palabras, no quiere saber nada
del desayuno que está sobre las sábanas.
Los miembros se recogen en la pereza,
plácidamente, envueltos en la ternura
de un amor invulnerable. Humedeces tus labios
con el rocío de una flor cercana, cuyos pétalos
son el regazo de esa piel donde acaricias
el mar, en su desnuda cadencia de agua.

martes 23 de octubre de 2007

Qué es el amor


Para Pilar y Lorenzo, en sus primeros 25 años de matrimonio



Un golpe de brisa. El tacto de esa mano -precisamente de esa- en tu brazo. La sonrisa en el cansancio. Aquellas amapolas que parecían labios. La pureza de un noviazgo apasionado. El paisaje de los años cuando se remansa en el resplandor de la paciencia. Rezar con tus hijos o coger caracoles en familia. Ay, y poner esos platos en el lavavajillas.

El amor es un don que se manifiesta en llegar puntual a una cita, y que se hace más perfecto en las caricias. Es nuestra libertad, que se entrega hacia el bien de los demás. También está en el color de la falda de nuestra mujer, o en la camisa bien planchada del marido. El amor está en el elogio preciso a unos zapatos recién comprados, o en apagar la televisión cuando todos están a la mesa (¡cómo cuesta!). Es la ternura de la noche, en un abrazo indisoluble.

Ese enfado repentino -con o sin razón- también es amor, aunque parezca lo contrario. O ese grito que nace del cariño. Amor, amor… Amor es trabajar bien, cada uno en su verso, en su mesa, en su cocina o en sus ladrillos. Es hacer gimnasia con el alma en la calle. Dar gracias por la belleza, que es tan femenina (en sus formas y en su esencia), y por las contradicciones diarias que nos hace mejores.

¿Qué es el amor? Es subir al autobús e imaginar quién puede necesitar de nosotros. Es ceder la alegría de un piropo o poner el pétalo de una rosa entre las hojas del libro. Es no poner excusas a lo que nos cuesta. ¡Tantas cosas! Amor es todo. Es el misterio sagrado de la vida, es comulgar a Dios cada día. Es… no quedarse sólo en las palabras.

lunes 22 de octubre de 2007

Una sonrisa


Una sonrisa
estrena el día.
Toda la vida
brilla en sus labios.

Una sonrisa
basta, es la luz
cuando nos besa
por la mañana.

domingo 21 de octubre de 2007

Tengo un amigo que me llama los jueves

Tengo un amigo que me llama los jueves, sin fallar uno. ¿Imaginan lo que eso supone? Alguien que piensa en ti, que dedica un poco de su tiempo a hablar contigo, a contarte sus cosas y a preocuparse por las tuyas. Lo que más le gusta es hacerme reír. La primera vez que me lo dijo me llamó mucho la atención. Bueno, pues todavía no me he acostumbrado. Él piensa que la risa es algo sobrenatural, algo que sacude el cuerpialma -que diría Juan Ramón Jiménez- de todo pensamiento inútil. Cuando me llama su principal ocupación es escucharme. Eso y pedirme reiteradamente el favor de un poema. La verdad es que disfruto hablando con él. Su sensibilidad es muy acusada, su vigor espiritual me ayuda… a dar gracias a Dios por toda la belleza que jamás escribiré. Sí, tengo un amigo que me llama todos los jueves. Un amigo que tal vez no sabe que es él el que en realidad me hace el favor cuando me hace compañía con su voz. Y cada vez valoro más estas cosas que pueden creerse de poco valor. Es como si alguien estuviera empeñado en hacerme ver estos pequeños infinitos… Alguien que me ayuda a discernir la felicidad entre la densa bruma del tiempo. Y palpo el amor en el tacto de las palabras. Y de pronto se hace la poesía entre los dedos, no sabes ni cómo, y asciendes por su significado a una melodía de olas y jazmines, de certidumbres y miradas. Me fijo en el otro lado de los escaparates, beso a mi mujer de otro modo, y cuando subo en el ascensor a mi casa percibo la altura de los alcores. En parte gracias a un amigo que se empeña en llamarme todos los jueves.

sábado 20 de octubre de 2007

La escritura




Para Pedro Antonio Urbina





Sientes la humildad de tus palabras. Y a la vez
su poderosa fuerza. Una fuerza que nada tiene que ver
con el estilo. A veces ni contigo mismo. Es algo distinto,
una energía que brota de dentro, de esa reflexión diaria
que modela la fonética y el significado. Tus palabras
se encuentran alrededor de un lenguaje
que está en el reverso del idioma.
Se traban en la armonía del silencio, ahí
donde se recoge el espíritu, en la plenitud de su anhelo.
Las palabras, en su ritmo o melodía, se escriben
en un abismo. Nunca son suficientes. Dibujan
en lo blanco el impulso de su rabia o alegría.
Pero no bastan. Necesitas escribir más.
Decir de mil imperfectas maneras lo que sueñas,
lo que miras… ¿Cómo conseguir la expresión precisa,
aquella que alcance en pleno centro a la belleza?
Escribir es asunto de enamorados, de gente contemplativa.
De personas en las que predomina un corazón reflexivo,
que se fija en los detalles y no se acostumbra a la maravilla.
Se trata de nuestra vida, que se da en el don que la inspira.

viernes 19 de octubre de 2007

Noche


Una pausa. Escucha
el leve silencio
de la noche. ¿No oyes
su alma que respira?

Pereira, Jiménez Lozano y Neruda


La literatura recompensa muchas veces del sofocante agobio -tan vacío- al que nos expone tanta información, tanto eco de lo mismo. No somos pocos los que en algún momento hemos sentido esa dolorosa orfandad del alma, esa soledad de la inteligencia, inmersos como estamos en la intrascendente velocidad de la nada. Inmediatos de cosas que no nos llevan a ningún sitio. Ahí, aherrojados en una penuria espiritual que nos consume.

Por eso mismo es necesario volver a los clásicos. Leer cuanto antes esos textos que resuciten en nosotros la esperanza. Porque la gran literatura nos hace soñar lo mejor de nosotros mismos. Nos impele a dejar lo superficial a un lado, y a saber mirarlo todo con más detenimiento, sin alevosa precipitación. Por eso traigo a estas líneas a dos escritores de cuentos y a un poeta. Los tres están vivos y son verdaderos maestros, aunque uno de ellos esté físicamente muerto. Sólo físicamente. (¿Qué es la muerte para un poeta?).

Antonio Pereira (1923) es un autor deslumbrante de emoción y matices. Sus últimos cuentos, agrupados en el libro La divisa de la torre (Alianza literaria) son breves impactos donde la autobiografía se funde con la elegía. Es una prosa de estirpe lírica, donde la memoria tiene en la metáfora su principal herramienta. No en vano es poeta. No en vano tiene esa visión tan exacta de los detalles, de la conmoción que produce en el lector la intimidad de las cosas.



Del libro La piel de los tomates, de José Jiménez Lozano (1930), editado por Encuentro, podríamos decir casi lo mismo. Su intensidad es proverbial. Cualquier instante tiene importancia; en la vida de sus personajes nada es menor, porque el autor lo transforma en un ritmo que nos conmueve. Hay una delicadeza muy especial en la prosa de Jiménez Lozano, una piedad que unge las palabras de vida interior, de esperanza; en una exquisita pujanza de luz y de alegría. Y al lector se le transforma la mirada. Y con la mirada el alma.


Y la Residencia de Estudiantes acaba de publicar una nueva joya, en una tradición de cultura a la que no nos debemos acostumbrar. Bravo por ellos. Este Álbum dedicado a Pablo Neruda es la más perfecta introducción a la vida y a la obra del poeta chileno. Sirve también como excusa para volver a releer su obra, en su vida, iluminadas en las abundantes fotografías que jalonan el precioso tomo. En él se pasa revista a un poeta que es como una gran enciclopedia de la Poesía, tal es su horizonte. Muy pocos como él. Y dejemos aparte su ideología o sus puntos negros. Valoremos sobre todo sus versos, la sinfonía espiritual de un hombre que hilvanaba las palabras en un multicolor homenaje a la vida. Por favor, háganse con este libro, y con las Obras Completas de Neruda que editó Galaxia Gutemberg/Círculo de lectores.

En fin, tres libros en los que merece la pena demorarse. Y tener en nuestra biblioteca.

jueves 18 de octubre de 2007

El verso que yo quiero




Para Carina y Brianda


Quiero un verso
que revele
la belleza
de sus ojos.

Quiero un verso
que me explique
los colores
del otoño.

Quiero un verso
que camine
a mi lado,
en silencio.

Quiero un verso
cada vez
más exacto
y sencillo.

Educación para la ciudadanía


Una presunta asignatura impulsada por la mala leche.

Una vulgar excusa de adoctrinamiento.

Una secuela más de la pedagogía marxista.

Un meterse donde más les duele a los de siempre, esa gente que va a misa.

Una manipulación moral -y legal- del ciudadano.

Una campaña de propaganda a la mayor gloria de la indecencia.

Un provocador metemano a la creencia cristiana.

Una patética fobia a todo lo que suponga sentido común y respeto.

Un escarnio de la libertad de conciencia.

Un muy premeditado ataque a la familia.

Una manera más de evaluar la progresía.

Una perversión brutal de la sexualidad y de la inteligencia.

Una clarísima imposición de la masonería en su ataque a la Iglesia

Una asignatura cuyo contenido se cimenta en el temario preelectoral del gobierno.

Una fase más del fundamentalismo laicista en España.

Una ley donde prima la mediocridad educativa y el cultivo ideológico.

Una "metáfora del desafuero" -perdón Bousoño-, una muestra más de eufemismo.

Un aguar la fiesta al prestigio del verdadero estudio.

Unas leyes fundamentales de su particular Movimiento "rojo".

Una ley a la que me opongo. Por cantamañanas, por tendenciosa, por amoral y por liberticida.

Todo es para ti


Bosteza la mañana en las ventanas de las casas.
La luz se tensa en la intensidad de su brillo.
Es un delirio ver como se despereza la fronda
de las acacias o de tu cuerpo encendido.
Miro como riegas las plantas o acaricias la tierra…
Bajas el toldo… Es entonces cuando me dices
que no hago nada. ¿Nada? Eres injusta
porque me dedico siempre a ti cuando te miro.
Y hoy no quiero perderme de ti ningún detalle.
En ti está lo que busco: la eternidad del tiempo.
Lo sé, porque contemplo el encaje de la luz
entre tu pelo, esa belleza que acaricia la brisa.

Instantánea

Así, quieta,
no te muevas
de mi vida.

Quieta. Así,
como tu eres:
infinita…

miércoles 17 de octubre de 2007

Gratitud


En la habitación queda un rescoldo de luz.

Apenas una brizna de sol sobre la colcha.

Un punto en donde se resume el día

en la esperanza del mañana.

Abro la ventana y me asomo

al asombro de las cosas.

Eran otras las casas que veía, otra mi edad…,

pero el fundamento de mis sueños es el mismo.

Sigo perplejo ante la vida

y lo más vulgar me parece inaudito.

Politiquerías

En España la política para unos es bronca, para otros un esperpento, para los de más allá un conglomerado de intereses partidistas o tribulación que hay que sobrellevar. Con la impresión de que el sentir del ciudadano tal cual importa más bien poco. La política española parece basada en la propaganda y en el compadreo. No salimos del desprecio hacia el que opina de otra forma, o del cosmético afeite, o de la cháchara. O de la memoria “franquenstein” con un toque histriónico de historia prêt-à-porter.

La derecha se acoquina y la izquierda progresa mezquina hacia algún agujero negro del espacio exterior, donde todo esté ya definitivamente del revés o descristianizado en una supuesta ética de la ciudadanía coercitiva. De por medio un miasma nacionalista heterogéneo, que va desde el pícaro sentimental al terrorista criminal. Desde los sofistas del terruño a los ideólogos del odio. Este plato es fuerte, pero nos lo desayunamos todos los días.

Menos mal que nos queda el paisaje de España, la familia (ya saben y por si acaso: hombre, mujer e hijos), los libros, el cine de Garci y la libertad de mandar a casi todos a la mierda. Ahora andan cubriendo el expediente con la bandera y en un repentino e indescriptible amor a nuestro querido rey don Juan Carlos I (Majestad: paciencia). Mientras los que gobiernan se entretienen en comprar librotes del repollo de Al Gore, en demonizar estatuas o en tutelar nuestra vida privada en su tediosa radicalización. Vamos, toda una maravilla de pericia gubernamental.

PD. Les dejo ahora, que estoy leyendo Cicerón, de Anthony Everitt (Edhasa), y es más interesante. No les vendría mal su lectura a algunos. Por aquello de ejercitar en política la inteligencia.

La vida del alma


Para Pepe Busto, en su cumpleaños.

¿Qué decir de la vida cuando te abrasa? ¿Qué decir cuando sientes que todo te habla? Respiras un continuo asombro. No hay nada que no te llame la atención del alma. ¡Ay, el alma! Mil veces la escribes buscando precisar ese fuego que consume las palabras. El alma eres tu mismo -lo más íntimo de ti-, y está en todo lo que ves y quieres. Eres tu la llama en el paisaje que se enciende a tu paso. Aunque a veces la encuentres en un rincón de tu casa, ensimismada en fruslerías, como si nada.

A mí la vida me sabe a alma. Es así. Y por eso quisiera descifrar la entraña de su alfabeto y que salga por fin de los innumerables diccionarios. Alma: palabra que se define en el silencio, o en el color fucsia de unas violetas, o en la rosa mística del alba. O en el oleaje del agua, o en el vuelo azul de las águilas. El alma indaga en la manera más adecuada de ser feliz. Y la poesía busca almas que comprendan la belleza en cualquier circuntancia, almas que lean la luz y la noche... La luz en la noche.

Alma, que no desperdicie nunca tu ternura y que enfoque la mirada en el amor, en la gracia infinita que me abrasa.

martes 16 de octubre de 2007

Poesía. Manuel Padorno


Todo hombre tiende a su paraíso. O a su infierno. El artista es consciente de ello. Y en el caso del poeta templa las palabras al son de la vida. De su vida. O de otra vida mejor que imagina. Quizá un sueño, quizá una manía, o la melancolía de lo que pudo llegar a ser. El caso es que persigue un ideal, un mundo donde se transforma lo tosco en algo digamos más espiritual, más consciente de su belleza y de su experiencia interior.

Manuel Padorno (1933-2002) supo crear un mundo nuevo, una respiración donde la poesía es el aire que nos mantiene con vida. Sus palabras imaginan en Edenia (libro inédito, como su magnífica Canción atlántica, también editada en Tusquets) ese paraíso donde él habita… Cada poema es una visión y una esperanza. Nos enseña su casa, esa “hacienda de cristal”, “construida con el agua”, y al encuentro del lector salen multitud de animales y el abrazo de la naturaleza.

El poeta observa lo que sueña, detenidamente contempla un mundo que anhela eternidad. ¿Utopía? La cadencia de los versos van desgranando poco a poco aquella felicidad que él quiso y que se le iba difuminando en el tiempo. Padorno tuvo que poner por escrito la felicidad que él quería. Ya nada era imposible. De entre sus dedos crecía su verdadera identidad, su alegría, y sus ganas de vivir. Alta poesía, que el lector comparte... y mira.

Acto de amor


Sentado en la rutina
gris de todos los días
levanto en mí la altura
de tu alma en el poema.

Eso es lo que me salva
del dolor de la vida,
esa es la melodía
del ser de mis palabras.

Soy feliz verso a verso.
Por eso canto y beso
sobre el papel tu cuerpo.
Porque te quiero entera.

lunes 15 de octubre de 2007

Entreluces


La mirada atardece
en un río de lava.
Es el sol que se mira
en tus ojos la cara.

Iain Banks


Y ahí me vi, con una nueva novela de Iain Banks en mis manos. El puente (La Factoría de Ideas) es una experiencia única. Banks siempre lo es. Un hombre que no recuerda. Un accidente le tiene en coma. Pero el despertar es un no recuerdo. Hay un puente, una “metamorfosis”. Un símbolo de una vida mejor… o peor. Un puente que no deja de recorrer. ¿Dónde está su realidad? ¿Dónde termina o comienza la ficción del yo, de la misma novela o del autor? La prosa de Banks nos hipnotiza y nos inquieta. Nos sugiere experiencias iluminadoras, alternativas que pueden llegar a ser una pesadilla. O no. El lector no puede dejar de leer porque no puede dejar de pensar en esa posibilidad: no estar, y despertar a “otras” circunstancias. Hay aquí una muy aguda reflexión del tiempo, de la memoria humana, del instinto, de los sueños, de la consciencia. El puente une dos orillas: la vida y la muerte, el tiempo y el más allá. Entre esas dos orillas hay un cúmulo de intuiciones y de signos que es lo que ha hecho posible esta novela. Eso es, creo, lo que más atrae de Banks, sus intuiciones, su arrebatadora lucidez. Estamos ante un gran narrador. Les recomiendo toda su obra. A discreción.

Entre libros. Y un timo llamado Al Gore.

Los planes de lectura a veces se tuercen. La curiosidad hace estragos. Ustedes, apasionados y concienzudos lectores, lo saben muy bien. El caso es que estaba a medias con el extraordinario libro de cuentos Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas (Anagrama), libro que muy bien puede ser leído como novela donde sus capítulos son cuentos y que dependiendo el orden de su lectura puede dar en diferentes novelas o situaciones, un libro tan magistral o más que los anteriores suyos; con Yo, Vicente Ferrer, de Jesús Caudevilla (Styria), libro que te engancha y que dentro de poco tengo que presentar en El Corte Inglés de Zaragoza; y con el muy loado y premiado Pulitzer 2007 La carretera, de Cormac McCarthy (Mondadori). Respecto a esta última novela digo que dicen que es de las joyas más aquilatadas de la literatura universal. En fin, esas cosas tan rimbombantes que a veces decimos los críticos. Bueno, que sí, que no está mal, que su prosa tiene más fuerza de lo que esa misma prosa nos cuenta. Pero que no me digan que yo exagero a veces. Sobrevalorada del todo. Me quedo con Vila-Matas. Sin duda.



Y de pronto un viaje. Un cambio de paisajes. El otoño en todo su fulgor. La obsesión de los amarillos. El lirismo como cortocircuito de la estupidez. Y esos tres libros que se quedaron “en el camino” (como el título de la mítica novela de Jack Kerouac que pueden encontrar en Anagrama). La curiosidad se entrometió. Oportunamente, diría yo. El mismo día que le concedieron el Nobel de la Paz al patético Al Gore -digo patético por tratarse de un tipo-timo que ha hecho de la climatología y su devenir su modo de vida, un negocio de lo más suculento para su vanidad y su bolsillo, un trepa en toda regla-, pues el mismo día comienzo a leer Guía políticamente incorrecta del calentamiento global (y del ecologismo), de Christopher C. Horner (editorial Ciudadela).

Tienen que leerlo. Se intuye que tras la “sabiduría verde” hay cierta, ¿cómo decirlo?, cierta ¿histeria?, ¿fantasmagoría?, ¿subvenciones sistemáticas?, ¿profilaxis política? Uno barrunta que no es todo trigo limpio. Horner va diseccionando a esos “ecologistas autoritarios”. “Verde por fuera, rojo por dentro”, nos dice. Es una nueva redención, una religión con su propio apocalipsis y sus falsos profetas. Todo lleno de verdades a medias y mentiras convenientes. Los titulares son dramáticos. Me ha llamado la atención: “Las soluciones(¿) verdes son draconianas e ineficaces, a menos que su verdadero objetivo sea controlar el crecimiento de la economía y la población”. Al Gore dijo el 9 de mayo de 2006: “Creo que resulta apropiada una cierta exageración en la exposición de los hechos”. Vaya con el Nobel. El capítulo 7 de este libro de Christopher C. Horner desenmascara a un manipulador Al Gore. Pone de manifiesto sus pecados de omisión y sus pecados de comisión. Los ejemplos son abrumadores. Los lectores saldrán confortados.

Estos días también me he dado un garbeo por el género memorialístico. Julián Herranz es un cardenal español. Médico psiquiatra y gran jurista. Y un buen escritor. En las afueras de Jericó (Rialp) es un libro que se lee con gran placer. Es un libro escrito por un hombre muy consciente de los hechos históricos que le ha tocado vivir. Aquí el lector se sumerge a fondo en la historia de la Iglesia del siglo XX. Con sencillez va relatando sucesos inauditos. Conversaciones y anécdotas, reflexiones de todo tipo, le sirven para ir hilvanando una narración extraordinaria. Su lectura me ha conmovido muchas veces, y me ha ilustrado siempre. Herranz ha logrado que estuviera leyendo tres días hasta las 4 de la madrugada. Prueben. No tengan prejuicios. Es una muy buena literatura. Y unas memorias de primera magnitud.

domingo 14 de octubre de 2007

Paseo en bicicleta



(Fuentes Claras)


Un bosque de amarillos
suspiros, el sonido
de la voz de mis hijos...
Aquella luz, su brillo
incandescente, vivo
de tanto amor. Divino.

sábado 13 de octubre de 2007

Geografía Espiritual


Hay lugares que trascienden la geografía,
lugares en donde uno encuentra
un trallazo de belleza inexpugnable,
en apoteosis de crepúsculos y violines.
Lugares donde la luz nos despoja del dolor.
Lugares donde Dios crece entre jazmines
o en los que la lluvia tiene el aroma de los sueños.
Lugares donde una mirada es la caricia
de la fe, que ronda tenaz a las almas.
Lugares en los que al abrir un libro
surge lo imprevisto de entre sus hojas.
Lugares donde encuentras un amigo
que pone a tu disposición su vida.
Lugares que los niños siembran con sus risas.
Lugares donde el otoño crepita
en un cataclismo de silencios amarillos.
Lugares en que la poesía hace estragos,
cuajada de instantes infinitos.
Lugares donde la brisa reza durante siglos.
Lugares de los que nunca te alejas.
Lugares donde el paisaje tiene un alma
que jamás podrás encontrar en los atlas.

viernes 12 de octubre de 2007

Conversar con nuestros hijos


Saber conversar con los hijos es para mí algo fundamental. Una de las bellas artes más desconocidas. Dejémonos de tanta mojigatería teórica y saquemos tiempo para hablar con ellos. ¿De qué? Pues de todo. De to-do. Con esa naturalidad propia del cariño. Esas conversaciones son necesarias para ellos… y para nosotros, los padres. Por favor, no convoquemos unos miedos innecesarios. Porque una cosa es la prudencia y el ir por delante de ellos, y otra muy distinta el pavor que se refleja en esos ojos como platos de algunas madres, cuando de pronto un día se enteran -¡cuánta ingenuidad!- de que tienen un hijo o una hija en edad adolescente, capaz de las estupideces más alucinantes. Claro, los problemas y las rarezas siempre acaecían a las demás familias. ¿A nosotros, a nuestros hijos? Si son unos benditos, y que si esto y que si lo otro. Ya.

¿Tan difícil es? Un paseo basta. Un paseo detrás de otro quiero decir. O un tomar algo juntos. O hacer deporte. O lo que sea que ayude a entablar un diálogo distendido y sincero. Sin que se nos note en exceso la angustia, o ese querer solucionarlo todo con dos o tres frases rotundas, adornadas por alguna cita que hemos leído u oído en el folleto de turno. Porque nada agobia más que un padre (o madre) cuadriculado por la vehemencia del que se cree que lo sabe todo. Y no lo sabemos todo. Muchas veces no sabemos casi nada de nuestros hijos (que también creen saberlo todo). Estamos tan embebidos en lo intrascendente material, o en lo profesional, o hasta en sus mismísimas notas, que olvidamos lo fundamental de nuestros chavales. ¿Y qué es lo fundamental?

Pues esto de qué es lo fundamental va por barrios. La casuística es tan heterogénea como abracadabrante. Pero yo me ciño a lo mío. Si los padres son católicos -o dicen serlo, y aunque no sean cristianos seguirá siendo lo más crucial-, ¿qué será lo más importante? Habrá quien incluso dude a estas alturas. ¿No será el alma? Sí señores, el alma. En el alma de nuestros hijos está el impulso de su felicidad, el centro donde se dirimirán las más importantes batallas de su vida. Aquellas en donde se jugarán su alegría y su destino eterno. Sé que suena fuerte, pero la realidad no es otra. O somos coherentes con nuestra creencia o el futuro de los hijos será tan endeble como nuestra propia abulia. Luchar por la buena formación es cuidar de su alma -y de la nuestra- con perseverancia y solicitud.

De hacerlo así dependen cosas tan importantes como, por ejemplo, estar pendientes de sus sentimientos, de sus amistades, de su ocio, de su formación cristiana, o elegir un colegio que se adecue a nuestra fe (no sólo al inglés, o a la cercanía), a ese ir moldeando con disciplina y delicadeza sus hábitos. Crecen físicamente e intelectualmente. Pero ¿y espiritualmente? ¿Para cuándo las virtudes? ¿O van a quedar tullidos interiormente?

Bueno, pues de esos sentimientos, amistades, etc, es de lo que debemos hablar con nuestros hijos. Quizá al principio les dé vergüenza, un lógico apuro. Es entonces cuando debemos hablar nosotros, contar de lo nuestro, hacerles partícipes de anhelos y problemas familiares. Poco a poco se irán abriendo a esa confianza que les ofrecemos. Con naturalidad. Sin escandalizarnos ni clamar al cielo si nos ofrecen en bandeja su confidencia. Por rara que esta sea. Hablar, hablar, hablar. Mejor dicho: escuchar, escuchar, escuchar. Sin caer en la desesperación o en la paranoia. Y si dudamos, pedir consejo, y cultivar la amistad de los padres de sus amigos… La adolescencia es una ocasión única para hacerles fuertes en el bien y en la verdad. Casi nada.

jueves 11 de octubre de 2007

Lección de arte


El impresionismo es el aire
que difumina en tu cintura
una pincelada desnuda.
Es el movimiento del alma
cuando sueña en ti la luz, que arde
en cada color del lenguaje.

miércoles 10 de octubre de 2007

Búcaros con flores




Búcaros con flores. Tus labios
pronuncian mi nombre
en tonos naranjas, amarillos…
Estoy aquí, en el cansancio
de la vida que suspiras…
A tu lado, ya dormidos los niños,
invento para ti el cariño, y mimo
en el tacto las palabras que no oyes.

Búcaros con flores. Mis labios
besan contigo los colores…

Jaime Siles, uno de los más grandes poetas


Relectura de Estado nunca fijo. Antología (Ayuntamiento de Málaga, área de cultura)


Jaime Siles es un poeta que piensa antes los silencios que las palabras, que escribe el fundamento del hombre en la filología de sus pisadas. De su alma aflora la emoción de la elegía y el drama de la vida, pero también el gozo vital del lenguaje y de las olas. Danza con la música del ritmo que tienen los días. En sus poemas uno admira la perfección inspirada y el trabajo que va puliendo las ideas.

Es un grande porque es consciente de que la poesía es un entramado espiritual de emociones puras. Y es por eso que cada relectura de sus versos rezan cosas nuevas y rozan la alegría. Digo rezan porque en el otoño, o en el vuelo de las gaviotas, o en el juego de sus hijos Siles dialoga con la memoria de Dios, con su presencia. La luz siempre encuentra en sus poemas el horizonte preciso, en un resplandor que nos significa a todos. En esa luz está la percepción del ser, la claridad que desemboca en la tinta y su sed. Y las sombras que interiorizan el análisis de la duda.

Pero el centro de su obra es la resurrección del tiempo, y la búsqueda del espacio “más allá de los signos”, y la muerte que agoniza en esa mirada que trasciende el misterio del vivir. Quiere desnudar las horas de su despedida, quiere saber si el tiempo no será también un equívoco que “se queda / sobre el césped dormido”. En su obra poética la literatura se va difuminando en el rumor de las hojas, en esa brisa que nos acerca a la eternidad de una emoción que nunca acaba.

"Un poeta no sirve para nada / en concreto". Guillermo Urbizu.


Con el permiso debido copio aquí el soneto que Hilario Barrero ha escrito inspirándose en uno de mis versos.

“Un poeta no sirve para nada / en concreto”. Guillermo Urbizu.


¿Para salvar la esencia de la rosa
o echarle leña al fuego de la vida?
¿Para hurgar en la llaga y en la herida
o dejar el amor en cualquier cosa?

¿Para frenar la sombra avariciosa
que persigue a la luz desprevenida?
¿Para, tal vez, cerrarle la salida
a la muerte que avanza silenciosa?

Un poeta le cambia la postura
al agua, al sol, al pájaro y al viento
y los viste con túnica prestada.

Y aunque lo llena todo de hermosura
con el cristal sonoro de su acento
un poeta no sirve para nada.

martes 9 de octubre de 2007

Sin palabras


Para Jesús Bosqued,
investigador de la luz



Es difícil comenzar un poema.
Ocurre lo imprevisto, un impulso de luz
te llena y te lleva a buscar el silencio
de las palabras adecuadas.
Pero no encuentras el modo ni el ritmo.
¿Qué decir de ese fugaz resplandor
que has visto en un instante de pureza?
Todavía te acompaña en la mirada su brillo.
Quisieras para ti unas pocas palabras,
el inicio de una balada, de una música
que dijera algo de esa luz infinita.
Una luz que es el verdadero poema.

Al poeta Hilario Barrero, que de uno de mis versos hizo un soneto


Hilario, uno de mis versos
ha servido al fin para algo.
¡Pásmate, que dicho verso
forma parte de un soneto!

Aunque ya estás en el secreto.
¿No has escrito tu el soneto?
¿Ves?, mi verso no fue en vano
pues ahora es más perfecto.

Hay libros que dan miedo


Diario ruso, de Anna Politkóvskaya
Prólogo de Josep Ramoneda.
Traducción de Fernando Garí Puig
Editorial Debate. Barcelona, 2007. 395 págs.


En efecto, hay libros que dan miedo. Y en este caso todavía es peor, porque no se trata de ninguna ficción. Asistimos a una más que espeluznante narración de la realidad rusa desde finales de 2003 hasta mediados de 2005, escrita por una periodista que domina la tensión del reportaje y que no escatima la verdad. Una periodista que fue asesinada en la puerta de su casa hace un año. Sencillamente por eso: porque contaba la verdad de un régimen que se sostiene sobre la mentira, la burocracia sicaria y el terror. Un régimen que se aferra al poder desesperadamente (“las autoridades del Estado se aferran al poder al precio de nuestras vidas” escribe Politkóvskaya), sin importarle muchas más cosas que el confort de una nueva “nomenklatura”.

Después de la lectura de Gulag, de Anne Applebaum (Debate), no creí posible que se pudieran repetir en pleno siglo XXI los métodos estalinistas en un país con tantos millones de muertos a sus espaldas. Pero la incipiente democracia protagonizada por Gorbachov y Yeltsin fue un breve paréntesis de esperanza. La oposición al actual régimen va siendo dinamitada progresivamente. La coacción y la censura van haciendo su labor de zapa (sobre la censura y su “pasión por silenciar” no se pierdan Contra la censura, del Premio Nobel J.M. Coetzee, también en la editorial Debate), o la demagogia nacionalista, promoviendo una bien seleccionada clase de políticos títere. La Duma -el Congreso de los Diputados ruso- es ya una triste caricatura, donde exclusivamente se salvaguardan los intereses del que manda.

Y Occidente calla. Los intereses económicos son los que priman. Mientras tanto los derechos humanos se violan en nombre de la patria (“el Estado soy yo” dijo alguien) o de una supuesta y polivalente lucha antiterrorista, y el valor de la vida es según y cuándo, y… Es muy triste escribir estas cosas. Es muy triste leer este libro, pero también es muy ilustrativo de la degradación política que se puede alcanzar. Anna Politkóvskaya escribió algo más que un diario, escribió una página importante de la verdadera grandeza rusa. Aquella que resiste y reta a dictadores, oligarcas, déspotas o autócratas. Aquella que no se arruga ni se vende, y que además escribe una gran literatura. Desnuda y brillante. Valiente siempre, y emotiva. Estamos ante un dramático testimonio que hay que leer si queremos atisbar un poco de lo que ocurre en la Rusia de hoy en día. Porque algunos no quieren entender que el poder no es una coartada, que es un servicio.

PD. Con posterioridad llega a mis manos Rusia dinamitada. Tramas secretas y terrorismo de Estado en la Federación Rusa, escrito por Litvinenko y Felshtinski (Alba editorial), que todavía remacha más la angustiosa denuncia de Anna Politkóvskaya.


lunes 8 de octubre de 2007

Gracias amigo


¡Cómo cuesta remontar la vida! A veces no puedes más. Ni para un paso más tienes. Y no se te ocurre otra cosa que abrazar a tu amigo. Ese amigo que te escucha, que guarda dentro del pecho tu confidencia. No se te ocurre otra solución para enderezar el desaliento. Su silencio acaricia tus palabras en una mirada profunda. Y cuando te vas de su casa te emociona sentir la gracia de su amistad. Nadie podrá nada contra ti. Nunca. Esos pocos amigos que tienes -los de verdad, los que no se escabullen entre gazapos- cubren las espaldas de tu alma, y en ellos retomas la fuerza, y las ganas, y la esperanza. ¿Qué más puedo decir? Gracias.

Agorafobia


Un tremendo deseo de no salir
de ti mismo. Es el vértigo de la noche,
la impotencia de permanecer de pie
en medio de la calle. El cálido apoyo
de los árboles o de un banco
en donde te desplomas sin aire.
Un sudor muy frío y la mirada perdida
entre la agonía de los coches. Estás solo,
rodeado de un inmenso espacio vacío.
Respiras profundamente el temblor
del espanto que sientes en las piernas.
Tu casa es un pensamiento tan lejano
que ni siquiera te atreves a pensarlo.
Sin nadie. Solo. En medio de la nada.